Entrevista a David González

Bibiana Ripol, diciembre 2021

Con motivo de la publicación por Plataforma Editorial, del libro Un zoo en casa queremos ofreceros la entrevista a David González realizada por Mireia Recasens.

¿Qué le ha llevado a escribir este libro?

De modo general, y como sucede con todos los escritores, el objetivo que busco al escribir un libro es el de contar y compartir historias, en mi caso, historias reales sobre seres que, aun pareciendo simples y carentes de interés, cuando se analizan bajo la lupa del conocimiento científico, se muestran complejos y sorprendentes. En este libro en concreto, la finalidad ha sido la de acercar al lector medio, poseedor o no de rudimentos científicos, al desconocido e increíble mundo de los bichos que habitan junto a nosotros. Lo cierto es que se trata de una tarea complicada, por el hecho de que este libro intenta despertar el interés y la curiosidad sobre un mundo que genera grima en una parte importante de la población y que, en el mejor de los casos, para la mayoría de nosotros presenta escaso interés. Sin embargo, a través de la lectura de sus páginas no solo conoceremos organismos con una biología y unos comportamientos asombrosos, sino que también descubriremos los vínculos que compartimos todos los seres vivos de este planeta.

¿Por qué cree que hay ese temor generalizado a los insectos, arácnidos, miriápodos… cuando realmente, son mucho más pequeños que nosotros?

Creo que existen dos aspectos que, combinados, son responsables del miedo que nuestra especie suele manifestar hacia los insectos o los arácnidos. Por un lado, algunos de estos minúsculos animales han demostrado ser peligrosos para nosotros, no olvidemos que algunas especies de mosquitos o de garrapatas actúan como transmisoras de
enfermedades letales, o que ciertas arañas, en realidad muy pocas, poseen potentes venenos capaces de darnos un buen disgusto. Sin embargo, en la inmensa mayoría de los casos estos animales resultan del todo inofensivos para nosotros. Y es precisamente en el desconocimiento que muchas personas tienen sobre su peligro, donde podemos encontrar a ese segundo factor responsable del miedo que nos generan los bichos. En este libro he intentado dar una visión más completa de la microfauna con la que convivimos, de modo que aun conociendo los peligros que van asociados a algunos de ellos, entendamos que resultan ser organismos complejos, de una biología sorprendente y que la inmensa mayoría son inofensivos, cuando no beneficiosos para el ser humano.

Comenta que, en este libro, también aprenderemos rasgos de nuestra biología humana ¿Cuál de estos considera que llama más la atención?

Lo cierto es que la anterior afirmación puede resultar sorprendente, y muchos se preguntarán: ¿Qué tengo yo que ver con un insecto o con una araña? Y es que la mayoría de nosotros manejamos un punto de vista radicalmente antropocentrista, que es responsable de que nos veamos como seres especiales que se han desligado de las leyes naturales. Pero la realidad es que estamos hechos de la misma naturaleza que el resto de los seres vivos y nuestros comportamientos, aunque condicionados por la
evolución social, son un remedo de los que presentan otros organismos, incluidos esos animalillos a los que despectivamente llamamos bichos. Así, nos creemos poseedores de una capacidad comunicativa sin parangón, pero a la vez ignoramos que, en el mundo de los insectos, la comunicación, ya sea a través del olfato o mediante la elaboración de complejos sonidos y patrones luminosos, resulta ser, al menos en la consecución de sus objetivos, tan eficaz como la nuestra.

Afirma que este libro es ideal para las personas con un miedo irracional a los bichos/insectos.

