Deusto, noviembre 2020

Por qué el liberalismo funciona, de la profesora emérita de Economía e Historia en la Univ. de Illinois, Deirdre N. McCloskey, intenta mostrarnos como  los verdaderos valores liberales crean un mundo más libre, igualitario y próspero para todos.

El auge del populismo se ha apoyado, en parte, en una constante denuncia contra el liberalismo. Se le acusa de promover la desigualdad y basarse en la
explotación, de ser intrínsecamente malvado, porque provoca pobreza y marginación, y de dejar atrás a quienes no pueden competir.

Pero como sostiene Deirdre N. McCloskey en Por qué el liberalismo funciona, un libro apasionado y divertido, son más bien sus enemigos quienes provocan todas esas desgracias.

A partir de finales del siglo XVIII, el liberalismo ha generado el Gran Enriquecimiento, un enorme aumento de la riqueza económica y las libertades
personales en todo del mundo. Se expandió de Gran Bretaña y Estados Unidos al resto de Occidente, y hoy se desarrolla incluso en lugares de África y Asia,
donde los ciudadanos también se benefician de su vigor.

Las personas nos enfrentamos a dos grandes amenazas, afirma Deirdre N. McCloskey, una de las economistas y pensadoras actuales más osadas e inteligentes: la tiranía y la pobreza. Ambas constriñen el florecimiento del ser humano, el desarrollo de su creatividad y de todo el potencial que ofrece la libertad. Son, además, las dos formas que utilizan los estados para limitar la autonomía de sus ciudadanos y ponerlos a su servicio.
Para vencer esas dos amenazas y superar las fuerzas que, consciente o inadvertidamente, las impulsan, es el momento de retomar los valores liberales verdaderos, el corpus de ideas que, a partir del siglo XVIII, permitió que los humanos se liberaran progresivamente de las tradicionales cadenas del atraso y el sometimiento. Poco a poco, gracias a esas ideas y a su aplicación en la tecnología, el gobierno y los negocios, se consiguió una prosperidad sin precedentes no sólo en el ámbito económico, también en el científico y el cultural.

La base del liberalismo, dice McCloskey, es creer que no deben existir los tiranos ni la dominación, esté ésta representada por el Estado, como con
frecuencia quieren los progresistas, o por la tradición, como desean los conservadores.