Crítica, abril 2021

Richard Ovenden publica Quemar libros. Una historia de la destrucción deliberada del conocimiento.

Tomando como punto de partida la infame quema de libros «no alemanes» y judíos de 1933, que daba una idea bastante inequívoca sobre las intenciones de los nazis, Quemar libros nos sumerge en un viaje de tres mil años a través de la destrucción del conocimiento y la lucha por preservarlo.

Richard Ovenden, director de la mundialmente conocida Biblioteca Bodleiana de Oxford, nos cuenta que los ataques a bibliotecas han sido una constante histórica desde la antigüedad, pero han incrementado su frecuencia e intensidad en la Edad Moderna. Las bibliotecas son mucho más que almacenes de literatura; al conservar documentos legales como la carta magna o registros censales, también defienden la ley y los derechos de los ciudadanos. En este fascinante libro, Ovenden traza un análisis completo, desde lo que realmente sucedió con la Biblioteca de Alejandría hasta los papeles de la generación Windrush, y desde Donald Trump borrando tuits vergonzosos hasta John Murray quemando las memorias de Lord Byron en nombre de la censura.

Esta obra es, a la vez, una gran historia de la civilización y un manifiesto sobre la vital importancia de las bibliotecas físicas en una era cada vez más digital, pero también una historia humana a la que da vida un sorprendente reparto de aventureros, arqueólogos autodidactas, poetas, activistas… y, por supuesto, los bibliotecarios y el heroico camino que recorren para conservar y rescatar el conocimiento y garantizar así la supervivencia de la civilización.

Richard Ovenden es bibliotecario (ocupa el cargo de alto ejecutivo de las Bibliotecas Bodleianas de la Universidad de Oxford) desde 2014. Con anterioridad desempeñó distintos puestos en la Biblioteca de la Universidad de Durham, la Biblioteca de la Cámara de los Lores, la Biblioteca Nacional de Escocia y la Universidad de Edimburgo. En 2003 se trasladó a la Biblioteca Bodleiana en calidad de conservador de colecciones especiales y en 2011 asumió el cargo de bibliotecario adjunto. Se formó en la Universidad de Durham y en la Escuela Universitaria de Londres, y es profesor asociado en Balliol College de Oxford. Es miembro de la Sociedad de Anticuarios, de la Real Sociedad de las Artes y de la Sociedad Filosófica Estadounidense. Recibió la Orden del Imperio Británico en 2019. Ejerce de tesorero del Consorcio de Bibliotecas de Investigación Europeas, es presidente de la Coalición para la Conservación Digital y miembro de la Junta del Consejo de Recursos de Bibliotecas e Información (Washington D. C.).