Bueno, en este punto habría que distinguir entre esas personas que padecen una fobia a los bichos, y aquellas otras que, simplemente, manifiestan una aversión hacia estos
pequeños animales. En el primer caso, no me veo legitimado para recomendarles la lectura del libro y, probablemente, cierta ignorancia les resulte más tranquilizadora. Sin embargo, también soy de la opinión de que la mejor forma de eliminar un miedo, por muy irracional que este resulte ser, es conocer con cierta profundidad aquello que nos genera temor. Así, estoy seguro de que todas aquellas personas que lean el libro no van a volver a mirar a los insectos, a los arácnidos o a los miriápodos del mismo modo.
Está en contra de los insecticidas y delata su ineficacia con los insectos más peligrosos.

¿Qué propondría cómo alternativa/solución?

En realidad, estoy en contra de su uso continuado e indiscriminado, pues existen circunstancias, como una plaga o una infestación, donde los insecticidas, especialmente
en manos de profesionales, pueden resultar la única herramienta eficaz. Sin embargo, la costumbre de regar la casa con insecticidas carece de utilidad, pues en primer lugar
estamos matando, y nunca mejor dicho, moscas a cañonazos, y, por otro, eliminamos de forma indiscriminada gran parte de la microfauna que vive con nosotros y que no solo no son peligrosos, sino que además pueden resultarnos beneficiosos. Por si fuera poco, además, sabemos que insectos tan desagradables y dañinos como algunas especies de cucarachas se adaptan con facilidad al uso continuado de insecticidas, desarrollando resistencias que terminan por volverlas inmunes.

La alternativa al uso de insecticidas en el hogar vendría marcada por conocer los animales con los que podemos compartir nuestro hogar sin que nos causen molestias, y
diferenciarlos de aquellos otros a los que debemos eliminar o al menos impedir que se instalen en casa. Desde luego yo no quiero compartir mi hogar y mi familia con mosquitos, garrapatas, pulgas o cucarachas, pero no veo inconveniente alguno en que dentro de mi casa vivan las arañas de desván, los escarabajos de las alfombras o el ciempiés doméstico.

Cito textualmente: “Está en la naturaleza de los piojos resistir y adaptarse a casi cualquier condición, no en vano llevan conviviendo con nosotros desde que nuestros antepasados se irguieron sobre las dos piernas.” ¿A qué se refiere con lo de “no en vano”?

Me refiero a que los piojos son unos parásitos que han evolucionado junto a nosotros, de modo que no podemos entender la existencia de estos desagradables bichitos si no es viviendo de nuestra sangre. A diferencia de otros parásitos que nos amargan la vida, como mosquitos, pulgas o garrapatas, los piojos que tiene nuestra especie solo viven y se alimentan de nosotros. Los chimpancés poseen su especie particular de piojos y los gorilas la suya, pero los humanos tenemos hasta tres especies de piojos viviendo con nosotros: los piojos de la cabeza (Pediculus humanus capitis), los piojos de la ropa (Pediculus humanus humanus) y las ladillas (Pthirus pubis). Y lamento decirlo, pero estos minúsculos vampiros solo desaparecerán de nuestras vidas cuando también lo haga el último individuo de nuestra especie.

¿Qué opinas de las culturas que se comen los insectos? ¿Crees verdaderamente que algunos de ellos, puedan ser beneficiosos y saludables para nuestro organismo?

Desde el punto de vista nutricional no tengo ninguna duda del beneficio que nos aportaría el consumo de insectos, pues constituyen una abundante fuente de proteínas de gran riqueza biológica, a la vez que contienen muy bajos niveles de grasa y azúcares. Desde un enfoque ambiental su consumo también resultaría positivo, pues gastaríamos muchos menos recursos en forma de agua y energía en criaderos de insectos que en macrogranjas de vacas o de cerdos. Sin embargo, nunca me he comido un insecto, al menos de forma consciente, ni tengo pensado alimentarme con ellos, más que nada porque la alimentación hunde sus raíces en aspectos culturales, y con solo pensar en que pueda comerme un grillo o un escarabajo, incluso a mí, se me revuelve el estómago.

Esperamos que hayáis disfrutado de esta entrevista a David González y os animéis a leer Un zoo en casa.

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