NUESTRA OPINIÓN …

Quienes manejan los hilos no es la primera novela de Roberto Sáchez que leemos. Hace ya dos años, no pensaba yo que hacía tanto, tuvimos en nuestras manos Asesinos de series, una novela que encerraba un claro homenaje a las series de televisión y su cultura.

24 de octubre de 2019, los restos de Franco son exhumados del lugar que ocupan desde su muerte en el Valle de los Caídos. Su posterior traslado al cementerio de El Pardo-Mingorrubio se realiza en un helicóptero que en pleno vuelo empieza a perder altura para en un momento dado estrellarse entre los riscos de entre los cuales se ve surgir dos columnas de humo ¿Qué ha podido pasar? ¿Ha sido un atentado? ¿Un accidente fortuito?

Este es el comienzo de la novela que nos presenta Roberto Sánchez, en la que teje una novela con tintes de novela política y de espías, con trasfondo histórico, en la que da vida a Ramón Santolaya.

Una trama en la que utilizando como punto de salida el momento histórico en el que Franco es sacado del Valle de los Caídos para su traslado al panteón familiar en el cementerio de Mingorrubio, fabula con una leyenda que el autor escuchó en el pasado, en la que se hablaba de la posibilidad de que los restos de Franco no hubieran llegado a estar nunca enterrados en el Valle de los Caídos, o por lo menos no estuvieran allí en el momento de su exhumación.

Quienes manejan los hilos es también una novela negra, sentimental, en la que podemos encontrar amor, fracasos, espías, intriga, y hasta visitar los bajos fondos de alguna ciudad, que retrata con cierta ironía la sociedad española del tardofranquismo, en la que su protagonista es un personaje que ha pertenecido en lo que se ha dado en llamar «la fontanería de la Moncloa» y los servicios de inteligencia. El dibujo de una España en la que había interesados en manejar, entre bastidores, los hilos  para hacerse su hueco y tener un protagonismo durante esa etapa política que transcurrió entre el final de la dictadura y los inicios de la transición que estaba en puertas, cuando nadie podía estar seguro de lo que iba a suceder.

Como ya me sucediera en la anterior novela de Roberto Sánchez, aquí tampoco he podido empatizar con su protagonista Ramón Santolaya, un mal estudiante que sueña con ser locutor de radio, ávido lector, que por cosas de la vida (ese búscale un hueco a mi chico en lo que sea de aquél entonces) se verá en una serie intrigas y maquinaciones muy alejadas de la vida que él conocía hasta ese momento y que solo creía que pudieran ser fruto de las novelas que leía.

Si en Asesinos de series podíamos encontrar un claro homenaje del autor a las series de televisión y por tanto a este medio, en Quienes manejan los hilos es la radio la que es homenajeada, convirtiéndola de alguna manera también en protagonista, mostrándonos aquella radio que era para muchos la válvula de escape en aquella España triste y gris, aquel medio que congregaba a la familia, con aquellas radionovelas, canciones dedicadas, boletines de desapariciones, y el programa de Elena Francis donde se tocaban temas, a veces, bastante delicados para la época, y cuyos consejos siempre guardaban una moralina, una propaganda encubierta y sobre todo un programa que trataba de «aleccionar y educar sentimentalmente» a las mujeres españolas, con el beneplácito de la Iglesia y los poderes públicos de la época.

Quienes manejan los hilos es una novela que se lee fácil, con una buena propuesta y un final a la altura, pero que se me ha quedado un poco coja, y aunque la lectura es ágil no he terminado de conectar con la acción ni con sus personajes. Eso sí, me ha conseguido mantener atenta durante toda la novela para intentar descifrar qué fue lo que pudo suceder con aquel helicóptero que trasladaba aquellos restos de los que tanto se habló.

Si llegados aquí no sabéis si leer o no esta novela, os animo a leer otras opiniones y así podáis tener una visión más amplia de lo que encontrar en este título.

FICHA DEL LIBRO