La casa de las diosas caídas

Destino, junio 2026

El próximo fenómeno de romantasy sucede en el Medierráneo. Descubre La casa de las diosas caídas de Greta Thompson.

El gran auge de la literatura young adult llega a Destino con Las Lunares, una nueva serie original de romantasy creada por Ariadna Castellarnau y Facundo Piperno. La pareja de autores, que publica bajo la firma de Greta Thompson, se estrena en este género juvenil con La casa de las diosas caídas, el primer volumen de la serie.

Una novela que entrelaza leyendas y deseo, feminidad, poder y amor, en un relato de iniciación y renacimiento ambientado en una costa mediterránea donde los dioses de la antigua mitología aún respiran bajo el olor a sal, a sangre y a conserva…

Los autores trasladan al lector a mediados de los años 90, al decadente y maloliente pueblo de Aurora. En este pueblo de la costa mediterránea la familia Astruc, dueños de la conservera que da de comer a los habitantes del lugar, vive en un estado de prosperidad constante.

La prosperidad la obtienen de las Tías, también conocidas como Las Lunares, antiguas diosas inmortales que miles de años atrás fueron desterradas de sus reinos por los dioses Solares, señores del orden, la luz y la conquista. En ese momento de derrota, Valentín Astruc, herbolario y ocultista, abrió una fisura entre el mundo divino y el terrenal que permitió a las diosas cruzar al otro lado y ocultarse bajo identidades humanas.

Ishtar, Ereshkigal, Morrigan, Hécate, Aisthēsis y Anfitrite estaban debilitadas, olvidadas, expulsadas de sus propios panteones; las potencias Solares las habían arrasado y necesitaban adoración con una urgencia que rozaba la desesperación. Sin fieles, un dios se apaga. Valentín Astruc apareció justo cuando más falta les hacía que alguien creyera en ellas. Este no se limitó a ofrecer plegarias ocasionales ni un altar improvisado: ofreció su lealtad y la de todo su linaje. A cambio pidió algo: el Brillo, una chispa mínima de la energía cósmica que aún eran capaces de canalizar las diosas y que, en otros tiempos, solía entregarse a guerreros, profetas o santos.

Las Lunares viven con el miedo de que los Solares logren cruzar la Fisura del Velo para terminar con ellas. Sin embargo, aún cuentan con la protección del Stróphalos, llave de los dos mundos que ahora las ayuda a detectar la presencia de los Solares y contrarrestar su poder.

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