LA MANIOBRA DE LA TORTUGA – Benito Olmo

LA MANIOBRA DE LA TORTUGA – Benito Olmo

NUESTRA OPINIÓN …

Abrir La maniobra de la tortuga de Benito Olmo y encontrarme con una carta de presentación como el prólogo de César Pérez Gellida, fue suficiente para convencerme de que lo iba a encontrarme de ahí en adelante iba a ser bueno, y que estuviese prácticamente segura de que no me había equivocado en adentrarme en sus páginas.

Está claro que como entrante estaba muy bien, pero ahora Benito Olmo tenía que convencerme a través de su historia y sus personajes que el resto de los platos y el postre, aunque la disposición era buena, estaban a la altura y había merecido la pena dedicarle unas cuantas horas de lectura.

Ya os adelanto desde ahora que sí, que se ha ganado a pulso cada una de las recomendaciones que como la mía, os vais a encontrar aquí y allá, y os recomiendo que no pospongáis más su lectura, si estáis pensando en leerla y si no, desde aquí os animo a hacerlo.

Benito Olmo nos traslada a su Cádiz natal para mostrarnos la otra cara de la ciudad tan alejada de sus fabulosas playas, su ambiente alegre y su luz que siempre nos encontramos en las promociones de esa ciudad.

Y en una comisaría de esa ciudad nos encontramos con Manuel Bianquetti, un Inspector de Policía que ha sido destinado allí a modo de castigo y donde no se encuentra precisamente a gusto. Ni él ni su trabajo son apreciados. Es más, él siempre ha sido un buen investigador, hasta que sucedió lo que sucedió, y ahora se encuentra infravalorado y cumpliendo (aunque quizás sea mucho decir) con labores administrativas.

Pero todo va a cambiar cuando aparece el cadáver de Clara, una joven que presenta claros indicios de que a alguien se le fue la mano. Bianquetti va a encontrar en este asesinato, el motor que le haga salir del desinterés y la indiferencia en que se ha instalado, removiendo tanto a su persona como al investigador que lleva dentro, que no puede quedarse quieto viendo como sus superiores quieren cargar las culpas sobre quien es más sencillo hacerlo, sin buscar donde puede encontrarse el verdadero culpable.

Benito Olmo nos presenta una trama muy bien armada, sin fisuras, con una historia que transcurre en un espacio muy corto de tiempo, cuya narración comienza adelantándonos unos hechos, para continuar la misma unos días atrás y que así vayamos poco a poco viendo cómo este investigador, cuya corpulencia haría pensarse dos veces a cualquiera meterse con él, ha llegado a ese punto, consiguiendo con este golpe de efecto que ya desde las primeras líneas no podamos soltar la novela.

Al mismo tiempo nos vamos a encontrar con otro hilo argumental totalmente ajeno a la investigación que Bianquetti está llevando a cabo. Entre ambos no vamos a encontrar  ningún vínculo y Benito Olmo va a ir avanzando en ambas, saltando de uno a otro sin que, en un principio, seamos capaces de vislumbrar como pueden llegar a unirse, pero el autor lo consigue siguiendo una línea natural, sin sacarse nada del bolsillo y como pasan las cosas en la vida, de la manera más sencilla.

Además, Benito Olmo con esta alternancia y el momento en que las interrumpe para pasar a la otra, crea el ansia de seguir conociendo que es lo que va a suceder después en ambas, con lo que el lector cae en la trampa de no querer interrumpir la lectura.

Qué decir de Bianquetti, un personaje que en un primer momento me pareció un tipo un tanto extraño, pero al que poco a poco he ido entendiendo y que ha ido ganándose mis simpatías de forma que, aún con sus métodos poco ortodoxos, ha hecho que me pusiera enseguida de su lado.

Y es que el autor sabe dibujar personajes, hacerlos reales, de carne y hueso. Y no sólo a Bianquetti, también a Cristina, la protagonista de la otra trama, y a todos y cada uno de los secundarios que pasan por las páginas de La maniobra de la tortuga, que podríamos encontrarlos, sin dificultad, entre las personas que nos cruzamos a diario por la calle.

En conclusión, Benito Olmo ha logrado escribir una novela muy entretenida, que capta nuestro interés desde las primeras páginas y consigue, sin ninguna dificultad, mantenernos pegados a ellas hasta llegar al final; con un ritmo que sin ser trepidante no pierde fuelle y va ganando en intensidad; y en la que dota a sus personajes y las relaciones entre los mismos de gran sinceridad. Y todo ello en una trama trabajada con cuidado, sin dejar nada al azar y en la que se lleva a un desenlace lógico, creíble y honrado, al que no se llega sin más.

Esperemos que Benito Olmo se decida y podamos seguir disfrutando de las aventuras de este investigador tan peculiar que se ha ganado todas mis simpatías. Me encantará volver a encontrármelo.

 
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