NUESTRA OPINIÓN …

Los que nos leéis ya sabéis que en multitud de ocasiones nos dejamos llevar por la intuición, por una portada, un título, aunque muchas veces no sepamos mucho más de la novela, ni conozcamos a los autores.

Eso fue lo que me pasó en este caso. Una novela que estaba enclavada dentro de la novela histórica, una portada que me llamaba muchisimo la atención y un título que daba nombre a una novela en la que podía encontrar muchas cosas: una profesión, el amor por la cocina, un arte, etc. Porque la cocina puede dar cabida a sensaciones, culturas, emociones, y, por tanto, quien se dedica a ella, sea de la forma que sea, se impregna de ellas.

Entre las páginas de La cocinera nos vamos a encontrar la vida de Constança, una mujer que luchará por lo que más la gusta y para lo que siempre se ha preparado: ser cocinera, algo para lo que además tiene un don especial.

La novela, que está dividida en cinco partes, está narrada en tercera persona excepto los capítulos 4 de cada parte, en los que Constança toma la palabra para hacernos participes de sus recuerdos en Lima, más concretamente,  algunos momentos de los que compartió con Ikay a orillas del río Rímac, alguien muy importante en su vida, a quien debe muchas enseñanzas que la ayudarán a lo largo de su vida, y al que no deja de añorar.

Cuando en estos capítulos Constança toma la palabra para dar rienda suelta a sus recuerdos es cuando más empatizamos con esa niña/adolescente. Una muchacha que se apoya en Ikay para salir de la tristeza de la muerte de sus padres y que siempre será un referente en su vida.

Y es que nos vamos a encontrar con unos personajes muy bien dibujados, tanto los que están más presentes en la novela como aquellos otros, como Ikay o Antoine Campell, que aunque no formen parte de la acción de la novela la sobrevuelan haciéndose patentes.

Me ha gustado ese carácter luchador de Constança, una mujer que sabe que lo que vale y sabe lo que quiere y lucha por ello, que no se amilana ni se deja vencer, aunque muchas veces las cosas se le pongan muy difíciles y parezca que se va a rendir. Es luchadora e intenta hacer frente, dentro de las posibilidades que le imponen la sociedad, su condición de mujer y no pertenecer a la clase noble, a las injusticias y a todos los obstáculos que se encuentra por el camino. Es un personaje en el que vamos a ver muy claro la evolución que sufre a lo largo de los años, desde que inicia ese viaje desde Lima y durante toda sus años en Barcelona.

Pero es que ningún personaje de La cocinera nos va a dejar indiferente ya que todos están dotados de emociones y nos van a hacer sentir cariño, aversión, simpatía, antipatía, añoranza, etc.

Me ha parecido sumamente original el sobrenombre que ha puesto la autora y por el que todo el mundo conoce en Barcelona a Pierre Bress, de quien todo el mundo desconoce su nombre real, y que recoge totalmente la personalidad de este personaje: Monsieur Plaisir; ese individuo que busca unir, en cierta forma, el placer sexual y el de la cocina como fuente de exaltar los sentidos.

Los sentimientos, las emociones y las sensaciones son otros de los pilares importantes de la historia. Toda la novela está impregnada de ellos y son la principal fuente de inspiración de Constança a la hora de elaborar sus recetas. Esas recetas mágicas que la hacen sentir poderosa, a las que nadie puede resistirse y para las que tiene un don especial.

«Para ella la cocina era más que un trabajo, era su manera de poner en orden las emociones; era un espacio de introspección y de conexión con ella misma donde cada ingrediente se convertía en una reacción, una sensación, una intuición, un sentimiento. Ahora lo necesitaba para dar curso a una serie de razonamientos que, de otra manera, no se veía capaz de articular».

Una de las cosas que más me ha gustado de La cocinera es esa forma que ha tenido Coia de plasmar como Constança es capaz de dar rienda suelta a lo que siente haciendo esas creaciones culinarias. Ese don por el cual después de una enfermedad, un disgusto o de gozar de cualquier tipo de placer, sobre todo el sexual, es capaz de transmitir todo lo que de ella emerge en sus recetas, con esa mezcla de ingredientes que le brotan de dentro como si fueran parte de sus sentidos. Cualquier cosa o situación que estimule sus sentidos la lleva a buscar ingredientes, hacer nuevas mezclas, buscar nuevas posibilidades, elaborar nuevas recetas.

Y Constança quiere ser capaz de transmitir esa emoción que ella experimenta a través de sus platos, para poder compartirla con el resto de la gente.

«Muy a menudo, cuando me encuentro delante de los fogones, cuando preparo un plato nuevo, experimento una emoción profunda. He descubierto que esto es lo que más deseo. Y necesito percibir que también soy capaz de transmitir esta emoción a los que se acercan a mi cocina».

El escenario principal de La cocinera es la Barcelona de la segunda mitad del siglo XVIII. Una Barcelona que estaba empezando a cambiar, con un proyecto que prometía convertir la Rambla en un lugar importante. Una Barcelona que bullía, donde estaba en marcha una rebelión de su población contra la vida caprichosa y regalada de nobleza y los abusos de poder.

Me ha gustado la forma de narrar de Coia Valls, con un lenguaje sencillo, que se hace ameno, quizás también gracias a esos capítulos cortos, con la cantidad justa de diálogo, que en ningún momento pierde el ritmo y una historia que no deja de plantearnos situaciones que sentimos la necesidad de saber como van a resolverse. Además yo he creído, o querido, intuir que la autora quería plasmar en la narración una especie de paralelismo entre el placer de los sentidos y el placer culinario, en todas sus vertientes (creación, elaboración y degustación).

Si tuviese que ponerle un pero a La cocinera, aunque no tiene la mayor importancia ni es determinante para la historia (a mi es que me gusta que me den todo resuelto y que no queden flecos sueltos por pequeños que sean), es que en ciertos pasajes es como si quedaran cosas en el aire, aunque no influyen para el resto de la historia (por ejemplo cuando pierde las mermeladas y aunque nos suponemos la bronca que debió montarle su abuela al final nada nos cuenta de ello). Es como ese guiso del que estás disfrutando de sus aromas y hasta has colaborado en su elaboración y al final no terminas de disfrutarlo. Pero, como en todo, esto son apreciaciones mías.

FICHA DEL LIBRO

FRAGMENTO

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