Caligrama, diciembre 2019

La corrupción y la honestidad política en el punto de mira de Fantasmas Voraces de Eugenia García. Un libro que habla de la huida y el reencuentro como formas de recuperar los ideales perdidos. La autora crea un duelo entre el poder y la libertad.

La editorial Caligrama publica Fantasmas voracesEugenia García, natural de Buenos Aires, construye con maestría una historia que habla de las equivocaciones y también del derecho a empezar de cero. Un político que deberá desenredar los nudos que le impiden seguir hacia adelante con su vida, un pueblo que abraza al que desea volver y la familia que prefiere no hacer preguntas porque las respuestas no cambiarán nada, estos y otros asuntos son tratados en una obra que apunta a ser talismán literario.

Arsenio Lestrade, un político acusado de corrupción, decide esconderse del acoso mediático en un pequeño pueblo de provincia, donde pasó los veranos de su infancia. Se enfrentará así a sus amigos de entonces y a los ideales perdidos. A la vez, un joven periodista en busca de una entrevista exclusiva lo involucra en una investigación para desentrañar la muerte de un abogado con vínculos poco claros. Teresa, la tía de Arsenio, encarna el reproche moral por sus desvíos conductuales.

Esta es una novela que va de aliados y de adversarios a través de una narrativa sin grietas cuya certeza no resulta indiferente al lector. Todos los actores del texto tienen voz propia y mucho que decir sobre la culpa y el poder, y sobre cómo se relacionan ambos. Los diálogos e incluso los silencios indagan sobre la inocencia y la libertad en los casos de corrupción política. La escritora posee una afilada capacidad de analizar los sentimientos y de conducir hacia el lugar de los otros hasta el punto de que las actuaciones y reacciones no escandalizan del todo. La misión de un escritor debe ser la de borrar los límites en los que nos reconocemos y, en este caso, Eugenia García la ha cumplido de forma admirable.

Eugenia García Nació en Buenos Aires (Argentina). Se recibió de abogada y por varios años se dedicó al asesoramiento de empresas. Con el tiempo, fue alejándose de dicha actividad, realizó una maestría en Antropología Social y retomó las dos pasiones de su adolescencia: la pintura y la escritura. También organizó eventos culturales, muestras de su obra plástica, y trabajó en una ONG dedicada a políticas públicas. Fantasmas voraces es su primera novela.