Laura Castañón vuelve con Todos los naufrágios

Laura Castañón vuelve con Todos los naufrágios

El universo de la memoria, el orbayu del norte, una saga familiar de apellido Santaclara y la música de Laura Castañón. Vuelve la autora de La noche que no paró de llover con «Todos los naufragios».

Hay un lugar en el Norte en el que la memoria comparte el espacio de la neblina, el orbayu, el mar enfurecido y la calma dulce de las tardes. Laura Castañón convierte en universo literario esa atmósfera inequívocamente asturiana. A partir de unos personajes reconocibles e inolvidables, desarrolla sus vidas y arma una estructura novelesca que trasciende la anécdota del ámbito familiar, local, territorial y se transforma en universal. Evocando así, a través de sus tres novelas, la historia del siglo XX de nuestro país a través de Asturias.

Desde la primera novela, Dejar las cosas en sus días, con el escenario en la cuenca minera, en la que aborda el tema de la memoria histórica y la recuperación de los desaparecidos durante la Guerra Civil; pasando por La noche que no paró de llover, la novela del Gijón burgués de las primeras décadas del siglo XX desde la perspectiva de las primeras del siglo XXI; hasta la última, Todos los naufragios, situada en Nozaleda un ficticio pueblo de la costa, en el que nos sitúa en el mundo rural de la primera mitad del siglo XX, Laura Castañón construye un universo de personajes que iremos descubriendo a lo largo de las décadas. De forma que como lectores somos testigos a partir de sus vidas de la historia compartida de un tiempo, de un país. Historias que nos hablan de nosotros: de la pasión, de la culpa, del dolor y de la esperanza, de las traiciones y los secretos. Historias que se enlazan unas con otras, y en las que, por encima de todo, la memoria reclama su espacio. Porque es a través de la ficción que podemos rescatar del olvido las vidas condenadas a ser ceniza, a desaparecer en el silencio.

En Todos los naufragios se cuenta la historia de la familia Santaclara desde principios del siglo XX, y también la de los Forquetos, pero es sobre todo la historia de una amistad, transgresora y de límites confusos, la de Gregorio Santaclara y Onel, cuyas existencias, a pesar de las diferencias en su origen, y del modo en que han sido marcados ambos, en un caso por el peso de la familia y en el otro por la herida de una ausencia, mantendrán siempre un vínculo muchas veces inexplicable, de encuentros y desencuentros, de situaciones que pondrán a prueba la lealtad aprendida desde niños.

Los escenarios, paisaje y paisanaje, forman parte de la historia mucho más allá del marco donde esta sucede.  Tanto el Gijón de la primera mitad del siglo XX como Nozaleda, una aldea imaginaria situada en las afueras de la ciudad juegan un papel determinante en las vidas de los protagonistas: el marco histórico, los conflictos sociales y el movimiento anarquista, los personajes reales que se cruzan brevemente con los personajes de la ficción (Rosario Acuña, o Buenaventura Durruti), la leyenda que marca la existencia de Nozaleda, el complicado entramado de las relaciones de los habitantes de la aldea, la alteración que supone la llegada de la maestra Flora Mateo y las consecuencias que traerá consigo, la toma de conciencia, el  peso de la iglesia y las costumbres, los amores contrariados, los convencionalismos, las lealtades y las traiciones, los secretos, la Revolución del 34, la Guerra Civil y sus consecuencias…

Personajes que se enredan  —naufragando sin remedio— con el tiempo que les ha tocado vivir y nos sumergen sutilmente en la convulsa historia de la primera mitad del pasado siglo. Una novela sobre la forma en que la ausencia dicta destinos, sobre el poder de la amistad, de los temores y de las ataduras, y sobre la acechante sombra del pasado, que vestida de secreto, para bien o para mal, siempre acaba regresando.

Todos los naufragios es la historia de una amistad fronteriza, de amores prohibidos, de deseos silenciados. Nos acerca a las vidas de unos personajes condenados a naufragar, marcados por la herida invisible de la ausencia, prisioneros de sí mismos, de sus renuncias y de sus contradicciones,  incapaces de escapar al retorno de las sombras de un pasado, que siempre termina por imponer su voluntad de desastre.

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