Cuando vi que LIBROS QUE VOY LEYENDO organizaba el sorteo de un ejemplar de Los vigilantes del faro, no lo dudé un momento.
Me gusta la saga protagonizada por Patrick y Erica, escrita por Camilla Läckberg, y era una buena oportunidad, si me tocaba, para hacerme con un ejemplar. Además había que leerlo y reseñarlo en el mes de junio (estoy dentro de plazo aunque haya apurado hasta los últimos días), así que no le pasaría lo mismo que a la anterior entrega de la serie que llevaba mucho tiempo en la estantería y si no llega a ser por la “obligación” de reseñar el que es objeto de esta reseña, posiblemente siguiera esperando turno. Así que hemos “matado varios pájaros de un tiro”.

MIS IMPRESIONES

Aunque no voy a desvelar nada por aquellos que no lo hubieran leído, el libro anterior nos había dejado con el alma en vilo sobre lo que podría pasarles a los protagonistas de la serie, así que retomar este libro ha sido como tener la necesidad de saber, de desvelar el misterio. Y es que, como sucede en todas las novelas de esta saga, el caso investigado que aquí se cuenta queda cerrado y bien cerrado, por lo menos el principal, ya que una de las líneas de investigación queda un poco en el aire, pero a lo largo de la serie hemos ido conociendo detalles de la vida de los personajes que hacen de hilo conductor de la misma, que de no haber leído todas las entregas puede que nos queden del todo claros, máxime cuando no suele dar demasiadas explicaciones de lo que les ha sucedido anteriormente.
Si en mi reseña de La sombra de la sirena había mencionado que me había parecido (aunque podría haber sido una apreciación personal) que la presencia de lo relativo a la vida de los protagonistas de la serie había sido menor, habiendo tenido mucho más protagonismo y mucha más fuerza la trama de la novela, en esta novela hemos vuelto a la proporción habitual en otras novelas de la serie y ambas partes de la historia han estado más equiparadas.

 

Camilla Läckberg siempre nos ha lanzado un anzuelo, por decirlo de alguna manera, en las últimas páginas de cada novela, como para que sintiéramos la necesidad de esperar con ansia la siguiente entrega. En este caso, en cierto modo podría decirse que no ha sido así, o por lo menos no lo ha sido de una forma tan clara, ya que en apariencia, el único cabo suelto que queda en la novela parece que más tiene que ver con la historia criminal que en ella se nos cuenta que con los protagonistas de la serie. Y es que en esta novela el caso, como siempre, ha quedado cerrado, pero no en todas las líneas de investigación que se habían abierto.
En este caso la autora vuelve a echar mano de las dos líneas argumentales; la de la actualidad y la del pasado; aunque, como siempre, en este último caso en mucha menor medida, pero aquí también podemos encontrar una diferencia con sus obras anteriores y es que el caso criminal que se está investigando, aunque tiene relación con el pasado, no es consecuencia de aquél, o por lo menos yo no lo entiendo así.
Como es habitual en las entregas de esta serie, estás dos líneas argumentales están bien diferenciadas en la novela, sobre todo porque la que se refiere al pasado además de ocupar mucho menos espacio, como ya he dicho, y aparecer en letra cursiva, viene encabezada por el lugar y el año en que transcurre.
A mi parecer, y tal y como se desprende de la trama, en esta ocasión la autora ha querido dar protagonismo al tema de los malos tratos, físicos y psíquicos que ha puesto de manifiesto en ambas tramas, mostrando que pese a que este tipo de hechos sucedían y suceden con muchos años de diferencia al final poco hemos mejorado a la hora de solucionarlo.
También nos vamos a encontrar con otro elemento algo novedoso y es la inclusión en la novela de algún antiguo personaje que tuvo su espacio en “Crimen en directo y que vuelve a la escena y no de una manera meramente puntual, como sucedió en la anterior novela con Ernst (otro de los miembros de la comisaría que aparecía en las primeras entregas), sino tendrá su recorrido, aunque no sea de los que más páginas ocupe.
En cuanto al estilo de la novela es al que nos tiene acostumbrados la autora, sencillo, de fácil lectura, va jugando con la trama tejiendo varias ramas que logra encajar como las piezas de un puzzle, sin mucho problema, enganchándonos cada vez más en su lectura, conseguirá que pasemos las páginas casi sin darnos cuenta, y aunque algunos la etiqueten de novela negra sueca, lo cierto es que sería más acertado denominarlas novelas policíacas, de intriga o de misterio, con historias personales y familiares incluidas.
Lo cierto es que Camilla Läckberg cambia poco la fórmula que utiliza en todas sus novelas, pero posiblemente piense que para qué cambiarla si tan bien funciona.