NUESTRA OPINIÓN …

Hoy venimos con la reseña de una novela cuya temática que se sale bastante de nuestras lecturas habituales. Los que nos seguís normalmente sabéis que la novela romántica no es un género al que solamos recurrir pero en este caso yo tenía muchas ganas de leer algo de Elísabet Benavent y La magia de ser Sofia ha sido el elegido para comenzar.

Como sabéis Elísabet Benavent es una de las autoras que más seguidores tiene en España y vende miles de ejemplares de cada novela que saca así que decidí introducirme en el mundo de Beta Coqueta con su nueva bilogía. «La magia de ser Sofia» ha sido una lectura entretenida pero hablando con la gente que sigue a Elisabet de manera habitual quizá no ha sido la mejor para empezar a conocer su mundo.

Como os decía al principio esta es mi primera incursión en el mundo de Elísabet Benavent, la autora de la que mucha gente habla y de la que yo, por unas cosas u otras, aún no había leído nada.

En esta nueva bilogía Elísabet  nos va a contar la historia de Sofia y Héctor.

 Creo que el punto fuerte de las historias de Elísabet no son tanto las historias en sí como los personajes (de hecho, siempre he oído nombrar sus libros como «los de la Valeria», «los de Silvia» o «los de Martina») y en este caso no solo Sofia y Héctor, nuestros protagonistas son importantes, sino que también lo son en gran medida todos los secundarios, pero vayamos por partes.

Sofia está a punto de cumplir los 30 y está en ese punto crítico de «voy a cumplir 30 y aún no he hecho nada realmente reseñable». Además, Sofia no es el prototipo de personajes que solemos encontrarnos en estas novelas, Sofía tiene algún kilo de más pero en vez de estar obsesionada con ello ha llegado al punto de aceptarse y quererse tal y como es. Además, después de una relación fallida en la que sufrió mucho, ha dejado de buscar en amor y se concentra en su trabajo y sus amigos.

Además, Sofia trabaja en el Alejandría, una cafetería pequeña, acogedora y CON MAGIA. Y esto precisamente creo que es algo que la autora ha sabido transmitir con creces: el ambiente, la familiaridad y los aromas que transmite el Alejandría porque yo era capaz de oler esos cafés, de saborear esas tartas y de imaginarme la distribución del mobiliario, era capaz de sentir esa paz que transmite Elisabet cuando habla del Alejandría. 

Sin embargo, con Sofia he tenido un problema y es que no he llegado a empatizar con ella. Primero no he sido capaz de comprenderla porque a pesar de que nos contaba que estaba contenta con su aspecto y con su vida a mí no me transmitía esa sensación, me transmitía más la sensación de quiero creérmelo y hago un esfuerzo por hacerlo pero en realidad no es así. Tampoco ha ayudado que, si bien es verdad que las escenas de sexo no son abundantes, sí lo es la alusión al sexo (de una u otra manera) de manera constante en todo lo que dice y hace Sofia. Esto se me ha hecho pesado en muchas ocasiones ya que me daba a entender que al final todo lo relacionaba con lo mismo.
Por su parte Héctor tiene 34 años y lleva 18 años con su novia en una relación en la que él siempre se ha dejado llevar. Una relación en la que ha ganado la rutina y que le llevó a vivir a Ginebra siguiendo los pasos de Lucía, su novia, a falta de un plan mejor que perseguir. Sin embargo, Héctor se ahoga en Ginebra y, queriendo empezar de nuevo en Madrid un futuro común decide venirse él primero para ir buscando un trabajo. Sin embargo, todo cambiará, tanto para Sofia como para Héctor, desde el primer día que él cruce las puertas del Alejandría.
Aparte de estos dos personajes, vamos a conocer a Abel, Oliver, Mamen y Estela quienes forman parte del grupo de amigos de Sofia. Me ha gustado que la autora ahonde un poco en la vida de cada uno de ellos dándonos una visión más amplia de lo que cada uno puede aportar a Sofía y de cómo personas tan distintas han llegado a formar parte de un todo como la cena de cada viernes de «Cuéntame tus mierdas». Me ha encantado el relato de estas cenas y la idea en sí de ellas así como salir de vez en cuando de la historia de Héctor y Sofia y adentrarme en la del resto de sus compañeros, de hecho, he echado en falta saber un poco más de alguna de esas historias.

 

La magia de ser Sofia es una historia entretenida, sencilla, narrada a dos voces, la de Héctor y la de Sofia pero en la que predomina la parte de Sofia. En este punto tengo que decir que creo que la historia habría ganado si esta narración hubiera sido más equitativa, dándonos una visión más amplía de lo que piensan ambos personajes ya que los dos nos cuentan su parte en primera persona. En cuanto a la historia en sí no me ha sorprendido demasiado, creo que la trama no se sale de cualquier novela romántica, predecible en muchas ocasiones haciendo que incluso algunos trozos se me hicieran algo pesados. Eso sí, los puntos de humor, las referencias a sitios conocidos de Madrid (siendo yo de aquí y conociendo muchos de ellos) e incluso la referencia a canciones que te gustan hacen que te reconcilies con esa parte que te gusta menos sacándote una sonrisa en más de una ocasión. Y esa magia que prometía… quizá yo no la haya llegado a encontrar pero lo que sí he encontrado han sido sensaciones.
Finalmente decir que creo que detrás de una historia más o menos sencilla sí que se encuentran temas que se pueden leer entre líneas con las que todos en un momento u otro nos podemos sentir identificados y que se tratan aunque no se aborden directamente: la crisis de los 30, la toma de decisiones importantes que sabes que cambiarán el rumbo de tu vida, la maduración, el miedo a los cambios y los juicios que hacemos sobre la gente o sus actuaciones sin saber cuáles han sido sus verdaderas circunstancias.
En conclusión, Elisabet Benavent ha conseguido con La magia de ser Sofia una historia entretenida, sencilla y fácil de leer. Previsible en el desarrollo pero con un final totalmente inesperado que te dejará con la miel en los labios para la siguiente entrega: La magia de ser nosotros.
 
Una historia en la que, a mi juicio, lo importante no es la historia en sí sino los personajes y su evolución, una historia en la que para mí han primado las sensaciones.