El día 21 de abril se celebraba en Madrid La noche de los libros y con tal motivo estaban programados multitud de actos.
Uno de ellos, aunque algo antes de que fuera realmente de noche, fue el que tuvo lugar en el Museo del Ferrocarril, donde en el vagón restaurante se celebró un encuentro con la escritora Rosario Raro para hablar de su novela Volver a Canfrac.

Precisamente el día 21 se celebraba el 25 aniversario del primer viaje del AVE Madrid-Sevilla y ese día para aunar los dos acontecimientos la visita al Museo del Ferrocarril se podía hacer de manera gratuita siempre y cuando se llevase un libro. Algo a lo que Rosario Raro no pudo dejar de hacer mención, señalando que al fin y al cabo un libro es un pasaporte para viajar a otro mundo, a otra época, ya que la literatura tiene el poder de transportarte.
Indudablemente que tuviera lugar un encuentro como éste en este vagón restaurante, un coche histórico, el R12-12954 de la Compañía Internacional Wagon Lits, situado una antigua estación estaba más que justificado, dada la importancia una estación (la de Canfrac) y los trenes tienen en la novela de Rosario Raro. Además allí se señaló que toda novela o película en la que aparezcan los trenes tiene el éxito asegurado.Yo no sé si esto será verdad, pero desde luego con Volver a Canfranc esto se ha cumplido

Tras unas palabras de Carlos Abellán Ruiz, Director de este museo ferroviario, Rosario agradeció al Museo la oportunidad de poder realizar esta presentación/encuentro apuntando que era una buena forma y un excelente lugar para empezar La noche de los libros. 


La autora comenzó hablando de la Estación de Canfrac, lugar donde se desarrolla la novela. La estación, que se encuentra a 4 Km del pueblo de Canfrac, tiene 250 metros de andén y un edificio con 365 ventanas, tantas como días tiene un año, que albergaba lujoso hotel que hasta gozaba de agua corriente en todas las habitaciones, resultando un excelente escaparate para todo el que llegaba a España en aquella época, aunque luego no se correspondiera del todo con la situación en la que se encontraba el resto del país.
Todos los años el 18 de julio se celebra la inauguración de esta Estación que tuvo tanta importancia, intentando recrear el ambiente que se vivía entonces, leyéndose los mismos discursos inaugurales que aquel día.
Rosario nos contó muchas cosas de la novela y que le habían sucedido a raíz de la misma, añadiendo que está muy agradecida a la acogida que ha tenido esta historia tanto por los lectores, los blogueros y los libreros haciendo que con su difusión y el boca a boca dos años después se encuentre todavía en las mesas de las librerías, en una época en que unas novedades son remplazadas por otras a gran velocidad y en la que es tan difícil mantenerse.
La idea de la novela surgió de una visita guiada a la Estación de Canfranc, ya que durante la misma le dio la impresión de encontrarse dentro de la historia. Después empezó a investigar y a leer todo lo que caía en sus manos sobre esta estación y lo que en ella sucedió.

Cómo muchas personas para las que Canfranc había sido un lugar de paso en su huida del horror nazi cuando eran unos niños volvían allí ya que se trataba del lugar donde habían salvado su vida y tan importante para ellos, resultando ahora, otra vez, el lugar de paso en busca de sus orígenes en un viaje en sentido contrario al que habían realizado muchos años atrás. El título de la novela era obligado.

Una vez terminada la novela y cuando se iba a publicar, como había localizado a Víctor Fairen Le Lay, nieto del protagonista, se puso en contacto con él ya que, aunque había cambiado el nombre, se creía en la obligación de comentarle que su abuelo aparecía en la novela y enviarle el primer ejemplar, por eso cuando en la Feria del Libro de 2015 le vio acercarse sonriendo, supo que había superado la prueba, ya que con anterioridad Víctor Fairen le había comentado a Rosario que se iba a encontrar muy extraño leyendo sobre su abuelo.
También nos contó que los primeros ejemplares de la novela se distribuyeron a Canfranc para que pudiese estar allí el mismo día de su salida a la venta.
Además comentó que estaba emocionada por todo lo que había generado la novela, desde un poema que nos leyó, dedicado a uno de los personajes de su novela, obra de Yolanda Rocha (que se encontraba allí), o que alguien se hubiera tatuado en el brazo una frase del libro («La esperanza no puede perderse ni siquiera en último lugar»), o que hubiese tanta gente que quisiera conocer la Estación de Canfranc y los escenarios de la novela ya que se conservan prácticamente todos los que aparecen en ella, y más de uno ha paseado por el «Paseo de los melancólicos» y ha encontrado en él los efectos terapéuticos que se le atribuyen.
Antes de despedirnos todavía hubo lugar para hablar en líneas generales de la nueva novela de Rosario Raro, La huella de una carta, que se publicará a finales de mayo, a algunas preguntas y a las firmas de rigor para quien todavía no tuviese su ejemplar firmado.

Muchas gracias a Rosario y al Museo del Ferrocarril por hacer posible este agradable encuentro.
     

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