Ático de los libros, septiembre 2026
Atenas y Esparta, de Adrian Goldsworthy, la extraordinaria historia de las dos ciudades cuya alianza llevó a la civilización griega a su apogeo y cuyo enfrentamiento la condujo al borde del abismo.
Nos encontramos ante una obra imprescindible que examina el ascenso y la alianza de Atenas y Esparta frente al Imperio persa, así como el conflicto entre sus regímenes políticos opuestos y la guerra del Peloponeso, que formularon modelos de gobierno cuyos ecos aún resuenan en la política occidental. Esta es una historia clásica de auge y caída, en la que veremos a Esparta retener un poder enorme a base de prestigio militar y sobriedad de comportamiento, mientras que Atenas subía como un fénix fulgurante, sobre las alas de su osadía y su riqueza, para luego estrellarse en un exceso de confianza y volatilidad.
Goldsworthy nos lleva desde los albores del mundo griego, entre Homero y las oscuras aldeítas que empezaron a comerciar con excedentes, hasta el auge de Atenas y Esparta como fuerzas motrices e incluso imperiales en el Mediterráneo oriental. La unión de ambas poleis permitió derrotar al Imperio persa en las Guerras Médicas, para posteriormente enfrentarse en la guerra del Peloponeso, que desgastó a ambas ciudades y minó la hegemonía griega hasta el posterior dominio macedonio de Filipo II y Alejandro Magno.
El texto recorre la transformación del mundo griego desde el colapso micénico y la aparición de las primeras ciudades, el papel de legisladores como Draco y Solón, la tiranía de Pisístrato, las reformas democráticas de Clístenes, el apogeo del imperio marítimo ateniense con Pericles y la devastadora peste de Atenas. Descubriremos cómo eran sus sociedades, cómo educaban a sus hijos, y cómo la política formaba parte de la vida diaria del ciudadano, no solo con el voto, sino también empuñando las armas en su defensa: el sudor, la sangre y el polvo de la guerra terrestre, y las astillas de madera y el salitre de la guerra naval.
Goldsworthy advierte de que a algunos lectores la obra les resultará «incómodamente actual»: guerras que se declaran con facilidad y no se saben terminar, aliados que cambian de bando según el interés del momento y ciudadanos persuadidos de que quienes votan distinto no deberían tener derecho a votar. El autor nos sumerge también en el mundo de los «nadies» que sostenían el sistema, los ilotas, los tetes, los esclavos, los extranjeros, la gente sin voto y sin propiedades, que participaban y morían en las batallas aunque nadie registrara su valor.
Tras sellar un pacto histórico para derrotar al colosal Imperio persa y elevar el mundo griego a su época dorada, las dos ciudades desataron la guerra del Peloponeso hasta aniquilar su propia supremacía y legaron al futuro dos visiones de Estado que han marcado la trayectoria del pensamiento político de Occidente.






















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