La ira

Caligrama, enero 2023

La ira, la imprescindible y perturbadora novela, todo un campo de batalla, de los «esperpentos 2.0»

Editorial Caligrama pone en el mercado una obra sin concesiones, a medio camino entre la transgresión y la melancolía… con un toque valleinclanesco.

Comencemos por echar un vistazo al diccionario de la Real Academia de la Lengua. Cuando buscamos el término «ira», nos encontramos con las siguientes acepciones: «Sentimiento de indignación que causa enojo. Apetito o deseo de venganza. Furia o violencia de los elementos de la naturaleza. Repetición de actos de saña, encono o venganza». Todas suenan perturbadoras. Tal vez sea esa la naturaleza de La ira, una novela luminosa, literatura de muchos quilates, plena de mirada larga y de una envergadura que hace rememorar aquella famosa sentencia que expresó el premiado Abel Posse: «La literatura, cuando se lleva a cabo como es debido, solo puede entenderse como un acto de insensatez».

La Editorial Caligrama ha decidido apostar por esta obra, una ópera prima de un licenciado en Bellas Artes que ha sorprendido a la crítica especializada por lo descarnado de su prosa, una manera de narrar de forma desbocada, sin el más mínimo remilgo o concesión. Ha llegado la hora de decir adiós a los edulcorantes y arrostrar una lectura únicamente al alcance de lectores valientes, capaces de mirar a la trastienda de los olvidados sociales.

La trama nos habla de un puñado de personajes, casi deshechos de la sociedad, que exhiben su desasosiego, su soledad, su ira, su afán de trascendencia y sus fetichismos en un pedazo de tierra yerma, detrás de un supermercado. Surgirá un tullido deseoso de que arribe el apocalipsis invocando la venida de ángeles rabiosos; también asistiremos al proceder de una artista marginal que practica lucrativos fetichismos sexuales con vehículos de alta gama; conoceremos una youtuber que clama al horror existencial a través de máscaras digitales; surgirá un ufólogo que urde nuevas formas de adoración y de misterio; un chico de barrio que cultiva mil formas de resentimiento y que se convertirá en guardián de la inocencia… y muchos otros más que nos recuerdan a lo que el maestro Valle-Inclán bautizó como esperpentos. Ha llegado la hora de leer una narración tremendamente mordaz.

Un botón de muestra, alejado del destripamiento, para corroborar el nivel y la crudeza de una narración capaz de marcar un antes y un después en la vida de sus avezados lectores: «Esa perra con la que se casó tu hermano tiene la culpa. Siempre supiste que era una ramera disfrazada de beata. Si al menos pudieras largarte de aquí. ¡Dios! Todos se han marchado. O se han casado y han comenzado lejos una nueva vida. Hasta ese retrasado que tapió media ventana de su cocina se fue a vivir con una mujer. Deberías haberle denunciado. Moros, latinos, rumanos: todos salen adelante en sus pocilgas. Se compran coches nuevos. Trabajan en lo que sale. Tienen hijos y más hijos, los ves corretear entre los coches aparcados, espiarte tras los cubos de basura. Pero ninguno de ellos estaba aquí cuando todo esto era un erial y solo había zanjas y corrales». ¿Es una novela políticamente incorrecta? Afortunadamente, la respuesta es un rotundo «sí».

M. A. Otero licenciado en Bellas Artes y profesor de Artes Plásticas y Diseño. A mediados de los años noventa, la lectura de Rilke, Proust y Borges transformó irremediablemente su vocación artística en literaria. Ha escrito relatos, poesía y novela. La ira es su cuarta novela y la primera en ver la luz. En la actualidad está trabajando en una próxima entrega

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