NUESTRA OPINIÓN …

No es la primera vez ni será la última que nuestra programación lectora salta por los aires. De pronto llega un libro a tus manos con un título seductor, ves la cubierta y lees por encima la sinopsis no vaya a ser que diga más de lo que debe, y sientes esa necesidad que surge, no se sabe de dónde, de no esperar ni un minuto más para ponerte con su lectura. En este caso la culpa la tuvo Nenúfares que brillan en aguas tristes de Bárbara Gil.

En el pazo de un importante industrial textil se celebra una fiesta de cumpleaños de la que los más jóvenes disfrutan en la playa privada. Irina cumple 13 años y uno de sus hermanos que también cumple unos días después.

Cuando ya va siendo hora de que la fiesta termine para ella, antes de subir a la casa se encuentra con un hombre que le entrega un amuleto al que podrá pedir un deseo, según le dice el desconocido, y después deberá encontrar a su dueña para devolvérselo.

Años más tarde, cuando Irina ya había olvidado aquel episodio, preparando un regalo para su padre, encuentra una foto en la que una mujer que está con él, lleva aquel mismo colgante puesto ¿Quién será ella? ¿Qué tenía que ver aquel hombre de la playa con su padre y con la mujer de la foto? ¿Será esa mujer la madre de su hermano Sagor, hijo ilegítimo de su padre? Son muchas las peguntas que se hace pero todo lo que tiene que ver con el origen de su hermano es un tema tabú en su familia y que altera tremendamente a su padre, negándose siempre a hablar sobre el asunto.

Irina persuade a Sagor de la necesidad de ir a Bangladesh para encontrar a la que puede ser su madre y conocer esas respuestas, así que, ocultando sus verdaderos propósitos, logran convencer a Ernesto y acompañarle en el viaje de negocios que tiene que realizar a ese país. Un viaje al que también se unirá Lucas el otro hermano de Irina. Un viaje de la familia al completo.

Lo que no sospechan es que ir a Bangladés no va a ser tan idílico ni va a tratarse de una aventura, como esperaban, en el que encontrar las respuestas a sus preguntas, sino que va a suponer para ellos una bofetada de realidad y un viaje que, sin duda, les cambiará la vida.

Nenúfares que brillan en aguas tristes es una novela de secretos, de relaciones familiares, emociones, amor, descubrimiento personal, y también una crítica hacia la sociedad consumista e hipócrita en la que vivimos,  y sobre la explotación que sufren los trabajadores en países pobres, a la vez que una defensa del medio ambiente.

Irina y sus hermanos viajarán desde Vigo donde disfrutan de una buena vida, confortable, sin problemas, llena de caprichos y sin responsabilidades, a Bangladés, un viaje en el que se enfrentarán a la gran pobreza de un país que subsiste casi absolutamente gracias a una industria textil, en la que trabajan mayoritariamente mujeres, por míseros sueldos y en condiciones muy precarias y sin ninguna clase de derechos. Un país que además está tremendamente contaminado debido a la polución que generan esas industrias, los desechos que producen y los productos químicos que se utilizan.

Un país de luces y sombras, donde hay lugares tan maravillosos como las colinas verdes del té o Cox’s Bazar, al sur de Chittagong, la playa más larga del mundo y otros tan horribles como el Cementerio de los grandes buques, donde se amontonan muchos grandes barcos para su desguace, un lugar que no es fácil visitar, como queriendo esconder el horror que allí existe.

Me gusta la descripción tan fotográfica que Bárbara Gil hace de Bangladesh, mostrándonos unos parajes a los que el lector accede gracias a la manera en que los describe y que, aun sin hacerlo con gran proliferación de palabras o minuciosidad, estamos viendo esa imagen nítida, y logra que el lector no sólo tenga la sensación de estar allí y de ver lo mismo que los protagonistas, sino también apreciar hasta el detalle más mínimo, los matices de los colores, las sombras, la luz, los sonidos, los olores, y hasta captar las sensaciones.

No son pocos los personajes que encontramos en esta novela, pero el mayor protagonismo se lo lleva Irina, una joven que no llegó a ser la gimnasta que había soñado porque lo que su padre espera de ella es que se incorpore al negocio familiar, para lo que estudia diseño. Pero Irina es una rebelde que muestra su insumisión en los diseños que realiza, o siguiendo con su entrenamiento de gimnasta a escondidas. Una rebeldía que también exhibe en otros detalles de su vida, como la decoración de su habitación o en ese pequeño vicio que tiene cuando va de compras a las tiendas de su padre o a las de otras prestigiosas firmas.

Una Irina a la que le cambiará la vida en Bangladesh, donde se le caerá encima la realidad al encontrarse cómo funcionan las cosas en ese país, con el día a día de la gente, la miseria en la que viven, sus condiciones de trabajo y cómo influye en sus vidas el negocio textil gracias al cual ella puede gozar de la vida cómoda y regalada que ha llevado hasta entonces. Un personaje en el que apreciaremos una gran evolución.

A través de una novela muy bien escrita, con una trama bien estructurada, en la que al principio, para mi gusto, le falta un poco de ritmo, la autora nos ofrece una crítica, a la vez que nos plantea el dilema que se cierne sobre la situación por la que atraviesa ese país en cuanto a la explotación laboral y el abuso a la hora de contratar mano de obra muy barata, la contaminación mediambiental que provoca la industria textil o, por otra parte, dejar de ser un país tan empobrecido y tratar de salir adelante económicamente, gracias a los beneficios que esa misma industria genera.

Nenúfares que brillan en aguas tristes es una novela que puede satisfacer a muchos tipos de lectores, ya que en ella podemos encontrar diversos géneros. Es una historia en la que encontraremos misterio, amor, crítica social, un toque de atención sobre el consumismo; disfrutaremos de una ambientación espléndida y unos personajes bien dibujados. Es una novela con la que disfrutar de unas cuantas horas de agradable lectura.

FICHA DEL LIBRO