Zoe Comunicación, noviembre 2025
Yo tenía una casa frente al mar, de Pere López Prats, una reflexión sobre la conciencia. Una novela que relata unos hechos que pueden llegar a ocurrir en cualquier ser humano cuando perdemos nuestro centro.
Casi 40 años después de su despido en el antiguo Banco de Bilbao por haber destapado una deuda contraída con la entidad del entonces director general del juego de la Generalitat, Pere López Prats publica esta narración de unos hechos en forma novelada.
A finales de la década de los ochenta del pasado siglo, Rafael Hermoso, un joven estudiante de Derecho, entra a trabajar en los Servicios Jurídicos de la banca Ángelus. Traba amistad con el jefe del departamento, Borja Roncali, arribista y ambicioso. En una diligencia de embargo en Nou Barris, también entra en contacto con los hermanos Quesada. No tardarán en aparecer las diferencias irreconciliables entre el mundo de Borja Roncali y el de los hermanos Quesada.
Esta novela, con muchos guiños cinematográficos y alusiones al arte, es el retrato de una época, la Barcelona de finales de los 80’. El retrato de un conflicto entre dos maneras posiblemente irreconciliables de entender la vida: la Barcelona de la corrupción política de la hipocresía y la falsa moral, representada por un personaje simbólico que encarna los valores del yuppismo de los años ochenta; en contrapartida con los hombres honrados y trabajadores que el autor recuerda con gran estima.
Tres clases sociales diferentes representadas por tres personajes: Borja Roncali de la clase alta de Barcelona; Rafael Hermoso protagonista de nuestro relato que encarna la mediana burguesía de aquellos años y la clase obrera de los hermanos Quesada en Nou Barris.
Borja Roncali y Rafael Hermoso, estropean su amistad y sus vidas porque los dos se apartan de lo mejor de sí mismos. Uno por un exceso de ambición, el otro por un exceso de ideología.
Solo un proceso de auto observación hace posible que Rafael Hermoso se enfrente a sí mismo y a su responsabilidad.
Al final de la novela un nuevo y destacado personaje, Bernard, que trabaja la autobservación y a autocontemplación, ayudará al protagonista a percibir y mostrarle el camino para resurgir de su conflicto interno.
Pero no todo lo oscuro es maldad. No todo lo roto está perdido. A veces, lo que más tememos es justo lo que más necesita ser abrazado. Y es ahí, en el vértice del miedo, en la profundidad del abismo, donde empieza el verdadero viaje: el de conocernos, comprendernos, sanarnos y transformarnos.






















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