NUESTRA OPINIÓN …

No sé si recordaréis el gran fenómeno que se formó con este libro en el 2011, año en el que el autor, Eloy Moreno, puso todo su empeño en dar a conocer y vender su libro: El bolígrafo de gel verde. Gracias a este empeño, todos los medio se hicieron eco de su historia, se hizo famoso y al final su libro fue todo un éxito. Así que, aprovechando que en septiembre se publicará su segunda novela llamada «Lo que encontré bajo el sofá«, os dejamos la reseña de su primera obra.

Es un libro de lectura fácil, narrado en primera persona, y con una característica curiosa, y es que después de haber leído sus 314 páginas conoceremos el nombre de su esposa (Rebe), el de su hijo (Carlitos), el de su jefe (Rafa), el de sus compañeros de trabajo, el de la señora de la limpieza de la oficina, etc. pero no sabremos el nombre del protagonista. Quizás la finalidad de ese anonimato utilizado por el autor, sea para que lo que tenga verdaderamente importancia esté en la historia y no en el protagonista. O quizás porque haya muchas personas, ente las cuales nos podemos incluir cualquiera de los que vivimos en una gran ciudad (o posiblemente tampoco haga falta vivir en una gran ciudad) y leamos estas páginas, que pueden identificarse, en todo o en parte, con ese patrón de vida.
Y es que todo lo que encontramos en este libro es muy real. Son muy reales las situaciones, son muy reales los personajes, son muy reales los pensamientos del protagonista y hasta las reacciones de todos que integran estas páginas. Son unos personajes con unas líneas muy definidas, en los que posiblemente podamos reconocer a gente, muy similar, que se encuentra a nuestro alrededor. Ese compañero que llega siempre tarde y cuando le dan un toque parece que vuelve al redil, para a los pocos días volver a las andadas; esa, en este caso, telefonista que no sabes que “méritos” ha hecho para ocupar el puesto, porque no es capaz de escribir un mail o una pequeña nota sin un montón de faltas de ortografía; ese jefe que no se sabe como llegó a ocupar ese cargo y que, en este caso, lo único que ha hecho en su vida ha sido dar un braguetazo para ocupar el puesto que tiene, etc. etc.
Y es que lo que emana este libro son hechos, situaciones, sentimientos, vidas que no nos son extraños ni lejanos, que pueden ser reales, que seguro no nos sería difícil encontrarlos a nuestro alrededor, y posiblemente aquí esté el secreto de su éxito.
Cuando leí en la contraportada, y después en el interior, lo que el protagonista llama la superficie de su vida, a lo que se reducía ésta todos los días, también pensé a cuanto se reducía la mía (seguro que si lees, o has leído, el libro también te lo preguntarás), y vi que no había tanta diferencia. Quizás los metros cuadrados difiriesen algo, pero su modo de vida diaria era muy similar al mío. Te levantas por la mañana, vas a trabajar en el transporte público, donde en una ciudad como Madrid puedes llegar a pasar una hora (en mi caso una hora y media); llegas a la oficina donde pasas, fácilmente, más de 10 horas, ya que seguramente a medio día, tienes dos horas muertas en las que te sobra tiempo para comer y no te llega para ir a casa y volver; cuando termina tu jornada laboral vuelves a pasarte, otra vez, más de una hora en el transporte público, y cuando llegas a casa cenas y poco tiempo en familia te queda, porque hay que acostarse, no demasiado tarde, que al día siguiente hay que madrugar.
Son muchos los párrafos que pueden tener similitud con la vida de cualquier matrimonio, con hijos y jornada a tiempo partido, en una gran ciudad, donde las distancias para cualquier cosa son enormes (como cualquiera de nosotros en este momento o en momentos pasados), que se plantean el tipo de vida que se lleva, pero para muestra un botón: “Nos ha faltado siempre tiempo. Nos ha faltado tiempo porque hemos tenido que trabajar demasiado. Hemos tenido que trabajar tanto porque, hoy en día, para todo se necesita dinero. Dinero para mantener a un niño al que apenas veíamos; dinero para contratar a una persona que nos limpiara la casa en la que apenas estábamos; dinero para vivir una vida que no hemos disfrutado. Todo tan circular, todo tan ridículo”.

Si bien durante muchas páginas tuve la sensación de que era una novela pesimista, ya que el protagonista era esa la sensación que me transmitía de una vida donde todo se derrumbaba, una relación de pareja que deterioraba, un hijo al que casi no veía, un trabajo que no le satisfacía, unos amigos que había ido perdiendo, una vida que no le gustaba; al final lo que me dejó fue una sensación de esperanza, de que sólo tenemos que intentar cambiar las cosas, que hacen falta ganas, hablar y dialogar, y, hasta llegado el caso, dar un giro a nuestra vida, o por lo menos intentarlo.

Posiblemente el autor no haya buscado, o sí, una moralina, pero lo cierto es que una vez has acabado el libro, te hace pensar, no dejas de darle vueltas a cosas que has leído, las vas rumiando y te das cuenta que el texto encierra muchas verdades. Y si no aquí tenéis otra muestra: «Aprendí tantas cosas en aquel sofá, aquella noche…. Aprendí que la mente es capaz de crear historias sólo creíbles para uno mismo; que los celos son capaces de empañar cualquier verdad, de encumbrar cualquier mentira; que en los malos momentos raramente se acude a la razón, al diálogo mutuo, a la franqueza… se acude, en cambio, a las sospechas, a la desconfianza, a los recelos de una verdad que debe serlo sólo por el hecho de haber nacido nuestra. Aprendí la fortaleza del odio cuando acecha la duda, la resistencia de la desconfianza cuando el amor ya no es como era, la confusión de pensamientos cuando las cosas dejan de funcionar …”.

Con todo lo anterior no quiero decir que sea un libro en el que se nos muestra el camino, en el que vamos a encontrar solución a nuestros problemas, en el que nos da unas pautas para encontrar lo más correcto, porque no lo es, ni creo que en ningún momento ese haya sido el propósito del autor, ya que si bien podemos reconocer, como ya he dicho anteriormente, situaciones que todos hemos podido vivir, indudablemente no es más que ficción y no creo que llegue el caso de que ninguno de nosotros nos reconozcamos al 100% en la historia.
Nada más acabar de leerlo pensé que no era para tanto, me quedé con esa sensación de que algo no ha cubierto tus expectativas, pero ahora que han pasado unos días veo que no va a ser de esos libros que se olvidan fácilmente, que son de los que dejan huella, quizás por toda esa realidad que encierra, que son de los que das vueltas a lo que en ellos has leído, en definitiva que no te dejan indiferente, pese a lo que en un principio te pudiera haber parecido.

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