NUESTRA OPINIÓN …

Hay veces que tienes montones de lecturas pendientes que te apetecen muchisimo y mientras decides cual va a ser la elegida llega una que se cruza en tu camino y, sin saber el motivo, ves claro que es lo que necesitas en ese momento. Eso es ni más ni menos lo que me sucedió con No me llames loca de Josep Maria Girona.

Julia nace en Barcelona a principios del siglo XX dentro de un matrimonio burgués. Su padre, continuador de un negocio familiar de pieles, aunque contento con su nacimiento no deja de estar desilusionado de que sea una niña. Habrá que esperar otro embarazo y que nazca el tan esperado heredero.

Está claro el papel que le está destinado a Julia en la sociedad a la que pertenece. Será su hermano el que herede el negocio familiar y a ella le queda reservado incrementar el patrimonio familiar con un buen matrimonio, y ser buena esposa y madre. Pero su yaya Enriqueta no quiere para su nieta ese tipo de vida y quiere que sea capaz de elegir y que sea dueña de ella misma y sus decisiones, lo que lleva a cabo con ayuda de la madre de Julia.

Me ha encantado la yaya Enriqueta, una mujer que, consciente de los errores que ha cometido en su vida y, sobre todo, en la educación que ha dado a su hijo, no está dispuesta a que su nieta sufra lo mismo y que, si llega el momento, no se deje humillar ni pisar por ningún hombre, ni siquiera por su padre. Tiene clara su misión en esa familia, enseñar a Julia el camino, proporcionarle una educación, que cuente con una cultura y que se pueda enfrentar a la vida y valerse por sí misma, en definitiva, poner en sus manos las herramientas necesarias para que sea capaz para elegir.

Y lo consigue, Julia es una joven que sin ser una activista, es un claro ejemplo de mujer perteneciente al movimiento feminista, una de aquellas primeras mujeres que no estuvieron dispuestas a que nadie decidiera por ellas, que desafiaron a su destino y se empeñaron en llevar las riendas de sus vidas, dispuestas a romper los moldes establecidos por la sociedad para ellas. Pero no es la única, ya que No me llames loca es una novela en la que las mujeres tienen gran importancia y, cada una desde su lugar, responden a aquellas mujeres que, en su día a día, empiezan a reivindicar su lugar, aunque en algunos casos siga pesando sobre ellas la presión social.

No son pocos los personajes que nos vamos a encontrar en la novela, y aunque no todos tienen el mismo protagonismo, podríamos decir que No me llames loca es una novela coral, en la que encontraremos personajes reales y ficticios cuyas vidas se cruzan y que comparten historia e intereses en una trama en la que el gran peso de la misma recae sobre las mujeres. Unas mujeres fuertes, luchadoras, que buscarán su lugar en la vida.

Y a la par que Josep Maria Giner nos muestra la vida familiar de los Queralt-Robuster, de la mano del padre de familia y de sus amigos y socios, nos introduce en los hechos reales que tuvieron lugar en Barcelona durante los primeros años del siglo XX, retratando la agitación política del momento especialmente convulso que tiene lugar en la ciudad.

Un ambiente en el que se enfrentaban intereses personales, empresariales, reivindicaciones de los trabajadores, ideologías. Seremos testigos de una guerra sucia que se sustentaba en la acción-reacción que constantemente daba al traste con las intenciones negociadoras de los más moderados. Un retrato en el que aparecen hechos históricos y personajes públicos reales perfectamente integrados en la trama.

También encontramos en la narración detalles curiosos de aquella Barcelona, como la existencia de las carassas, reclamos para indicar donde estaba localizado un burdel, el traslado piedra a piedra del convento de Santa María de Junqueras al lugar que hoy ocupa, o que la Fonda Collado sirviera almuerzos y cenas a los presos anarquistas de la Cárcel Modelo durante un tiempo.

Es importante papel que Girona da a los libros a lo largo de la novela, como fuente de conocimiento e información que faculta para el discernimiento otorgando poder para elegir y como fuente de cultura, siempre necesaria. Libros como los que, sin duda, el autor ha utilizado para llevar a cabo la gran labor de documentación que se percibe entre estas páginas.

En conclusión, No me llames loca es una loa tranquila y sin estridencias al empoderamiento de la mujer en una sociedad encorsetada por las normas sociales. Una historia que pone en valor el poder de los libros y la cultura. Una trama ambientada en una ciudad que pasa por momentos de gran agitación social y política. Una lectura agradable y entretenida que no te arrepentirás de haber tenido en tus manos.

FICHA DEL LIBRO