Hace tiempo, y por pura casualidad, me convertí en una incondicional de las novelas de Alejandro Palomas. Nunca supuse que un libro que, a priori, no me llamaba demasiado la atención y que me había tocado en un sorteo, se iba a convertir en uno de esos libros que nunca te cansas de recomendar y que su autor se iba a convertir en uno de mis favoritos.
No, no os voy a dejar con la intriga de cual fue ese libro, su título: El tiempo que nos une.

MIS IMPRESIONES

Siempre es difícil ponerse a escribir cuando cuando acabas un libro de Alejandro Palomas y creo que una de las razones es que encontramos tanto de nosotros mismos en ellos que cuando lo hacemos es como si desnudásemos algo de nuestra propia alma, y … no nos gusta.Según nos dijo hace unos días en un encuentro que tuvimos, con Un perro quería darnos una sorpresa y vaya si lo consiguió, ya que como no había leído la sinopsis (cosa que sucede a menudo) no sabía que allí iban a estar ellos, esperándome.

Alegría. Una gran alegría es lo que sentí cuando abrí esta novela y me encontré con viejos conocidos. Allí estaban Fer y Amaliay suponía que detrás aparecerían el resto de los integrantes de esta maravillosa familia que ya es parte de la nuestra, de nosotros, por más que a Alejandro Palomas, según nos dijo no hace mucho, no deje de sorprenderle que esto suceda.
Alejandro Palomas va a recuperar los personajes de Una madre y situarnos en una cafetería donde Fer está esperando una llamada importante. Una llamada que ansía que llegue, aunque quizás no las noticias que pueda traerle.

En el transcurso de esta espera aparece Amalia con Shirley que, tras su entrada con una aparatosa caída de por medio, está dispuesta a no dejar sólo a su hijo hasta que éste decida marcharse, porque aunque Fer quiera hacer creer a Amelia lo contrario, no es casual que se encuentre allí y que no deje de pasar el dedo por la pantalla del móvil, buscando algo que no termina de aparecer.

Con este escenario de fondo y con la familia y sus relaciones como centro de todo, Alejandro Palomas con la maestría, la sensibilidad y esa forma peculiar de contar que tanto me gusta, nos gusta, ira rellenando los huecos y los silencios que se producen entre madre e hijo primero, una reunión a la que después se incorporarán Silvia y Emma, y en el tiempo de espera de esa llamada. Aunque Amalia está ahí para poner su granito de arena y llenar el silencio de ruido.

Pensamientos, recuerdos, vivencias, lo que se dijo y lo que se dejó de decir, lo que se calla por miedo, el daño que no se quiere causar y el que no queremos que nos hagan, protegerse protegiendo, lo que sucede y sucedió entre ellos, los que no están, los que deberían estar, los que no queremos que nos dejen, la ausencia, la pérdida y la forma de gestionarla, la fortaleza que se quiere aparentar pero que es sólo fachada, y por encima de todo el quererse, el apoyarse los unos en los otros, procurar que ninguno se hunda porque quizás si uno desfallece vayan los otros detrás.
De nuevo Alejandro Palomas nos ofrece en esta novela un torrente de sentimientos y emociones que haremos nuestros y nos hará pasar de la risa al llanto, o viceversa, de esa manera tan natural como sólo él es capaz de hacerlo, que al leerlo nos puede parecer tan sencilla pero que no debe serlo, no puede serlo.Unos sentimientos y emociones que no nos ajenos porque, como ya mencioné cuando leí Una madre, estos personajes son muy reales, tan reales, con tantas aristas que en muchos casos hasta nosotros mismos podremos vernos reflejados en ellos en mayor o menor medida. Yo lo he hecho como madre, como hija, y como «yo», pero también los he reconocido en los miembros que forman mi familia.

Y al hilo de esto no puedo dejar de recordar esa frase que Esther dice en cierto momento de la novela: «Lo que no es sangre es parte, no miembro«.

No, no me he olvidado de R. o de Shirley. Para mi no ha sido importante que R. y Shirley sean perros, lo importante para mi es lo que he entendido que se quería proyectar en ellos, lo que significaban, el motivo por el que estaban ahí.

Tanto R. como Shirley forman son «miembros» de la familia, son la familia, porque aun viniendo de fuera han sabido ganarse su lugar, tienen su sitio. Quizás esté equivocada pero con Shirley me ha pasado una cosa muy curiosa durante la lectura, y en que en ese empeño de Amalia de tenerla siempre encima, agarrada durante la espera he creído ver que era su asidero, algo que la hacía mantenerse segura.

Y aunque yo no soy una enamorada de los perros, ni siquiera me planteo tener uno en casa, está claro que R. sabe conquistarte. Como en su día conquistó a Fer, así poco a poco, como a quien no quieres que entre en tu vida, porque no es el momento, porque duele, pero pasito a paso, y sin que se note, se va haciendo su sitio hasta que un día te das cuenta que no puedes vivir sin él porque importa, porque forma parte de ti.

Las novelas de Alejandro Palomas son como la vida misma, con sus cosas buenas y sus cosas malas, con lo más cercano que tenemos que es la familia, esa que sabemos que, por lógica y regla general, no nos va a fallar, con sus altos y sus bajos, con sus risas y sus llantos.

Alejando Palomas me conquistó con El tiempo que nos une, con aquellas mujeres que se quedaron conmigo y en especial Mencía, ese personaje que es tan importante para él. Pero creo que Fer, Amalia, Silvia y Emma han llegado a mi vida para quedarse y quiero saber más de ellos y volver a encontrármelos porque ya los echo de menos, y también de la abuela Esther, que creo que todavía no ha dicho lo suficiente.

 

FICHA DEL LIBRO

FRAGMENTO