NUESTRA OPINIÓN …
Hace ya unos cuantos años que quedé atrapada por Bevilacqua y Chamorro, aunque no fue hace las tres décadas que se cumplen de la vida de estos personajes. Fue algo después, pero es cierto que una vez que los conocí, espero cada nueva entrega con ansias. Ahora Lorenzo Silva les vuelve a dar vida en Las fuerzas contrarias, una novela que transcurre en unos días que a ninguno de nosotros nos gustaría haber vivido.
Esperanza Gil ha desaparecido en un pueblo de Badajoz y Arnau, bajo una identidad falsa, está infiltrado como un vecino más del pueblo a fin de entablar relación con el principal sospechoso, mientras Bevilacqua y Chamorro dirigen la operación desde la Central. No son momentos fáciles para llevar a cabo cualquier tipo de operación, ya que la población está en total confinamiento por la aparición de un virus que está sembrando el planeta de muerte.
Por si no tuvieran suficiente, desde Toledo reclaman al subteniente y la brigada para tratar de esclarecer en Illescas, la muerte de Caridad, una anciana que dado el momento de caos en el que está sumergida la población pudiera haberse pensado que es una víctima más del virus que asola al mundo si no hubiese sido por la llamada de una vecina que, desde que se inició el confinamiento, tenía costumbre de hablar con ella dos veces al día y que insiste en que se encontraba perfectamente la última vez que habló con ella. También aumentan las sospechas de que puede no haber sido una muerte natural saber que ya habido dos muertes más de ancianos que vivían solos en el mismo edificio, aunque en estos tiempos en que se tiene tanto miedo al virus se certificó su muerte por esta causa desde el portal de las viviendas, sin más pesquisas.
Bevilacqua y Chamorro tendrán que hacer frente a estas dos investigaciones con todos los problemas que se presentan por culpa de la pandemia mundial que tiene en vilo al planeta, con plantillas diezmadas por culpa del COVID, y con la dificultad añadida que resulta de una investigación sin echar mano de los métodos habituales, o intentar seguir a un sospechoso en unas calles completamente vacías, y además con rostros de la población parcialmente cubiertos por unas mascarillas que te hacen imaginar cómo es esa parte de la cara que no ves.
Pero en Las fuerzas contrarias no solo vamos a encontrarnos un nuevo caso policial, ya que a causa de la situación que se está viviendo a Bevilacquea y Chamorro también les asaltan sus demonios, encontrándonos a lo largo de la trama con una serie de reflexiones sobre sobre la incertidumbre y el miedo que se vivió durante la pandemia, la vida, la amistad, la soledad, el amor, la familia, nuestros mayores, el miedo a perderlos, o el paso del tiempo.
Lorenzo Silva dibuja a la perfección un escenario del que, aunque cercano, hemos querido distanciarnos, a la vez que nos hace vivir y sentir todo lo que ocurrió aquellos días y nos hace pensar sobre ello, y sobre las situaciones que se vivieron, cómo lo hicieron las diferentes generaciones, y cómo todos aquellos que entraban en el grupo de trabajadores esenciales tuvieron que enfrentarse a la pandemia y lidiar con lo que estaba pasando, saliendo a cumplir con su deber y con el miedo no sólo de contagiarse sino también de contagiar a los suyos.
En Las fuerzas contrarias nos encontramos una trama perfectamente tejida entre los casos que en ella se presentan y una época tan difícil en nuestras vidas y todo lo que esto supuso, bien narrada y desarrollada, con unos personajes bien definidos y unos protagonistas en continua evolución que el tiempo ha llevado a compenetrarse cada vez más y conseguir un binomio al que pocas cosas se le escapan, y que he encontrado más cerca el uno del otro, pese a la distancia de seguridad que implicaba la pandemia.
FICHA DEL LIBRO
FRAGMENTO






















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