Bibiana Ripol, agosto 2026
Con motivo de la publicación por Urano, del libro Mi aguafiestas y yo queremos ofreceros la entrevista a Sonia Rico.
En Mi aguafiestas y yo aparecen temas como la autoexigencia, el síndrome de la impostora o el miedo al fracaso. ¿Cuál dirías que es el gran enemigo de nuestro bienestar emocional?
Yo diría que el gran enemigo de nuestro bienestar emocional es la inconsciencia o dicho de otra forma, vivir en piloto automático. Muchas veces creemos que decidimos libremente, pero en realidad son nuestros miedos, nuestras heridas y nuestras creencias quienes están tomando las decisiones. Carl Jung
decía que aquello que no hacemos consciente dirige nuestra vida y lo llamamos destino. Y creo que tenía razón. Cuando vivimos desde la inconsciencia repetimos patrones, reaccionamos siempre de la misma manera y acabamos construyendo una vida que no necesariamente refleja quiénes somos, sino aquello que aprendimos a ser para sentirnos queridos, aceptados o seguros.
Entonces aparecen la autoexigencia, el síndrome de la impostora, la necesidad de agradar a todo el mundo, el miedo al fracaso o la sensación de no ser suficiente. No porque haya algo malo en nosotros, sino porque seguimos obedeciendo viejos programas que nunca nos hemos detenido a cuestionar.
Por eso el autoconocimiento no es un lujo ni una moda. Es una forma de recuperar la libertad de elegir cómo queremos vivir, en lugar de seguir reaccionando.
El libro parte de una idea muy reconocible: muchas veces confundimos el miedo con el cansancio. ¿Cómo podemos aprender a diferenciarlos?
El miedo suele ponerse disfraces de lo más creíbles. Se viste de cansancio, de falta de tiempo, de prudencia o de sentido común. Por eso muchas veces creemos que no hacemos algo porque estamos agotados o porque no es el momento adecuado, cuando en realidad lo que nos paraliza es temor a equivocarnos, a exponernos o a descubrir que no somos tan capaces como nos gustaría.
Hay una pregunta que me parece muy reveladora: ¿esto que me frena aparece solo con las cosas que realmente me importan? Porque curiosamente casi nunca nos falta energía para aquello que no nos desafía. Lo que solemos posponer no es lo irrelevante, sino aquello que nos mueve, nos ilusiona o nos obliga a salir de nuestra zona conocida.
La buena noticia es que no necesitamos dejar de sentir miedo para avanzar. De hecho, las cosas importantes casi siempre vienen acompañadas de una cierta dosis de miedo. Lo que necesitamos es aprender a escucharlo sin entregarle el mando.
La terapia aparece como un punto de inflexión en el proceso de la protagonista. ¿Qué papel ha tenido el autoconocimiento en tu propia trayectoria?
Creo que el autoconocimiento debería ser una asignatura obligatoria en la vida de toda persona. Pasamos años aprendiendo matemáticas, historia o idiomas, pero muy poco tiempo aprendiendo cómo funcionamos por dentro. Y, sin embargo, gran parte de nuestro bienestar depende precisamente de eso.
Cuando era más joven pensaba que crecer consistía en corregir defectos, en convertirme en una mejor versión de mí misma. Con el tiempo entendí que crecer también tiene mucho que ver con comprenderse, aceptarse y dejar de pelearse con partes de una misma.
Gracias al autoconocimiento he podido reconocer patrones que repetía sin darme cuenta. He entendido por qué a veces buscaba la aprobación de los demás, por qué me costaba poner límites en algunas situaciones o por qué ciertas críticas me afectaban más de lo que deberían. Y descubrirlo no me hizo perfecta, pero sí más libre.
Porque cuando te conoces mejor, dejas de vivir reaccionando y empiezas a vivir eligiendo. Y ahí es donde aparece una libertad que ninguna circunstancia externa puede darte.
En la historia vemos cómo la Aguafiestas también afecta a las relaciones personales y sentimentales. ¿Cómo influye nuestra voz crítica en la forma en que nos vinculamos con los demás?
Muchísimo. Más de lo que imaginamos.
La relación que tenemos con nosotros mismos suele convertirse en el molde desde el que nos relacionamos con los demás. Si en nuestro interior hay una voz que nos repite que no somos suficientes, que tenemos que esforzarnos para ser queridos o que tarde o temprano nos van a abandonar, es fácil que eso termine reflejándose también en nuestras relaciones.
A veces la Aguafiestas nos hace creer que tenemos que ganarnos el amor. Que debemos agradar, adaptarnos o demostrar constantemente nuestro valor para que nos quieran. Y otras veces hace justo lo contrario: nos vuelve desconfiados, nos pone a la defensiva o nos convence de que es mejor no implicarse demasiado para no sufrir.
