NUESTRA OPINIÓN

Los peces solo flotan muertos es un título que sin duda llamará nuestra atención y que en principio seguro nos choca pero al que, sin duda, vamos a encontrar significado en las páginas de la novela.

No queda mucho para las Olimpiadas de Munich y en el Club Náutico de Barcelona están anclados varios veleros que se están preparando para su participación en las mismas.

Son muchos los ojos que, con este motivo, están puestos en ese momento en allí, por lo que cuando aparece un cadáver en sus aguas, teniendo en cuenta los intereses que hay en juego y la identidad de algunos de los integrantes de las tripulaciones, es importante que se encuentre lo antes posible al culpable y se dé por cerrado el asunto.

Pero el encargado de la investigación, el inspector Molina, no está dispuesto a dar pasos en falso y, aunque todas las pistas conducen a culpar al marinero de guardia, que fue el joven que encontró el cuerpo, hay cosas que no termina de ver claras. Tampoco le gustan las prisas con las que sus superiores quieren zanjar el asunto.

Esto no es más que el esbozo de una trama policíaca en la que se mezcla ficción con algunos hechos reales que nos ayudan a situar temporalmente la historia, y en la que nos vamos a encontrar a un policía, procedente de las filas de la Armada, y una jueza, la segunda mujer en alcanzar este puesto en España, que llegan nuevos a sus puestos y se ven sometidos a unas presiones a las que no están dispuestos a ceder, como piezas claves para la resolución del crimen.

No van a ser éstos los únicos personajes que nos encontremos en Los peces solo flotan muertos, pero sí los que llevarán mayor peso de la novela. Cristóbal Molina es al personaje que conoceremos en más profundidad. Se trata de un policía que proviene de las filas de la Armada que tuvo que enfrentarse a una misión de la que no salió indemne y que, aunque se ha sometido a tratamiento, sigue pasándole factura tanto física como psíquicamente.

Marta Esteller es la jueza encargada del caso y que pese a haber logrado un alto puesto en la judicatura, sin que nadie le haya regalado nada, no obtiene el reconocimiento merecido y sus capacidades son continuamente puestas en cuestión. Además de que, por el solo hecho de ser mujer, imaginan débil e intentan manipularla desde el primer momento.

Uno de los puntos fuertes de Los peces solo flotan muertos es la ambientación, tanto porque fácilmente con unos cuantos datos nos situaremos en la época, de la sociedad de entonces que tan bien queda reflejada en la novela, como de una Barcelona llena de contrastes, luminosa y lujosa por un lado y con un barrio chino en el que se da cita lo peorcito de la ciudad y frecuentado por la policía al tratarse de un buen centro de información. Una ciudad que da cabida a la alta sociedad en su distinguido Club Náutico por el día y por la noche a la clandestinidad de un selecto club privado de encuentros.

José Luis Caballero utiliza un lenguaje sencillo, cuidado, directo y eficaz para, a través de capítulos cortos y con abundante diálogo, que dan mayor agilidad si cabe a la trama, narrarnos una historia que volará en nuestras manos.

No parece difícil que volvamos a encontrarnos otra vez con Molina y Esteller, avisados quedáis.

FICHA DEL LIBRO