Antonio Rodríguez-Moñino

Almuzara, enero 2022

Antonio Rodríguez-Moñino de Pablo Ortiz Romero es el título de la biografía que acaba de publicar la editorial Almuzara en la que se narra las luces y las sombras del mayor bibliógrafo español del siglo XX.

Escrito por Pablo Ortiz Romero, en este volumen no solo se indaga en la biografía de alguien tan relevante como Antonio Rodríguez-Moñino, un hombre fundamental en la cultura española del siglo XX, sino que también se dan claves nuevas para entender los mecanismos y formas de la represión franquista (consejo de guerra, depuración), sus relaciones con quienes trabajó en la República (Bergamín, Navarro Tomás, Timoteo Pérez Rubio, Wenceslao Roces, Rafael Alberti, María Teresa León, Teresa Andrés) o con aquellos que le ayudaron a anidar en el franquismo (Pemán, Camilo José Cela o Sainz Rodríguez).

El bibliófilo Antonio Rodríguez-Moñino vivió la Guerra Civil en la primera línea del salvamento del Tesoro bibliográfico como miembro de la Junta de Incautación y Protección del Tesoro Artístico. Dirigió la mayoría de las incautaciones de bibliotecas privadas y oficiales en el Madrid de 1936 y, muy cercano a la Alianza de Intelectuales Antifascistas, se implicó de manera apasionada en sus campañas y en las del Ministerio de Instrucción Pública en manos del PCE.

Amén de las experiencias del Rodríguez-Moñino activista, que son el eje de este libro, se estudian, igualmente, algunos escenarios de la Guerra Civil que han sido poco documentados en la historiografía contemporánea, como los relacionados con el libro y las bibliotecas, abordados marginalmente en las publicaciones sobre el salvamento del Tesoro.

Otros asuntos de gran interés, desplazados hacia los márgenes de la biografía de Moñino, son analizados en profundidad y reconsiderados en sus contextos: el saqueo y expolio del monetario del Museo Arqueológico Nacional, que protagonizó junto a Wenceslao Roces; la redada en la Biblioteca Nacional buscando quintacolumnistas, de la que fue testigo directo; el traslado de fondos bibliográficos de Madrid a Valencia a finales de 1936, que dirigió en parte; su activismo en la propaganda republicana, y la labor de recogida de bienes culturales que llevó a cabo en el frente extremeño como presidente de la Junta del Tesoro de Extremadura a principios de 1938.

Pero, personaje de múltiples aristas, son espesas las sombras sobres sus actuaciones, demasiado personales, y también sobre el relato que él mismo comenzó a construir cuando, al acabar la guerra, optó por buscar un sitio en la España de Franco. El joven republicano que, amparado en la Junta de Incautación, requisaba las mejores bibliotecas de Madrid y decidía qué hacer con ellas, se negó a sí mismo, señaló a casi todos los que colaboraron con él y rehízo su historia para presentarse como un héroe solitario y abnegado enfrentado a gobernantes, a milicianos y a unos enemigos, inventados o reales, que pretendían ajustarle las cuentas. El punto de partida de esta nueva vida de Rodríguez-Moñino, fue un peculiar consejo de guerra y un expediente de depuración lleno de anomalías. Los logros de su apasionada defensa del libro, que no fueron pocos, así como su compromiso político con la causa republicana, quedaron eclipsados por la reordenación de los hechos vividos, retocados para salir indemne del hachazo de la justicia de Franco.

La represión apenas le rozó impidiéndole ejercer como catedrático de Instituto y, aunque se ha creído que esto es la mejor evidencia de que se le persiguió con saña (hasta 1966 no se cerró su depuración), lo cierto es que en realidad fue un mecanismo para protegerle, pues había sido condenado a la expulsión de la carrera docente. Muchos clamaron contra él, un runrún sordo le persiguió durante toda su vida aventando los fantasmas de la Guerra Civil, pero tuvo apoyos sólidos en las alturas del régimen.

Se convirtió en un intelectual influyente, en una verdadera autoridad en el mundo de la bibliofilia y la bibliografía, en alguien de saberes enciclopédicos a quien era obligado escuchar y consultar. Cuando en 1960 fue vetado por el ministro de Educación Nacional para ingresar en la RAE, un Moñino afrentado devolvió el golpe en base a su prestigio entre los hispanistas y se marchó a enseñar a Estados Unidos, a Berkeley, desde donde logró recomponer su imagen.

Pablo Ortiz nació en Castuera (Badajoz) en 1960. Doctor en Historia, arqueólogo e historiador de la arqueología y el patrimonio. Ha dirigido excavaciones y participado en varios proyectos del Plan Nacional I+D+i del grupo de investigación PRETAGU de la UEx (El complejo arqueológico de La Mata, El tiempo del Tesoro de Aliseda). Entre sus libros, destacan Institucionalización y crisis de la arqueología en Extremadura (2007) o La quimera del libro. La Comisión de Monumentos de Badajoz y el patrimonio bibliográfico (2013).

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