NUESTRA OPINIÓN …

Un millón de gotas de Víctor del Árbol ha sido la primera aproximación a este autor, y desde aquí hago una declaración de intenciones: Es la primera vez que leo a este autor y os aseguro que no será la última.

Que difícil es a veces hablar de una novela cuando te ha gustado tanto. Tienes miedo a no hacerla justicia, a no saber transmitir todo lo que has sentido, lo que has vivido a través de sus páginas, lo que te ha removido y lo que, pese a su dureza y al dolor que producía a veces su lectura, has disfrutado con ella.

Ya he comentado con anterioridad que no había leído todavía nada de Víctor del Árbol pero ahora sólo me queda ponerme a ello, más pronto que tarde, ya que sé que no me va a defraudar, me va a gustar y voy a disfrutar de una buena lectura con cada uno de sus libros.

Si tuviera que quedarme con algún aspecto concreto de esta novela me sería muy difícil elegir. Me ha gustado la forma de escribir del autor, me ha gustado la ambientación, me han gustado los personajes, la construcción de la historia, en definitiva, creo que Víctor del Árbol ha sabido crear unos buenos elementos y no sólo eso, sino que ha sabido combinarlos con tanta maestría que ha conseguido un gran resultado, una gran novela. Pero vamos por partes.

Ya desde las primeras páginas nos vamos a sentir atrapados por la historia, ya que Víctor del Árbol empieza fuerte. Un niño es asesinado y a consecuencia de esto su madre se ve inmersa en un proceso de autodestrucción. Esto, a priori, no es nada que nos pueda producir gran sorpresa, pero no hemos pasado más que un par de páginas y nos encontramos con que ella es una policía que está llevando a cabo una investigación sobre trata de blancas, abuso infantil, corrupción, etc. y además va a recaer sobre ella la sospecha (más acusación ya que se da por sentado su autoría), de que ha torturado y asesinado al causante de la muerte de su hijo.

Pero esto no es más que el principio y si en algún momento pensamos que iba a ser una trama sencilla estábamos muy equivocados, porque a lo largo de sus páginas nos vamos a encontrar una novela compleja, y llena de secretos, en la que al final de la misma ningún cabo queda suelto, y todo se resuelve de una forma totalmente coherente.

Víctor del Árbol va dando alternancia a dos periodos temporales distintos, uno que empieza en el año 1933 y del que el protagonista principal, aunque no el único, es Elías Gil, y  otro que se desarrolla a partir del año 2002, en el que, aunque Elías ya ha muerto, también podríamos decir que es el protagonista indirecto, ya que todo lo que acontece en esta segunda línea temporal no es más que el legado, el resultado y las consecuencias del primero que se inició tantos años atrás.

Los personajes de esta novela no nos van a dejar indiferentes. Nos vamos a encontrar con unos personajes muy reales, que nos van a hacer sentir, y aunque algunos a simple vista nos pueden parecer demasiado simples, como en principio nos puede suceder con Gonzalo (una persona un tanto anodina) o Igor (el malo, malisimo), pronto nos daremos cuenta de que no es verdad, que son unos personajes en los que podemos encontrar muchas facetas, muchas aristas, y que en algunos casos, será mucho lo que esconden tras una fachada que ellos mismos, u otros, han creado de ellos.

Hay un gran trabajo detrás de la creación de los personajes de esta novela, no siempre los personajes son lo que parecen, hay mucho trasfondo y personajes que la historia considera como héroes esconden actos no tan heroicos, y personajes a los que se presupone faltos de moral al final pueden dar alguna clase sobre ella. Nada es simple, nada es sencillo, siempre hay matices y muchas veces la imagen que se da no lo es tan clara como parece.

Bajo mi punto de vista tras estos personajes está uno de los temas que el autor ha querido poner de manifiesto. A veces es mucho lo que desconocemos de las personas, hasta de las que tenemos más cerca, de aquellas con las que convivimos. Cuántas veces se trata de crear una historia más acorde con lo que nos gusta o queremos, de olvidar como si no hubieran existido hechos de los que no sentirse orgulloso, cuántas veces la memoria «olvida» lo que no gusta para darle una pátina más acorde a lo que nos gustaría que hubiese sido, para quedarnos sólo con lo que merece la pena ser recordado. O cómo los actos de terceros pueden afectar a nuestra vida, como pueden  influir en  nuestras actuaciones sin que nosotros tan siquiera seamos conscientes de ello.

También en Un millón de gotas Víctor del Árbol toca el tema de la maldad, esa maldad que pensamos que sólo se encuentra en seres enfermos o despiadados y que quizás puede habitar en cualquiera de nosotros aunque no sea fácil que ésta aflore, pero que, posiblemente, sólo tendrían que darse las circunstancias extremas y necesarias para que, quizás, descubriéramos que no nos es tan ajena.

Pero no será esto lo único que hallaremos en Un millón de gotas, también encontraremos pasiones; venganza, una venganza que perdurará a través del tiempo; historias de amor en distintas facetas: el amor entre hermanos; el amor por una persona que resulta insustituible, que nunca se olvida; el amor incondicional que no sólo esconde sino que lleva a no querer ver y reconocer la maldad en el otro, el amor que la sombra del engaño impide crecer, el amor puro y simple entre un hombre y una mujer, …

Y por si no teníamos suficiente con todo esto el autor introduce muy bien dosificadas a lo largo de la trama y en las diferentes ramificaciones de la historia, dosis de misterio, de secretos familiares que hacen todavía, si cabe, mucho más atractiva la historia, imprimiéndole además el ritmo necesario para que nos sintamos cada vez más atrapados en sus páginas, un ritmo narrativo que va creciendo y creando en nosotros la necesidad de seguir leyendo, pero sin querer hacerlo demasiado rápido, ya que no queremos que nada nos pase desapercibido o se nos escape algún detalle.

Un millón de gotas es una novela que cuesta dejar de leer, no quieres soltarla, quieres seguir leyendo aun cuando sabes que eso no es posible, que tienes que abandonar la lectura.

No quiero dejar pasar la ocasión para resaltar la labor de documentación que el autor ha tenido que llevar a cabo ya que, aunque no se trate de una novela histórica, sin este trabajo Víctor del Árbol no podría haber ambientado parte de la novela con tanto acierto, en los escenarios y hechos históricos en que los sitúa, llevándonos por una Europa convulsa que tanto sufrió.

A todo lo anteriormente señalado hay que unir una prosa directa, clara, sencilla, certera, que utiliza con gran habilidad y que hace que no sea necesario recrearse en ciertas escenas o actos para ser capaz de transmitirnos todo el horror que emanan. Sólo con unos trazos es capaz de ponernos en situación sin ahondar en ello, algo que se agradece, pero consiguiendo que sea una lectura que duela, que no nos deje indiferentes, que nos haga pensar, que traspase las páginas de la novela y se quede con nosotros, como sus personajes, aun después de haber terminado su lectura.

Sólo me queda recomendaros la novela, seguro que no os defrauda, y felicitar a Víctor del Árbol por ella y decirle que seguiré leyéndole, que ha ganado otra lectora.


Hemos leído del autor

FICHA DEL LIBRO 

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