NUESTRA OPINIÓN …

Los que nos leéis habitualmente ya sabéis que a mí (Bea) sí que me gustan mucho las novelas de este tipo, me gustan para desengrasar entre lecturas más densas o más intensas y me suelen durar un suspiro por el estilo ágil que tienen.

Por ello, cuando nos ofrecieron leer Respira, Rebecca, respira de la que además había visto varios cebos en internet verdaderamente divertidos no me lo pensé. Sin embargo, en este caso, la novela no ha cumplido mis expectativas.

Como os he dicho al principio leo bastantes novelas de este estilo, sin embargo pocas me parecen realmente buenas. Me suelo divertir con ellas y suelen cumplir su función pero sólo recomiendo aquellas que de verdad me parece que merecen la pena o aquellas que, aunque la historia no me haya parecido verosímil o especialmente potente, sí que me han sacado más de una risa.

Esta reseña se me antoja complicada porque en Respira, Rebecca, respira no me ha pasado ninguna de estas cosas así que voy a tratar de explicarme lo mejor posible.

Esta novela nos cuenta la historia de Rebecca siempre desde su punto de vista, es decir, vamos a ir viviendo los acontecimientos que van sucediendo desde su propia perspectiva, de una manera totalmente subjetiva, teniendo solamente su visión intercalada con los diálogos con los distintos personajes con los que va a interactuando.

Rebecca es una persona pasada de kilos (no lo digo yo, lo dice ella y muchas veces, demasiadas), casada con Diego (un chico guapísimo pero que poco a poco se va escaqueando de las tareas de la casa y los niños aunque queda patente que la quiere muchísimo) y juntos tienen tres niños: una niña de dos años, una de nueve que parece un adulto (lo siento pero estas conversaciones de niña resabiada con Rebecca me han parecido insufribles y más el comportamiento de Rebecca hacia su hija) y un adolescente que en el fondo es el más normal de toda la novela.

La vida de Rebecca no es fácil y no está pasando por su mejor momento, trabaja de recepcionista en un gimnasio, odia a su jefa (y su jefa a ella), odia su trabajo, y en casa tiene que hacerlo todo ella pero al final termina invirtiendo más tiempo en quejarse de todo lo que la rodea que en hacer algo para solucionarlo. Hasta aquí, a pesar de que yo personalmente no me he sentido nada identificada y por lo tanto me ha sido imposible empatizar con ella, podría pensar que esto puede pasar y que puede haber gente que se sienta identificada.

Sin embargo, poco después la historia cambia y a Rebecca la cosas le empiezan a ir bien. En este punto me esperaba una evolución por parte del personaje pero, sin embargo, Rebecca sigue metida en su mundo de pesimismo, de quejas sin soluciones y de críticas infundadas hacia todo y hacia todos. Esto es algo que me ha irritado profundamente de este personaje: no es capaz de avanzar, está anclada en sus miserias hasta el punto de que todo lo que critica lo hace ella misma. Además, a lo largo de la novela se hacen una serie de críticas, en general hacia las mujeres, sobre la delgadez, los cánones de belleza y un montón de tópicos que Rebecca critica pero que en el fondo le gustaría cumplir. Todos hemos criticado algo así en tono de humor pero creo que se desprende un ensañamiento especial o al menos así me lo ha parecido.

Esto me ha sucedido también con otros personajes, en concreto con Janet. Janet es una de las mejores amigas de Rebecca y desde el principio hasta el final de la novela tiene una cruzada personal contra la ex de su novio. No he entendido esta obcecación por hacer daño a una persona que no tiene nada que ver contigo y que ni siquiera se ha metido en tu relación.

Creo que los personajes son demasiado extremos y esto que en muchos casos provoca carcajadas, en este caso, me ha provocado un poco de desesperación.

En referencia a la narración tengo que decir que es ágil, que se lee y se entiende bien y que me parece original la manera que tiene de presentarnos a los personajes. Cuando va a hablar de alguien que previamente no ha salido lo que hace es darnos una descripción de él en vez de que nosotros nos hagamos nuestra propia idea de cómo es alguien por sus acciones. Esto es algo que me ha gustado en el concepto, es una manera original desde la que conocemos a los personajes tal y como los ve Rebecca.

Durante el resto de la novela nos vamos a encontrar lo mismo, lo que me parece que sí que hace que se mantenga una coherencia a lo largo de toda la historia, siempre conocemos el punto de vista de Rebecca y lo vivimos todo mediante sus ojos y pensamientos. Además, hay intercalados diálogos con el resto de los personajes y aquí es donde hay otra cosa que no me ha gustado: creo que se abusa del lenguaje soez, de palabras malsonantes, sobre todo en las conversaciones que Rebecca mantiene con sus amigas.

Sí es verdad que Respira, Rebecca, respira tienen puntos de humor que aunque a mí no me han llevado a la carcajada sí que en muchos puntos me han sacado una sonrisa tanto por el desastre que es Rebecca, tanto, tanto que te acabas riendo de que la pasa de todo, como por las ocurrencias que hay a lo largo de la novela. El problema ha sido que muchas de esas ocurrencias ya las había ido leyendo en los cebos que se han ido filtrando en las redes sociales por lo que había perdido un poco la frescura de encontrártelas en mitad de la lectura.

En conclusión, Respira, Rebecca, respira es una novela que se lee bien pero creo de la que no he disfrutado debido a mi falta de conexión con la protagonista y la gente que la rodea. Alguien que se sienta más identificada con Rebecca la disfrutará, sin duda, mucho más que yo.

Aún así, os animo a buscar las opiniones de otros lectores para encontrar otros puntos de vista.