NUESTRA OPINIÓN …

Los sabores perdidos de Raquel Martos llevaba en mi estantería mucho, pero que mucho tiempo, demasiado, y, el otro día, al elegir lectura, decidí dar un cambio de rumbo después de tanta novela negra y policial y optar por algo un poco más «agradable». No puedo estar más contenta con la elección. En estos tiempos de incertidumbre constante, Los sabores perdidos ha sido un remanso de paz, un bálsamo. Eso sí, no apto si estáis a dieta porque las recetas (porque sí, también hay recetas de la chef Gabriela Tassile) son para chuparse los dedos.

No es un secreto para nuestros seguidores que nuestra otra gran pasión es la cocina, de hecho, muchas veces os recomendamos también libros de cocina y ahora en Instagram os hemos pasado a recomendar de vez en cuando aquellos restaurantes que visitamos y que nos parece que merecen la pena. Una novela con la cocina integrada, no podía fallar.

En Los sabores perdidos encontramos a Mayte, una cocinera que decide dar una vuelta más a esto de los cursos de cocina tan de moda últimamente y crear un curso de cocina emocional. En él se trata de que los participantes le hagan llegar en los días previos al curso una receta que les provoque algún recuerdo memorable y que quieran aprender a hacer. Parece fácil pero, en este caso, no solo la elección de la receta no es una tarea sencilla sino que además, después habrá que explicar el porqué de la elección.

Y así empieza esta historia en la que viviremos los dos días que pasan desde la llegada de los siete integrantes del curso a casa de Mayte (un paraje idílico fuera de la ciudad) hasta la marcha de todos ellos. Serán dos días intensos en los que las emociones estarán a flor de piel con cada historia porque las personas que componen este curioso grupo no pueden ser más distintas entre sí, aunque algunos de ellos vengan juntos como la pareja formada por Luz y Mikele o las amigas Elvira y Amina.

Podemos decir que Los sabores perdidos es una novela totalmente coral ya que todos los personajes tienen prácticamente el mismo peso en la historia. Raquel Martos no se detiene en la descripción de cada uno sino que serán ellos, mediante sus comentarios y, sobre todo, mediante la historia de sus recetas (y de su vida por consiguiente) quienes nos darán los detalles para que podamos componerlos de manera perfecta en nuestra cabeza.

Como en la vida misma, en este grupo hay un poco de todo: tímidos, ejecutivos agresivos, «canallas», graciosos, conciliadores…. pero eso es solo la fachada… detrás de cada uno de ellos hay mucho más como iremos viendo en esta historia en la que todos, incluida a Mayte, tienen mucho que contar.

Unos personajes de esos que te acompañan hasta unos días después de acabar el curso, el libro en este caso, ya que son de esos que calan dentro, que con sus historias te hacen cogerles un cariño que traspasa en muchos casos las hojas del libro. Yo personalmente, casi espero un segundo curso de este particular curso.

El otro elemento omnipresente a lo largo de toda la novela es la comida como no podía ser de otra manera. La cocina, como lugar y como elemento gastronómico, es un personaje más de la historia: el sentimiento que cada uno de los personajes tiene hacia ella, su relación hasta entonces con la misma (porque querer cocinar no es lo mismo que saber hacerlo) y la propia elaboración de las recetas (mezclada en algunos casos incluso con un poquito de historia de algunos de los platos) es la otra gran parte de la novela que, aún siendo una receta como tal, no rompe para nada el ritmo de la novela por la manera en la que está escrita. Mi más sincera enhorabuena porque no es tarea fácil que haya ocho recetas (en realidad diez si contamos la de la autora-cocinera Raquel Martos y cocinera-autora Gabriela Tassile ) perfectamente detalladas y que no te las quieras saltar para seguir leyendo la historia. Por supuesto, no quiero dejar de decir, que sin lugar a dudas haré, no sé si todos, pero sí la gran parte de los platos que aparecen en esta novela. Algunos no los conocía, otros los he hecho con otras recetas, pero elaboraré las recetas que aquí se mencionan al pie de la letra (y con kilos de amor).

Igual que los sabores están en nuestra memoria hasta tal punto que nos transportan a un momento determinado, como quiere hacer Mayte con cada uno de los participantes, los olores, en general, también nos transportan a lugares o instantes concretos de nuestra vida y en esta novela, el olor a hogar, a guiso, a especies y al amor que se desprenden han llegado a mi nariz.

Como dice la protagonista, todo lo bueno, casi siempre, sucede en torno a un plato de comida, la elegimos para dar buenas noticias y para paliar el dolor de las malas y es por eso que casi siempre, hay un plato relacionado a un momento y sobre todo, hay una receta especial en la vida de todos, esa que sabe a casa, esa que te hace sonreír.

Por último, no quiero dejar de mencionar el otro elemento tan presente en la novela, la música. Al igual que la hubo en la presentación de la misma, esta novela tiene una banda sonora apta para todos los gustos y estilos y no es sino un elemento más para sonreír mientras la lees.

Decir que me ha gustado esta novela es quedarse corto. Los sabores perdidos es lo que necesitaba en este momento. Los sabores perdidos es la manera de transportarte a otros momentos, a revivirlos y porqué no, a empezar a crear otros con nuevos sabores. Una novela sobre cocina, emociones y recuerdos que te aconsejo que no te pierdas.

FICHA DEL LIBRO

FRAGMENTO

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