Lunwerg, noviembre 2020

Vestidas para la Revolución: una historia ilustrada la liberación de la mujer a través de la moda, de Laura Castelló. Un recorrido visual por la evolución de la vestimenta juvenil y de los movimientos sociales a través de sus cambios. Un libro para entender por qué la apariencia SÍ es importante.

A lo largo de la historia, las mujeres han sabido hacer de la moda un arma que les ha permitido desafiar las normas, romper con los estereotipos y reafirmar su independencia. La estética y la moda no son solo algo superficial y vacío: son en sí un símbolo, una expresión individual y colectiva y, como tal, un acto que puede ser político, tener poder e incluso cambiar sociedades. A través de la creatividad, la ironía, la subversión, la crítica o la burla, los jóvenes tratan de contarle al mundo quiénes son o quiénes quieren ser, qué no están dispuestos a tolerar y cómo organizarse para lograr lo que creen justo.

De la revolución de las sufragistas al feminismo de las hippies o la rebeldía de las taqwacores, Laura Castelló repasa en Vestidas para la revolución, los principales movimientos  contraculturales que, con sus estéticas e ideologías, lucharon a favor de la libertad y de la igualdad de las mujeres.

La estética y la moda pueden llegar a ser revolucionarias: la historia está llena de ejemplos de cómo, a través de ciertos movimientos contraculturales, los jóvenes de diferentes épocas lograron reclamar sus derechos y luchar por la igualdad y la libertad. Y su forma de vestir fue una de sus armas de lucha, tal vez la más evidente, y la expresión más evidente de sus señas de identidad.

Muchas de estas subculturas que aparecen a lo largo del libro de Laura Castelló parecen tener los mismos elementos en común: la juventud, la identificación con el grupo y la oposición al statu quo, a la norma, a la cultura dominante y, en la mayoría de los casos, a lo establecido en el núcleo familiar. En esta rebelión contra lo impuesto, vemos una fuerte sensación de rechazo a las estructuras y un afán por sentirse diferentes y especiales. En un momento tan complejo como es la adolescencia, esta necesidad de definir su identidad individual convive con un fuerte deseo de pertenencia al grupo, de sentirse representados. La estética, y una actitud que refleja sus ideas, nos cuenta sus gustos y, por ende, quiénes son.

Estos movimientos se oponen a la represión y a los estereotipos estipulados históricamente, sobre todo hacia las mujeres. La apariencia femenina ha estado siempre controlada y predeterminada por unos cánones y unas pautas muy concretas, estrictamente relacionadas con la consideración que se tuviese de
nosotras en cada época; en algunas ocasiones, incluso se llegó a prohibir por ley el incumplimiento de dichas pautas.