El vuelo de Cristina, homenaje a Cristina Muñoz Abellán

Comanegra, marzo 2021

El vuelo de Cristina. Vidas perdidas en un atentado aéreo de Marçal Girbau, un relato estremecedor salpicado de reflexiones que, ahora que se cumplen seis años de aquel atentado, nos permitirán recordar un hecho que podría y debería de haberse evitado.

Marçal Girbau, recibió un día el arduo encargo por parte de la familia de Cristina Muñoz Abellán de escribir un libro, un relato que rindiera homenaje a su corta vida, de la misma manera a como, en este tipo de vidas robadas, se decide organizar un evento deportivo o un gran acontecimiento como remembranza.

El vuelo de Cristina se trata de un libro, como explica su hermano Sergio en la introducción, como objeto «para que quienes la queremos y la conocíamos lo hojeáramos como quien, inesperadamente y por azar, tropieza con una antigua cinta de vídeo familiar en un cajón olvidado de casa. […] Como quien coge la cámara y graba un vídeo de Cristina hecho de tinta y papel. Un libro. Para pasar página. Y volver a ella las veces que sea necesario».

El relato de esta vida truncada es narrada por Marçal Girbau en primera persona, desde su conocimiento estrecho de Cristina: su infancia, su currículo académico, su marcada personalidad, sus primeros amores, la atracción por el mundo animal (lo que la llevó a estudiar Biología) y sus sueños.

El autor y Sergio, recorren aquellos lugares en los que ella pasó sus días antes del fatídico accidente. Como muchos doctorandos, tuvo que buscarse la vida fuera de nuestras fronteras, lo que la llevó a trabajar para la Bayer en unos laboratorios en Monheim. No le faltaron oportunidades para regresar a Barcelona, pero las rechazó por «un nivel de autoexigencia y un sentido de la responsabilidad y del compromiso adquirido desmesura dos. Según ella, si se había comprometido con los alemanes a trabajar con ellos durante dos años, no se podía marchar antes, por más ganas que tuviera de volver a casa», cuenta su hermano.

Mujer ordenada y planificadora, una fatídica decisión de último momento hizo que tomase un vuelo que no tenía previsto. Cristina Muñoz Abellán, con solo 32 años de edad, se subió al avión de Germanwings (4U9525/GWI9525) el 24 de marzo de 2015.

A partir de este momento, con gran delicadeza y a la vez severo, el autor se plantea, y nos plantea, serios interrogantes sobre si las medidas de seguridad en los aviones son las correctas, las investigaciones, los intereses de la compañía Lufthansa, la imagen del Made in Germany, y una interesante reflexión sobre las leyes aplicadas para el reconocimiento de las víctimas en este accidente. Profundiza, de manera brillante, en una rigurosa investigación sobre los hechos ocurridos.

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