NUESTRA OPINIÓN …

Que una novela obtenga un premio no es para mi garantía de que me vaya a gustar, pero sí reconozco que por los premiados o finalistas del Planeta siento cierta tendencia. Si además alguna de estas novelas vienen avalados por alguna recomendación (o reseña) de personas de las cuales me «fío» por tener gustos similares, está claro que terminará en mis manos. En el caso de Riña de Gatos de Eduardo Mendoza, así ha sido.

Así que como de Eduardo Mendoza, aunque parezca mentira, todavía no había leído nada y eran elogiosas  las reseñas de la novela galardonada Riña de Gatos, fue con esta última con la que decidí iniciarme en la lectura de este autor.
A ver si soy capaz de exponer con claridad todas las sensaciones que me ha producido esta lectura.

Riña de Gatos se trata de una novela que me ha gustado, pero no todo lo que pensaba. Puede ser que esperase mucho más de ella de lo que me he encontrado, quizás por la reconocida fama y buen hacer de su autor. Es indiscutible su calidad literaria, pero no me ha llenado del todo, puede que no fuera su momento o no haya sido la novela más idónea, para ser la primera vez que me enfrento a Eduardo Mendoza.Tras empezarla con muchas ganas y tratarse de una lectura en la que no me fue difícil meterme, luego no me ha parecido que lograse mantener ese interés y ritmo con la misma intensidad durante toda la novela. Por lo menos mi lectura ha tenido más de un altibajo.

Eduardo Mendoza me ha hecho transitar por unas zonas de Madrid muy conocidas para mí, como la Plaza del Ángel donde vivieron mi padre y mis tíos, y que yo visitaría con bastante asiduidad cuando era niña, ya que íbamos con bastante frecuencia al que terminó siendo domicilio de mis tíos, una casa desde cuyos balcones (si la memoria no me engaña) se veía la entrada de un hotel, que puede perfectamente ser en el se aloja Anthony Whitelands; la Plaza de Santa Ana, la calle Espoz y Mina, la Puerta del Sol, la calle Atocha con la iglesia de San Sebastián, la calle de las Huertas, la Iglesia del Cristo de Medinaceli, la Gran Vía, Chicote, la Castellana, la Puerta de Toledo, etc.

Se nota que el autor conoce bien esta ciudad, aunque describe estos lugares sin dar demasiados detalles y es como si diera por sentado que todos los que lean su novela conocen su situación.La novela transcurre en una época en los prolegómenos de la Guerra Civil Española, en que la política está bastante movidita y, como no puede ser de otra forma, el ambiente madrileño, en general, y el político, en particular, no son ajenos a este devenir, y Eduardo Mendoza consigue, con gran maestría, introducir en una trama muy bien tejida, a personajes reales de manera que forman parte de ella, como la cosa más natural, sin que en ningún momento nos parezca una intromisión forzada o fuera de lugar. Así no será raro que el Marqués de Estella (José Antonio Primo de Rivera) pueda hacerse amigo de nuestro protagonista, o que en la casa del Marqués de la Igualada, tan frecuentada por Anthony Whitelands, se junten para conspirar los Generales Franco, Mola y Queipo de Llano, o hasta que el protagonista sea participe de una reunión con Añaza.

Riña de Gatos es una novela con una gran calidad literaria, y un especial sentido del humor. Por un lado, me recordaba alguna lectura de Jardiel Poncela, y no quiero decir con esto que se parezca a su obra sino que me la recordaba, por el surrealismo que encontraba en algunos pasajes; por otro lado, también me recordaba a esos sainetes costumbristas de la primera mitad del Siglo XX (pero ya digo que esto son apreciaciones mías).

En cuanto a los personajes, bien trazados y definidos son de lo más variopinto. Entre ellos nos encontramos a un experto en pintura española (que es el protagonista de la historia) al que le encanta Velázquez, a quien le suceden todo tipo de aventuras; a un Oficial del Ministerio del Interior con el curioso nombre de Marranón, con bastante retranca y que se las sabe todas; los flemáticos caballeros de la embajada inglesa; el cura un tanto politizado y con mentalidad de la época que come la sopa boba; el aristócrata que vive, y muy bien, de lo heredado, encarnado por el Marqués de Igualada; la señora Marquesa, muy peculiar ella y que no es como parece; su hija Paquita una niña bien, a quien su padre considera más lista y espabilada que sus hermanos, pero al fin y al cabo es mujer; o Higinio Zamora Zamorano con su peculiar forma de actuar, o el recepcionista del hotel que a mi me pareció simplemente genial; todos estos sin tener en cuenta a los personajes reales a los que Mendoza da vida y protagonismo en esta obra, de una forma particular.

En conclusión, nos encontramos con una muy buena literatura, una trama entretenida (aunque como he dicho, para mi gusto falla el ritmo), unos personajes bien trazados y variopintos, desprende un peculiar sentido del humor, si conoces Madrid no te será difícil situarte en muchos de los lugares descritos y además nos da algunas pautas de lo que fue la época histórica en la que está situada, además de unas cuantas pinceladas sobre vida y obra de Velázquez.