Entrevista a Elizabeth Lesser

Maeva, marzo 2022

Con motivo de la publicación por Maeva, del libro Que hable Casandra queremos ofreceros la entrevista a Elizabeth Lesser que nos ha facilitado Ediciones Maeva.

La autora revisa historias, mitos y relatos de todas las épocas, desde la Biblia hasta los clásicos modernos, para señalar que transmiten una imagen negativa de la mujer que marca nuestra cultura desde hace miles de años. Después cuenta esas historias desde otro punto de vista y empodera a las mujeres para que confíen en sus instintos, encuentren su voz y cambien el rumbo del mundo. 

Para dar título a su libro, la autora ha elegido precisamente el mito de Casandra, porque cree que en algún momento de su vida todas las mujeres se han sentido como ella. Casandra era una princesa de la ciudad de Troya. Para cortejarla, el dios Apolo le concedió el don de ver el futuro, pero ella lo rechazó y él la maldijo: «Continuarás viendo el futuro, Casandra —le dijo—, pero ahora nadie te escuchará, nadie se creerá tus predicciones». Así que nadie creía a Casandra, que al final terminó volviéndose loca por saber la verdad y que dudaran siempre de ella cuando la contaba.

¿De dónde surgió la inspiración para escribir Que hable Casandra y por qué era importante para ti escribir un libro como este?

A lo largo de la historia, la mayoría de los relatos sobre el origen de la humanidad, los relatos del viaje del héroe, las novelas y las películas han sido creados por hombres. Los valores y las prioridades conforme a los que vivimos, y lo que creemos sobre las mujeres y los hombres, el poder y la guerra, el sexo y el amor, están integrados en esas historias. Las historias no son intrínsecamente INCORRECTAS, solo son INCOMPLETAS y PARCIALES. Cuando era más joven, en la escuela y luego en la universidad, siempre me pregunté por qué teníamos que memorizar los nombres y las fechas de las batallas, las guerras, los soldados y los generales, como si eso fuera lo único que se consideraba historia. 

¿Y por qué solo leíamos los «grandes libros», en los que el héroe era siempre un hombre que tenía que abandonar su casa para demostrar su valía viviendo aventuras que desafiaban a la muerte y que normalmente implicaban la guerra o algún otro tipo de violencia? Nada de eso me resultaba familiar, ni siquiera interesante. Siempre quise saber qué hacían las mujeres en cada época de la historia. ¿Qué hay de las heroicidades del amor y las relaciones, de la creación de arte y belleza, de la cocina, de los partos y del cuidado de los niños, los ancianos, los animales y la tierra? ¿No era todo eso también historia? ¿No se necesitaba también valor y fuerza, inteligencia y voluntad? Pero no, en cualquier mención a las mujeres en los cuentos y mitos antiguos, se retrataban como débiles o malditas; creadas en segundo lugar y las primeras en pecar. En los cuentos de hadas, las mujeres son brujas feas y las niñas son bellezas durmientes o encerradas en torres. Son vírgenes o putas, damiselas indefensas o demasiado fuertes, demasiado duras, DEMASIADO. 

¿Por qué la historia de Casandra está en el centro del libro?

En el mito griego (por favor, recordad que los mitos eran historias inventadas), Casandra era una princesa troyana, la hija más hermosa del rey Príamo. Todos los hombres ―tanto los mortales como los dioses, incluso Zeus y su hijo Apolo― querían casarse con ella. Apolo la cortejó y le ofreció el don de ser una profetisa, alguien que puede ver el futuro. Ella aceptó el don, pero cuando rechazó sus avances sexuales, él la maldijo: «Continuarás viendo el futuro, Casandra —le dijo—, pero ahora nadie te escuchará, nadie se creerá tus predicciones».

Casandra advirtió sobre la guerra de Troya, predijo la muerte de sus hermanos y la ruina de su ciudad, pero la mandaron callar, la llamaron histérica, no le creyeron. Incluso cuando sus predicciones se hicieron realidad, incluso cuando sus advertencias resultaron ser reales, nadie la tomó en serio. Las mujeres siguen viéndose reflejadas en esta antigua historia: sabemos lo que nuestras familias necesitan, lo que nuestros lugares de trabajo necesitan, lo que el mundo necesita y, sin embargo, nuestras voces son a menudo denigradas e ignoradas. 

