Y todos jugaron

Caligrama, mayo 2022

Vuelve el arte de la seducción literaria de los relatos cortos con Y todos jugaron. La barcelonesa Avelina Fenollosa Blasi, auténtica gurú de música, sorprende a la crítica especializada con la publicación de un libro de trece maravillosos relatos, hilvanados como si de una pieza melódica se tratase 

Escribir relatos breves es un arte. No son pocos los que erróneamente lo consideran como un arte literario menor, por aquello de la extensión, pero esos sesudos analistas olvidan que los mejores firmaron gustosamente auténticos tesoros en formato reducido. Echemos un vistazo, si les parece: Cuentos completos de Truman Capote, Crónicas marcianas de Ray Bradbury, Doce cuentos peregrinos de Gabriel García Márquez, Historias de cronopios y de famas de Julio Cortázar, Cuento selectos de Mark Twain, La máquina de follar de Charles Bukowski, La historia de nadie y otros cuentos de Charles Dickens… Podríamos seguir, pero tampoco es cuestión de reiterar la tesis.

La barcelonesa Avelina Fellonosa Blasi, una celebridad en el conocimiento de la música, formada en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Jorge de Barcelona, parece haber dado en el clavo en el concurrido (podríamos decir también saturado) mercado editorial actual, con la publicación de Y todos jugaron, una deliciosa recopilación de trece relatos que la Editorial Caligrama ha logrado fichar al moverse con presteza y adelantarse a sus rivales.

Estamos hablando del hallazgo que únicamente custodia la alta literatura, la que se mueve solo en los ambientes escogidos, cuando se produce algo así como un alineamiento de astros. Pueden llamarlo como quieran; lo cierto es que nos encontramos ante un festín literario de enorme envergadura que nos presenta la vida como un tablero si se tratase de un tablero de ajedrez. Por él se mueven ambiciones, amores y, por supuesto, desencantos. Las trece narraciones ponen el foco en la común observación que todos los mortales atesoran en relación al deseo de ser feliz… aunque el destino suele mostrarse esquivo, ya que el azar, como el tiempo, se escapan irremediablemente al poder de nuestra voluntad. ¿O no? Tocata y fuga… literarias, que se llama la cosa.

Por supuesto, tanto en su expresión pictórica como en la literaria subyace el amor que la autora siente por la música, fiel compañera de su creación. La frescura y originalidad en el enfoque de los distintos temas de los relatos ha abierto los ojos a la crítica especializada, que cree haber dado con un posible arranque de lo que podría ser una nueva época dorada de los relatos cortos.

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