Viajeras por el lejano oriente de Pilar Tejera

Viajeras por el lejano oriente de Pilar Tejera

Casiopea, enero 2020

Viajeras por el lejano oriente de Pilar Tejera, un libro dedicado a las trotamundos victorianas por el Lejano Oriente. Ahora que está tan en boga China y los países de la zona por el famoso virus, resulta curioso ver cómo se desenvolvieron por allí algunas viajeras, cuando apenas había infraestructuras.

A pesar de declaraciones como esta: «Una dama no debería jamás desplazarse sin acompañante a un lugar recóndito», de boca de un editor
inglés de guías de viajes del siglo XIX descubrimos cada día nuevas damas victorianas que se aventuraron por países remotos. Ediciones Casiopea, y en concreto, su directora, Pilar Tejera, apasionada de las trotamundos decimonónicas, ha contribuido en gran parte a su conocimiento por parte del público. En este nuevo libro, se recogen las andanzas de algunas de estas aventureras por zonas del Lejano Oriente como China, Japón o el Sudeste Asiático. En palabras de Pilar Tejera, autora también de otros libros dedicados a las trotamundos victorianas «Mientras se cuestionaba la capacidad de la mujer para desenvolverse sola, muchas de ellas lograron liberarse de las
limitaciones de su educación victoriana participando en el juego masculino de la exploración y también, en el conocimiento del imperio “extramuros”».

«Durante mucho tiempo el común estereotipo fue el de que todas ellas eran unas solteronas feas y excéntricas rebelándose contra las restricciones de género de la sociedad victoriana; Llevó un tiempo el reconocimiento de su figura, de “su belleza”, de los diversos contextos en los que viajaron y de la variedad de modos, itinerarios y actitudes que adoptaron». La autora ha recogido en Viajeras por el lejano oriente, un conjunto de viajeras de lo más dispar, pero a las que les unió su curiosidad. «Hoy sabemos que contaron sus vivencias de una manera diferente a la de los hombres. La mayoría hablaron a través de “las sensaciones”, y esto enriqueció enormemente la literatura viajera de la época restándole academicismo y pomposidad».

Todo esto ocurría en un período de cambios producidos a nivel mundial. Fue el primer siglo en el que tuvo lugar una interacción  eneralizada entre las culturas. Parte de ello fue resultado de las guerras, pero la colonización y la consolidación de las grandes potencias europeas también contribuyeron. Los europeos comenzaron a viajar por placer gracias al ferrocarril y a las grandes embarcaciones. Cuando la poderosa armada británica erradicó la piratería, cuando surgió el barco de vapor y se abrió el canal de Suez, se facilitaron los viajes al extranjero. Y en este escenario no pocas damas se aventuraron por países remotos como la China o Japón.

Beth Ellis en Burma, Annie Brassey navegando en su propio velero, Mary Crawford Fraser viajando como esposa de un diplomático a Pekín y Tokio, Alicia H. Neva, casada con un empresario establecido en China, la misionera Annie Taylor en las estribaciones del Tíbet, las trotamundos Isabela Bird, la pintora Marianne North, perdida por las junglas de Java y Sumatra, Ida Pfeiffer, desconcertando con su humor a los antropófagos de Borneo, Constance Cumming, pintando los volcanes activos en Japón, Marie Stopes, recogiendo fósiles en Japón, Anna Leonowens el rey de Siam (El rey y yo), Harriet McDougall, viviendo en Borneo durante veinte años, Emily Innes en las ciénagas de Malasia, Sophia Raffles en las selvas de Sumatra, Helen Caddick recorriendo China y Japón, o Eliza Scidmore, a quien se debe los cerezos japoneses a orillas del rio Potomac, en Washington DC, son algunas de las protagonistas de Viajeras por el lejano oriente, que pone de relieve que
aquellas mujeres merecieron su propio espacio en el siglo de las exploraciones.

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