Mi libro trata de escribir nuevos finales valientes para el mito de Casandra, así como para tantos otros mitos, parábolas, cuentos de hadas, libros y películas que han silenciado la profunda comprensión de la vida de las mujeres, nuestras prioridades y nuestra voz. Escribí este libro porque creo que cuando las voces de las mujeres se consideren de igual valor que las de los hombres, la cultura cambiará y surgirá un tipo diferente de héroe, uno que valore el cuidado, defienda la compasión y eleve la comunicación por encima de la venganza y la violencia. Escribí el libro como un llamamiento a todas las personas, para que redefinan lo que significa ser valiente, audaz y fuerte.

¿Por qué crees que las mujeres se sienten tan incómodas al hablar y reclamar su poder?

Cuando nos preguntamos cómo es posible que las mujeres hayamos llegado hasta el siglo XXI todavía inseguras de nuestra voz, incómodas a la hora de reclamar nuestro poder, dudando de lo que nos importa, todavía esforzándonos por ser líderes, todo lo que tenemos que hacer es recordar que a las mujeres las dejaron de lado cuando se decidió qué tenía valor para explicar la Historia. Esto ha tenido un profundo efecto en cómo nos vemos a nosotras mismas tantos años después. Como dice la historiadora Sally Wagner, «la historia no es lo que ocurrió; es quién la cuenta». Imaginemos cómo sería ahora la vida para todas las personas ―mujeres y hombres, niños y niñas― si las mujeres hubieran explicado también la historia de la humanidad durante miles de años. Las culturas en todo el mundo están desequilibradas por el hecho de que solo se cuenta y valora un tipo de historia. Piénsalo: les decimos a nuestras niñas: «Puedes ser todo lo que un niño pueda ser». Pero ¿les decimos a nuestros niños «puedes ser cualquier cosa que una niña pueda ser?». Las mujeres se sienten realizadas cuando se incorporan a las filas de lo que la cultura considera roles masculinos: en el trabajo, en el atletismo, en el ejército. Pero los hombres rara vez sienten un orgullo similar si hacen «trabajos de mujeres»: cuidar a los niños, cocinar y limpiar, enseñar, cuidar o unirse a otras profesiones asistenciales. Hasta que no dejemos de llamar a algunas ocupaciones «trabajos de mujeres» y a otras «trabajos de hombres», no los valoraremos ni los remuneraremos por igual. Hasta que no enseñemos a los niños y a las niñas a valorar todos los roles de la vida de la misma forma, tanto las mujeres como los hombres sufrirán por estar limitados.  

En el libro, hablas de cómo las mujeres pueden ejercer el poder de manera diferente, con un auténtico poder femenino. ¿Cómo es ese poder?

Las mujeres han sido excluidas del poder durante la mayor parte de la historia y eso les da ventaja para intervenir ahora y cuestionar algunos supuestos básicos: que la dominación y la violencia son necesarias para mantener el orden; que los hombres están predeterminados divina o biológicamente para liderar; y que el guerrero debe ser venerado mientras que el que dispensa cuidado emocional basado en la comunicación es de segunda categoría. A medida que las mujeres asumen cada vez más funciones de liderazgo en el hogar, en el trabajo y en el mundo, es importante que hagamos algo más que asomarnos a la puerta. 

Una vez que entramos en las salas donde se genera, podemos ejercer el poder de forma diferente. Cuando las mujeres reclamamos el poder, debemos seguir haciéndonos estas preguntas: Poder, ¿para qué? Influencia, ¿por qué? Promoción, dinero, liderazgo, ¿con qué fin? ¿Para qué vamos a utilizar nuestro poder? Espero que utilicemos el poder para cambiar el modelo de dominación por otro más inclusivo y comunicativo. He creado este gráfico para describir que tanto las mujeres como los hombres pueden pasar de la vieja historia del poder a una nueva:

LA VIEJA HISTORIA DEL PODER EJERCER EL PODER DE OTRA MANERA
Modelo de jerarquía fuerte/débil Modelo de asociación 
Autoritario Interactivo 
Colabora de forma competitiva Colabora de forma conectiva 
Valora el individualismo, la fortaleza y la acción Valora la relación, la empatía y la comunicación 
Evita los elogios y los ánimos Dedica elogios y da ánimos 
Niega los propios errores y la vulnerabilidad Es transparente respecto a los errores y la vulnerabilidad 
Domina, interrumpe, anula Escucha, procesa, incluye 

