Alrevés, octubre 2026
El parte 347 reconstruye un caso real ocurrido en Mallorca desde una perspectiva excepcional: la del policía local que vivió en primera persona las señales previas, la tragedia y sus consecuencias.
Una crónica sobre la impotencia de intuir que algo terrible puede suceder y descubrir que, a veces, ni siquiera llevar uniforme permite evitarlo.
El libro muestra también una realidad pocas veces contada: qué queda en los agentes cuando termina una intervención y un servicio policial se convierte en un recuerdo imposible de archivar Hay servicios policiales que terminan cuando se redacta el parte. Otros acompañan a un agente durante toda su vida. Para Sebastián Tugores, policía local de Inca (Mallorca), ese servicio tiene un número: 347.
En El parte 347 publicado por Editorial Alrevés dentro de la colección Sin Ficción, dirigida por Marta Robles, Tugores reconstruye los hechos reales ocurridos en Inca el 23 de febrero de 2012 desde un lugar excepcional: el de uno de los agentes que vivieron el caso desde dentro. Pero el principal valor diferencial del libro está en que la historia no comienza cuando se produce la tragedia. Empieza antes.
Días antes de aquel 23 de febrero, las señales se van acumulando.
Avisos vecinales, discusiones, gritos, silencios inquietantes, visitas policiales a un mismo domicilio y la sensación cada vez más intensa de que detrás de aquella puerta sucede algo que no está bien. Los agentes acuden, preguntan, observan, toman nota y vuelven a pasar por allí. La intuición les advierte de que la situación puede acabar mal, pero la intuición no constituye una prueba.
Ahí reside uno de los aspectos más perturbadores de El parte 347: el lector conoce el caso desde la posición de quien tiene la responsabilidad de proteger pero descubre también los límites de su capacidad para hacerlo. Tugores transmite la frustración de percibir el peligro sin disponer de los elementos que permitirían intervenir. «Sabes que algo pasa, pero no puedes probarlo», se dicen los agentes después de una de sus visitas. En otra ocasión, ante las señales que observan, el autor expresa una de las ideas que atraviesan todo el libro: la parte más cruel del uniforme es, precisamente, ver aquello sobre lo que no puedes actuar.
La tensión crece página a página porque el lector sabe que algo va a ocurrir. Y también porque contempla cómo las señales estaban allí.
Un caso real contado desde el otro lado del uniforme.
El parte 347 no está escrito desde la distancia de una investigación periodística ni desde la reconstrucción posterior de un expediente judicial. Está contado por quien patrulló aquellas calles, recibió los avisos, llamó a aquella puerta y terminó enfrentándose al servicio policial que nunca conseguiría olvidar.
Ese punto de vista convierte el libro en algo más que la reconstrucción de un suceso. Tugores introduce al lector en la cotidianidad de la Policía Local: las patrullas, la emisora, los avisos aparentemente menores, los partes, las jerarquías, la relación entre compañeros y esa mezcla de experiencia e intuición que permite detectar que detrás de una situación aparentemente rutinaria puede esconderse algo mucho más grave.
El autor reconstruye los días anteriores, el 23 de febrero de 2012 y lo que sucedió después. Porque una intervención policial no necesariamente acaba cuando se apagan las sirenas.
¿Qué queda después de una tragedia?
Ese es el segundo gran eje de El parte 347: las secuelas que determinados servicios dejan en quienes intervienen en ellos. Tugores escribe muchos años después de los hechos y reconoce que las imágenes continúan vivas. El número administrativo que identificaba aquel servicio dejó de ser simplemente una anotación destinada a un archivo para convertirse en un recuerdo que lo acompañaría durante años.
El libro habla así de una parte mucho menos visible del trabajo policial: la del agente que vuelve a casa después de haber presenciado situaciones extremas; la de los compañeros que intentan recuperar la normalidad; la de los recuerdos que reaparecen; y la de experiencias profesionales que terminan atravesando a la persona que existe detrás del uniforme.
Por eso, El parte 347 no busca recrearse en el crimen ni convertir la tragedia en espectáculo. Tugores escribe desde la memoria, pero también desde el respeto a las víctimas. Su intención es explicar qué sucede antes, durante y después de uno de esos servicios que nunca terminan completamente. «Hay llamadas que nunca se archivan»
La estructura del libro acompaña esa mirada. La narración se divide en tres grandes momentos: los días anteriores a los hechos, el día de la tragedia y los días posteriores. A partir de ahí, Tugores aborda también la cadena de mando, el expediente judicial, los rumores que rodearon el caso, las secuelas psicológicas y el papel de la denominada familia policial.
El resultado es una crónica en primera persona que acerca al lector a un territorio pocas veces accesible: qué piensa y qué siente un policía cuando comienza a sospechar que algo terrible se está gestando; qué puede hacer y qué no; y cómo se convive después con la pregunta de si aquella tragedia podría haberse evitado.
Más de trece años después, Sebastián Tugores convierte aquel número escrito en un documento policial en el título de un libro.
Porque algunos partes se firman y se archivan.
Otros no se cierran nunca.





















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