Las máscaras

Universo de letras, enero 2022

Las máscaras. La verdad no es aparente y lo aparente no es la verdad.

«Cuando nos conocimos, mi máscara era la de macho, porque aún no había descubierto cómo gestionar lo que siento, pero poco a poco he ido descubriendo mi camino». Esta frase, seleccionada con mimo, resume a la perfección el mensaje desnudo que lanza Las máscaras, una excitante novela de narrativa erótica que promete emociones fuertes, hasta elevar la temperatura corporal de sus lectores. Su autor responde por el nombre de Rafael Rodríguez Guerrero, y es un fotógrafo y escritor venezolano que ha
sido considerado como la voz latinoamericana más relevante en cuanto a la narrativa erótica se refiere.

El Grupo Planeta, de largo el más influyente en la edición de libros en lengua española, ha decidido llevar a cabo una notable apuesta por esta obra tan… candente.

Regresemos brevemente al título de la novela (Las máscaras) para repasar en el diccionario de la Real Academia cuál es la primera acepción para tan sugerente vocablo. «Figura que representa un rostro humano, de animal o puramente imaginario, con la que una persona puede cubrirse la cara para no ser reconocida, tomar el aspecto de otra o practicar ciertas actividades escénicas o rituales». Precisamente, el sentido de este libro es una invitación al lector para apartarse de hipócritas convencionalismos
sociales y mirarse en el espejo para descubrir cuáles son realmente sus (confesables) deseos en torno a la lujuria.

El tono de la narración sabe poner negro sobre blanco, con maestría de novelista experto, las pulsiones que suelen ocultarse tras las máscaras con las que todos nos escondemos. ¿Y de qué va la obra? Sin ánimo de destriparla, diremos solamente que su protagonista, Benjamín, es una persona que vive la vida de forma libidinosa y apasionada. Ni siquiera una cirugía que le merma su potencia sexual lo va a frenar.

¿Un vistazo a lo que encierran sus páginas? Vamos allá: «Me la imaginé examinándome con la bata blanca abierta mientras mis manos tocaban sus intimidades. En mi sueño vi cómo dejaba de examinarme, cerró los ojos y abrió sus piernas cuando me arrodillé frente a ella para saborear su preciosa fruta». Si usted quiere sudar, ya sabe a qué novela dirigirse…

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