NUESTRA OPINIÓN …
Hace unos años tuvimos la suerte de descubrir a Aro Sainz de la Maza, con su novela Dócil, de la serie Milo Marlat. Y, aunque podríamos decir que empezamos un poco la casa por la ventana, ya que había dos novelas anteriores de esta saga, no fue impedimento para que disfrutásemos muchísimo con su lectura y nos dejara el convencimiento de que nuestra relación lectora no iba a quedar ahí. La mujer de Judas es una novela que nada tiene que ver con esta serie y que, según hemos leído, se publicó hace 25 años pasando totalmente inadvertida. Con esto, no dudamos ni un momento nos tendríamos que adentrar.
Jabo Ciendones es un hombre aparentemente corriente y hasta se podría decir que agradable que, según vamos leyendo, intuimos esconde algo oscuro en su interior. Ahora, su gran amigo Julián, que es como su hermano, le ha prestado la casa en la que está viviendo junto a su pareja embarazada de siete meses para que se la cuide, y desde el desván se dedica, a través de la mira telescópica de un rifle, a espiar al vecindario de Torres Blancas, un lugar aparentemente idílico, tranquilo, una urbanización de lujo situada frente al mar.
Desde ese punto privilegiado que es la buhardilla de la casa, observa a ese vecindario, mientras juzga a quienes habitan en él a través de lo que ve y experimenta ese poder que le da observarlos desde la mira telescópica de un rifle, cuyo gatillo acaricia y tiene el poder para dispararlo si quiere en cualquier momento, mientras ellos ni siquiera se imaginan que están siendo observados.
Jabo es el protagonista indudable de esta novela. Un hombre bastante joven, lleno de claroscuros y de contrastes, con pocas habilidades sociales, que no encaja con nadie, que vive por inercia, con una autoestima muy baja y que bebe cada vez con más frecuencia, aunque niegue ser un alcohólico, porque le cuesta hacer frente a los traumas que ha ido acumulando y a todo aquello que está en su cabeza fruto de lo que siempre le han dicho y vivido en su familia. Un personaje que también tiene un lado tierno que nos deja ver a través de una rendija cuando para luchar contra su soledad y esa incomprensión que sufre, acude a las notas que ha ido escribiendo durante años y guarda en una caja en busca de consuelo.
Un hombre que defiende a capa y espada a su amigo, que aunque se quiera engañar sabe que lo está utilizando, porque en realidad ha sido el único que le ha dado autoestima, confianza y le ha mostrado apoyo.
En La mujer de Judas nos vamos a encontrar con una violencia psicológica expresada muy sutilmente, sin muertes violentas, víctimas y mucha sangre, una violencia que resulta todavía más inquietante y perturbadora que la que podemos encontrar en esas otras novelas.
También nos vamos a encontrar una mirada muy crítica al poder de la maternidad, en tanto en cuanto al papel beatifico que se otorga a las madres, en las que se supone que todo es bondad, cuando también ese poder puede ser tóxico y tener un papel agresor en la relación con su hijo, en vez del de defensora que se le presupone. Cómo la gestión de sus afectos en un momento de la vida de un hijo en que éste es vulnerable, puede dañarle, perjudicarle y convertirle en algo distinto a lo que podría ser, cómo su futuro puede estar condicionado por sus padres, y el papel que desarrollan en su educación. Por otro lado, me ha resultado muy interesante el pasaje en el que se encuentra con su padre.
La mujer de Judas es una novela corta, un thriller psicológico muy intenso e inquietante, en el que su protagonista habla directamente al lector, a través de una lectura rápida, un texto muy potente de frases cortas, con un estilo directo, diálogos muy ágiles, que sacude e incomoda a quien la lee.






















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