La filosofía de Mafalda. El pensamiento vivo de Mafalda

Lumen, marzo 2021

Lumen publica La filosofía de Mafalda: El pensamiento vivo de Mafalda

¿Mafalda nos ayuda a ser libres? Desde luego. Y además nos recuerda lo importante que resulta no desprenderse nunca de nuestra parte más infantil, ni tampoco de nuestras vulnerabilidades.

Mafalda es, quizá, la filósofa que mejor supo entender el siglo XX, ayudándonos a las nuevas generaciones a encarar el XXI, pues sus enseñanzas perdurarán tanto como su habilidad para hacernos reír. Lumen publica La filosofía de Mafalda, una recopilación de viñetas con las mejores reflexiones de la niña contestataria. «No tiene importancia lo que yo pienso sobre Mafalda. Lo importante es lo que Mafalda piensa de mí», dijo Cortázar al ser preguntado por su pequeña compatriota.

Podrían decirse muchas sutilezas del mundo, pero hay que reconocer que a menudo puede parecer un inmenso plato de sopa. ¿Y qué decir de la humanidad que lo habita? Aunque parezca incorregible, tratar de comprenderla y de aportar su granito de arena para mejorarla, como hace una pequeña filósofa como Mafalda, es la tarea a la que nos invita Quino, una y otra vez, a través de sus tiras.

Quino, de la mano de ese grupito de niños de ojos y corazones asombrados, fundó una escuela de pensamiento caracterizada por la pluralidad: la bondad curiosa de Miguelito, el materialismo humilde de Manolito, la dulce soberbia de Susanita, la heroicidad tímida de Felipe, el escepticismo ceceoso de Guille, el compromiso caótico y afrancesado de Libertad, y la filosofía humanista de su gran protagonista.

Lo que hace brillar a Mafalda no es solo su humor, su desparpajo, su alegría, su pasión o sus ganas de buscarle las cosquillas al mundo —es famosa su manera de arropar, limpiar y hasta maquillar el globo terráqueo que guarda en su cuarto infantil—. Lo que la hace única, por encima de todo, es su voluntad y su capacidad de explicar lo inexplicable, ya sea la realidad que la circunda o los sentimientos más complejos, de impartir ternura y delicadeza cuando todo a su alrededor se derrumba, y de hablar con un lenguaje simple y sabio.

Y así, como filósofa de la vulnerabilidad, de lo lúdico y de lo amable, Mafalda se vuelve Sócrates en una suerte de banquete platónico, acompañada por todos sus convidados: niños que juegan a los cowboys y cantan canciones de los Beatles, extasiados por las luces del parque, intrigados por qué les deparará el futuro, y siempre deseosos de inventar nuevos juegos con los que pensar, juntos.

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