NUESTRA OPINIÓN …
Hacer en nuestra página una entrada de novedades todos los meses es lo que tiene. Hay sinopsis, portadas, autores, que después no te puedes quitar de la cabeza y que al final, sí o sí, se meten entre tus lecturas de manera irremediable. Uno de los casos más recientes ha sido Daniel Ramírez con su novela Los días que no existieron.
Una de esas noches en que Julia no puede con esa mochila que carga a sus espaldas, en la que los miedos, el pánico y todas esas sensaciones que le provocan no poder controlar sus sentimientos, sale a la calle y se fija en la luz amarillenta de una librería. Lleva un rato mirando a través de sus cristales cuando el librero la invita a entrar. Lo que Julia no sabe es que ese librero, tan antipático en un primer momento, va a ponerle en las manos la historia de Gustav Hafner, un nazi refugiado en España tras la II Guerra Mundial, que puede dar lugar a un importante reportaje para su periódico.
Los días que no existieron tienen como protagonista a Julia, una joven periodista que trabaja en El Universal, periódico que compite directamente con El Adelanto, de signo político contrario, por ese número uno tan ansiado, manteniendo una lucha encarnizada por sacar trapos sucios de los miembros de sus directivas o del gobierno, así como por ese reportaje de impacto que les lleve al liderazgo. Y es a través de este personaje, y su situación laboral, donde vamos a encontrar una crítica hacia ese mundo del periodismo, tan en boga en estos tiempos, del que Daniel Ramírez es buen conocedor.
Y en esa búsqueda de un buen reportaje, Julia Mendieta, a través de su relación con el librero y los papeles que le proporciona, iniciará la persecución de un viejo nazi afincado en Madrid para conocer y escribir su historia. Una historia que al final tendrá mucho que ver con aquello que la hostiga desde que mataron a su abuelo, y que tiene su núcleo en la banalización del mal y en la violencia política, tanto en el caso de ETA, los asesinos de su abuelo, como en el de los nazis, ya sea mediante la imposición del apoyo activo, o el silencio y el mirar para otro lado.
Julia es un personaje, que tiene mucho que ver con el de Ramón, lleno de dolor e incomprensión, que refleja muy bien las vivencias de las víctimas, poniendo de manifiesto cómo los recuerdos de esas víctimas pueden estar distorsionados de la realidad, y cómo cuando esos recuerdos, años después, se analizan con los ojos de un adulto, se encuentran en ellos matices que habían pasado desapercibidos para quien los vivió aquellos momentos.
Me ha gustado mucho cómo Daniel Ramírez utiliza a los personajes para que los vayamos conociendo al tiempo que conocemos sus historias, todos ellos diferentes y con sus circunstancias, cómo van evolucionando, cómo cambia su moralidad con el paso del tiempo, los efectos que los hechos que llevan a cabo dejan en las personas con el paso del tiempo, y la manera en que a través de ellos nos hace plantearnos muchas cuestiones.
Los días que nos existieron es un thriller vertiginoso, entretenido, trepidante que va cogiendo ritmo según vas avanzando, que va a hacer reflexionar al lector sobre la banalización del mal, la violencia política, el periodismo y la memoria. Una novela en la que el narrador en ningún momento hace hincapié sobre la moralidad de los personajes, no los enjuicia, no se pronuncia sobre lo que hacen en ningún sentido, dejando que sea el lector quien tome posición y que durante gran parte de la novela se pregunte qué hubiera hecho él en esas circunstancias.






















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