Ático de los libros, abril 2026
Los hombres de Hiroshima, de Iain MacGregor, la carrera por contruir la bomba atómica y la fatídica decisión de usarla.
La obra definitiva sobre la carrera tecnológica y política que culminó con la creación y el uso de las primeras armas atómicas durante la Segunda Guerra Mundial, con testimonios inéditos de los protagonistas de los bombardeos de Hiroshima, tanto víctimas como atacantes.
A las 8.15 de la mañana del 6 de agosto de 1945, un único avión sobrevoló Hiroshima. Segundos después, un destello blanco, más brillante que el sol, convirtió la ciudad en un infierno. En ese instante comenzó una nueva era, y el mundo cambió para siempre. En Los hombres de Hiroshima, recorreremos el camino que condujo hasta ese momento decisivo. Durante años, en laboratorios secretos y despachos del más alto nivel, se desarrolló una carrera científica y militar sin precedentes. Bajo la dirección de Leslie Groves y Robert Oppenheimer, el Proyecto Manhattan dio forma a un arma capaz de cambiar el curso de la guerra… y de la historia. Mientras tanto, en los cielos del Pacífico, los hombres del coronel Paul Tibbets se preparaban para ejecutar una misión de la que dependía el desenlace del conflicto.
A través de las vidas de quienes tomaron las decisiones, de quienes las ejecutaron y de quienes las padecieron, Iain MacGregor nos sumerge en una historia coral donde la ambición, la guerra y sus consecuencias humanas se entrelazan en un momento crucial de la historia. De los ensayos nucleares en el desierto de Nuevo México a los bombardeos sobre Japón, de la Casa Blanca a la guerra total en el Pacífico, este es el relato de una decisión que transformó para siempre el destino de la humanidad.
Este ensayo destaca por sus aportaciones innovadoras como la importancia crítica de la colaboración tecnológica británica en el éxito nuclear de Estados Unidos, el papel del bombardero B-29 como un esfuerzo industrial masivo más caro que la bomba atómica y el conflicto ético entre mandos militares sobre el ataque a civiles. El gobierno de Estados Unidos mintió y censuró deliberadamente la información sobre la enfermedad por radiación (denominada despectivamente «peste radiactiva») para presentar el ataque como una aniquilación eficiente y poco cruel. A través de su reportaje en The New Yorker, John Hersey humanizó a las víctimas ante el público y reveló la magnitud del desastre nuclear.






















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