Pero recordemos que nadie, ni mujer ni hombre, es inmune al encanto de la vieja historia del poder. Es la única historia que se ha contado sobre él, por lo que se necesita trabajo para reconocer los viejos rasgos del poder dentro de nosotros, y para hacer el duro trabajo de la transformación interior. El egocentrismo no tiene género, pero cuando las mujeres confían en sus instintos y valores, pueden acceder a formas de ejercer el poder de manera diferente.

¿Cómo podemos transformar los relatos sobre las mujeres que hemos escuchado a lo largo de la Historia? ¿Qué debemos hacer? 

Hay toda una parte del libro que ofrece formas de transformarnos a nosotras mismas, a nuestras familias y nuestros lugares de trabajo. Ofrezco meditaciones, ejercicios, formas de replantear el lenguaje. El ejercicio más popular que describo en el libro se llama «No hagas daño y no aguantes gilipolleces», un ejercicio para ayudar a las mujeres a desarrollar una columna vertebral fuerte, límites firmes, pero al mismo tiempo para mantener el corazón abierto y los músculos de la empatía en forma. Puedes hacerla sola, en grupo, en el trabajo… en cualquier lugar. Irradia poder y es relajante al mismo tiempo.

¿Cómo ve el papel de la mujer en la sociedad actual?

Como cada mujer imagina su papel. Algunas mujeres sienten que su vocación es quedarse en casa, cuidar de los niños de forma creativa, así como del hogar y de su pareja. Eso es hermoso, válido y valiente. Algunas mujeres quieren compatibilizar tener una familia con la vida laboral, encontrar la manera de hacer ambas cosas bien, ocupar puestos de liderazgo, crear arte, descubrir cosas nuevas y cobrar lo que merecen. Eso es hermoso, válido y valiente también. Algunas mujeres no quieren tener hijos; quieren centrarse plenamente en el trabajo, el liderazgo, la aventura, el arte, el descubrimiento, las relaciones y las amistades. Eso es hermoso, válido y valiente. Y en diferentes momentos de la vida los objetivos pueden cambiar. Veo el papel de las mujeres como veo el papel de los hombres: todos queremos estar sanos, ser creativos, valorados, amados, respetados y ser capaces de contribuir a un mundo mejor.

En el libro hay una sección en la que te centras en el poder y en lo incómodas que se sienten las mujeres cuando se sienten poderosas. ¿Recuerdas el primer momento en que aceptaste conscientemente tu poder? 

Sigo trabajando en ello. Sigo aprendiendo, creciendo y asumiendo mi poder de forma cada vez más sana y eficaz. Tenía treinta años cuando por fin empecé a creer en mis propios valores, en mis juicios y en mi voz. Me arriesgué y dije lo que pensaba. Tuve que dejar de preocuparme por si le gustaba a la gente. Cuando era joven, creía que mi trabajo consistía en ser simpática y agradable en todo momento. Temía que si expresaba mis opiniones con demasiada frecuencia o defendía lo que consideraba correcto, podría no gustarle a la gente. Podía oír las antiguas advertencias que me susurraban al oído: «¡Mira lo que le pasó a Eva! Recuerda a Casandra. No seas como ellas. Quédate callada, sé amable». 

Cuando finalmente comprendí que el liderazgo a menudo incluía decir verdades duras que no gustarían a todo el mundo, empecé a encontrar la fuerza para decir mis verdades y mantenerme firme en ellas. 

En casa, cuando por fin comprendí que el trabajo de madre, la limpieza de la casa, la cocina, el cuidado de los padres ancianos y la participación en la comunidad eran tan importantes como una carrera y ganar dinero, encontré el valor para pedir ayuda a mi pareja cuando la necesitaba. También para cambiar algunas políticas en el lugar de trabajo que permitían a los padres salir antes del trabajo o cuando sus hijos estaban enfermos, y para defender las necesidades de las madres (y los padres), y de los cuidadores en general, en todas partes.

Esperamos que hayáis disfrutado de esta entrevista a Elizabeth Lesser y os animéis a leer Que hable Casandra.

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