NUESTRA OPINIÓN …

Cuando nada o muy poco se había oído o leído sobre este libro, recibí un mensaje en mi correo electrónico ofreciéndome su lectura.

No se puede negar que el título llama la atención y su portada es atractiva, pero cuando me informé un poquito y vi que transcurría en la Segunda Guerra Mundial y la ocupación nazi, no tuve ninguna duda de que iba a decir que sí, que lo quería leer. Y es que hay escenarios o temas en los libros a los que me resulta muy difícil resistirme.

Esta novela ha supuesto para mí toda una sorpresa. No pensaba que me iba a encontrar lo que encierran sus páginas.
Son mucha las novelas que podemos encontrar que tienen como escenario la Segunda Guerra Mundial, novelas que me gustan y que no dudo en leer, pero hasta el momento no me había encontrado nada parecido a La luz que no puedes ver. En ella encontramos un enfoque totalmente diferente al que estamos acostumbrados a encontrar en las novelas que tratan sobre este tema.
 
En La luz que no puedes ver me he encontrado una novela original en varios sentidos. En la forma de enfocar la historia, en la forma en que está narrada, en que, sin ser una novela con un ritmo trepidante, te mantiene enganchada a sus páginas y, aunque posiblemente te gustaría que la acción transcurriera más rápido, sin embargo no quieres que sea así, quieres disfrutar de lo que te cuenta y cómo lo cuenta y descubres que tiene el ritmo preciso, el que la hace especial, porque además no dejan de suceder cosas.
Lo importante en La luz que no puedes ver no es el tema de la guerra, aunque indudablemente está ahí y todos los personajes se ven afectados por ella, sino los que la viven, como se tienen que enfrentar a ella, como se ven inmersos en unas situaciones y una forma de vida por la que nunca hubiesen sospechado que tendrían que pasar. Cómo se ven atrapados en esa sinrazón y cómo influye en sus vidas, y cómo son testigos de que esa misma guerra puede sacar lo peor y también lo mejor de las personas.Anthony Doerr ha creado unos personajes muy reales, entrañables, que calan en el lector y, en muchos casos, con una ternura que los hace inolvidables.

Es imposible no quedar prendado de Marie-Laure, la joven ciega que es un ejemplo de superación, a la que le gusta saber y aprender aprovechándose de que su padre trabaja en el Museo Historia Natural y algunos doctores que trabajan en el museo le dedican su tiempo, sobre todo el doctor Geffard. También es importante para ella leer y devora los libros en braille que su padre le regala de Julio Verne.

O Werner ese muchacho huérfano que, junto con su hermana Jutta, vive con otros huérfanos y que sabe que su destino, como el de su padre y el de todos los habitantes de Zollverein será la mina y posiblemente morir en ella. Sin embargo, el hallazgo de una radio averiada junto con su don para arreglar cualquiera de esos aparatos que caiga en sus manos cambiará su futuro.

Dos jóvenes que viven una vida que no debiera haber sido la suya y que, cada uno a su modo, cada uno con sus limitaciones, tienen inquietudes, quieren saber, sienten curiosidad y se esfuerzan por aprender.

Me ha gustado mucho la forma de narrar del autor, esa forma por la que nos lleva a meternos en la piel de los personajes y a captar sus sensaciones. Somos capaces de contar alcantarillas y doblar esquinas, percibir los aromas que nos salen al paso, leer a Julio Verne pasando los dedos por el braile bajo la mesa de su padre en el Museo, o tocar y perdernos por los contornos de las casas de la maqueta, las piedrecillas, las conchas que Marie-Laure coloca y ordena o de cualquier objeto de cae en sus manos. O cómo era capaz de trasladarme a esas noches en que Werner y su hermana escuchaban aquellas narraciones que les llegaban en francés a través aquella voz que les atrapaba y con las que tanto aprendían; o lograba ser parte de Wener cuando se quedaba mirando los aparatos de radio averiados, y sometiendo a un intenso escrutinio todos sus cables y casi sin tocarlos sabía que había que hacer para repararlos.

Podría estar enumerando muchos escenas más, pero esta reseña se haría interminable. Es impresionante la forma en que el autor nos transmite sensaciones, escenas, imágenes, hechos, detalles sin explayarse, de forma precisa y certera, no sobra pero tampoco falta, realizando un retrato veraz, con una narración que en algunos casos llega a ser poética.

Como no podría ser de otra forma, ya que La luz que no puedes ver transcurre durante la Segunda Guerra Mundial, es una historia dura, en ocasiones hasta brutal, pero a la vez es delicada, emotiva, bella.

El autor utiliza una estructura compleja de capítulos cortos en los que se van alternando la vida de los dos protagonistas, retrocediendo y avanzando en el tiempo continuamente, para que vayamos conociendo como han llegado hasta allí, para finalmente confluir las dos historias. Pero lejos de que este formato narrativo suponga un freno o una dificultad para el lector, lo que hace es dotar al relato de una gran agilidad además de propiciar una intriga que nos incita a querer avanzar en su lectura.

Espero poder haber transmitido con claridad todo lo que me ha gustado esta novela, lo que me ha transmitido y lo que os vais a encontrar en ella,  y así conseguir que os animéis con su lectura, pero es curioso que, con todo lo mencionado anteriormente, me haya costado tanto realizar la reseña y plasmar aquí mis impresiones. 



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