NUESTRA OPINIÓN …

Hacía tiempo que sabíamos que María Oruña publicaba este año nueva novela y que iba a ser diferente, por eso esperábamos con muchas ganas El bosque de los cuatro vientos. Luego llegó este dichoso COVID 19, que puso todo, y lo sigue poniendo, patas arriba y tuvimos que esperar un poco más.

Por fin llegó el ansiado momento de tenerla en nuestras manos y dimos buena cuenta de ella, lo cual no supuso ningún esfuerzo porque María Oruña ha vuelto a ganarnos con su nueva novela.

Jon Bécquer es un profesor antropólogo que trabaja recuperando piezas antiguas que han desaparecido o han sido robadas. No hace mucho se encontró una leyenda sobre los anillos de unos obispos que le incitó a averiguar qué había de realidad sobre esos anillos de los que se decía que eran reliquias milagrosas. Para ello se desplaza a Santo Estevo para hacer indagaciones y a ver qué puede averiguar. Estando allí, aparece muerto un hombre vestido de monje que se dedicaba a hacer visitas teatralizadas con el que había quedado, ¿tendrán razón las primeras investigaciones y habrá fallecido de muerte natural? ¿Tendrá algo que ver con la investigación que está llevando? ¿Habrá sido un asesinato?

En El bosque de los cuatro vientos, María Oruña cambia totalmente de registro con respecto a la Saga de Puerto Escondido, aunque podemos seguir encontrando en la nueva novela su sello de identidad, esos detalles que hacen reconocible a un escritor y que tanto nos gustan a los lectores, o por lo menos a mí me gustan.

Son dos los planos temporales que componen la trama de esta novela, uno de ellos se desarrolla en el presente, y tiene como protagonista a Jon Bécquer quien en primera primera persona es el encargado de hacernos partícipes de la búsqueda y de la conexión que puede tener con la muerte del monje que el cree un asesinato; y el otro, que tiene lugar en la Galicia de 1830, y tiene como protagonista a Marina y en este será un narrador el que nos sumergirá en la parte histórica de la novela.

Está claro que son muchas las diferencias que podemos encontrar entre estos dos hilos que componen la historia. Queda claro que el tiempo en el que se desarrollan, el género, el narrador, o el estilo son distintos en ambas y hasta en la ambientación, que tiene bastante en común, podemos encontrar esas diferencias que le dan perspectiva a la historia.

Como casi siempre pasa cuando hay dos hilos temporales, es difícil el equilibrio entre ambas tramas y el lector tiende a sentirse más seducido por uno que por otro, y cuando se van alternando, como en este caso, siente continuamente necesidad de volver a aquel que tanto le gusta.

Eso es precisamente lo que me ha pasado a mí con la parte más histórica que transcurre en los últimos tiempos del reinado de Fernando VII. Un tiempo en el que se intuyen unos cambios con los que no todos están de acuerdo, ni quieren de igual manera, y que tiene como protagonista a Marina, un personaje que va a contracorriente de su tiempo, una joven que siente inquietudes y a la que como mujer le va a ser difícil alcanzar, adelantada a la época que le ha tocado vivir, apasionada y curiosa. Un hilo, que complementa perfectamente El bosque de los cuatro vientos pero que podría, por sí solo, ser la trama de una novela.

Para mi gusto Marina le gana la partida fácilmente a Jon Bécquer, un personaje que no cae bien al principio ni con el que es fácil conectar, aunque al final terminemos por entenderle. Un hombre que nos parece pesado, un tanto cansino y sabiondo,  pero que después de escuchar a María Oruña cómo quería que fuera y lo que buscaba cuando lo escribió, no queda más que felicitarla porque sin duda ha conseguido sus propósitos.

Y, por supuesto, si hay algo de lo que no podemos olvidarnos es de la ambientación de esta novela. María Oruña nos traslada de manera extraordinaria al Monasterio de Santo Estevo y todos los lugares que formaban parte del mismo, cuyo concepto era tan diferente al que se tiene en la actualidad de ese lugar. Un entorno espectacular al que sin duda nos van a dar unas ganas inmensas de viajar y, así, visitar esos lugares y poder gozar tanto de esa naturaleza que te envuelve, conocer su historia y hasta, si es posible, poder alojarnos alguna noche en el Parador y disfrutar de todo lo que nos ofrece.

En conclusión, María Oruña nos ofrece en El bosque de los cuatro vientos una novela en la que se mezclan géneros (historia, misterio, amor, aventuras, …) y nos transporta a épocas, lugares y paisajes que querremos conocer y visitar de primera mano, además de hacernos sentir curiosidad por esos detalles que aparecen en su novela, así como los hechos en los que fundamenta su novela y tienen base real, que nos llevarán a «googlear» en repetidas ocasiones.

FICHA DEL LIBRO

FRAGMENTO