Por eso el autoconocimiento también mejora nuestras relaciones. Cuando dejamos de buscar fuera la validación que nos falta dentro, empezamos a relacionarnos desde un lugar mucho más libre, más auténtico y sereno. No podemos construir relaciones equilibradas si estamos en permanente guerra con nosotros mismos.
¿Dirías que la Aguafiestas desaparece alguna vez o aprendemos a convivir con ella?
No creo que la Aguafiestas desaparezca del todo porque, en realidad, la Aguafiestas somos nosotros. Todos tenemos una parte que siente miedo, que duda, que intenta evitar el dolor y protegernos de aquello que percibe como una amenaza. El problema no es que exista esa voz. El problema es cuando creemos que somos únicamente esa voz y dejamos que tome todas las decisiones.
Cuando era más joven pensaba que la solución consistía en silenciar mis miedos. Con el tiempo entendí que no se trata de expulsarlos, sino de escucharlos sin entregarles el mando. Porque cuanto más luchamos contra ciertas partes de nosotros mismos, más fuerza parecen cobrar.
Por eso creo que la verdadera libertad no consiste en que Aguafiestas desaparezca. Consiste en que deje de conducir nuestra vida.
La protagonista descubre que muchas de sus decisiones están condicionadas por creencias que lleva años arrastrando. ¿De dónde nacen esas creencias limitantes?
Todos llegamos al mundo sin pensar que no somos suficientes, que no merecemos amor o que vamos a fracasar. Esas ideas las aprendemos. Y las aprendemos intentando dar sentido a lo que vivimos.
Muchas empiezan a formarse en la infancia. Un niño al que comparan constantemente puede llegar a creer que nunca está a la altura. Una niña que recibe amor solo cuando se porta bien puede concluir que tiene que agradar para ser querida. Otras nacen más adelante, a raíz de experiencias que nos impactan profundamente: un rechazo, una traición, una humillación, una ruptura o cualquier acontecimiento doloroso.
Pero lo importante no es tanto lo que ocurre como el significado que le damos. Dos personas pueden vivir la misma experiencia y construir creencias completamente distintas. Porque las creencias no son los hechos; son la interpretación que hacemos de esos hechos.
Me gusta pensar en la analogía de que las creencias son unas gafas que llevamos puestas desde hace tanto tiempo que hemos olvidado que las llevamos. Creemos que vemos el mundo tal como es, cuando en realidad lo estamos viendo a través de ellas. El día que nos damos cuenta de eso ocurre algo extraordinario: comprendemos que quizá no necesitamos cambiar el mundo. Quizá necesitamos empezar a mirar con nuestros propios ojos.
¿Qué te gustaría que sintiera una persona que se reconoce en estas páginas?
Me gustaría que sintiera alivio.
Ese alivio que aparece cuando descubres que no eres la única persona que piensa así, que duda o que se habla de esa manera. Porque muchas personas conviven con su Aguafiestas en silencio, creyendo que son las únicas que se sienten inseguras, que procrastinan, que se exigen demasiado o que nunca terminan de sentirse suficientes.
También me gustaría que sintiera comprensión. Que dejara de verse como alguien roto o defectuoso. La Aguafiestas no aparece para fastidiarnos la vida. Aparece porque, en algún momento, aprendió que esa era la mejor forma de protegernos del dolor, del rechazo o del fracaso.
Si este libro consigue que alguien deje de estar en guerra consigo mismo y empiece a tratarse con un poco más de cariño, sentiré que ha cumplido su propósito.
A menudo buscamos grandes cambios, pero en el libro se pone importancia en el valor de los pequeños pasos. ¿Por qué son tan importantes?
Porque las grandes transformaciones casi siempre empiezan con decisiones pequeñas.
A veces pensamos que para cambiar nuestra vida necesitamos un acto de valentía extraordinario, un momento de inspiración o una confianza absoluta en nosotros mismos.
Pero la realidad suele ser mucho más sencilla. La mayoría de los cambios importantes empiezan con un pequeño paso, aunque sea con las piernas temblando.
Además, los pequeños pasos tienen algo maravilloso: la Aguafiestas no sabe muy bien qué hacer con ellos. Cuando nos proponemos cambiar toda nuestra vida de golpe, encuentra mil argumentos para frenarnos. Pero cuando solo damos el siguiente paso, sus objeciones pierden fuerza.
Por eso en el libro doy tanta importancia a los pequeños pasos. Porque no son pequeños. Son la forma en que se construyen las cosas importantes. Un libro se escribe página a página. Una relación se construye conversación a conversación. Y una vida más libre se crea decisión a decisión.
No necesitamos dar un salto gigantesco. Necesitamos atrevernos a dar el siguiente paso.
Esperamos que hayáis disfrutado de esta entrevista a Sonia Rico y os animéis a leer Mi aguafiestas y yo





















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