Maeva, mayo 2021

El verano de mi madre de Ulrich Woelk, una novela clásica de verano, un homenaje a una época, a las revoluciones tecnológicas y a la luna. Una deliciosa novela de iniciación Nominada al Premio del Libro Alemán

Puede que no haya una sección especial para la novela clásica de verano en las librerías, pero debería haberla porque es definitivamente identificable como un género distinto, caracterizado por ciertas particularidades.

Para que un libro sea una novela de verano, los puntos clave de la trama deben ocurrir durante esa estación.  Un verano en el que muchas cosas cambian y en el que se suspenden las reglas habituales. La gente hace cosas que normalmente no haría. 

En la mayoría de novelas ambientadas en veranos, hay una historia de amor -tal vez un amor joven, tal vez no correspondido- y posiblemente un despertar sexual. A menudo hay una pérdida de inocencia.

Debe haber un sentimiento de transición. Nada volverá a ser lo mismo. Y a veces la historia se cuenta en forma de recuerdo. El narrador mira hacia atrás, con una pizca de nostalgia, a los acontecimientos de un verano ya lejano, cuyos efectos podrían estar todavía en marcha.

Está claro que El verano de mi madre está llamada a ser la novela de este verano.

Verano de 1969. Mientras las protestas contra la guerra de Vietnam toman las calles, Tobias, un niño de once años que vive en la periferia de Colonia, espera con ansia el primer alunizaje tripulado. Entretanto, el armonioso matrimonio de sus padres empieza a experimentar ciertos roces, y los acontecimientos se precipitan cuando una pareja comprometida políticamente se instala en la casa de al lado. A pesar de las diferencias, los padres de Tobias, más bien conservadores, entablan amistad con los nuevos vecinos. La hija de trece años, Rosa, rebelde e inteligente, no solo sabe mucho de música pop y de literatura, sino también de los asuntos del amor.

Ulrich Woelk (1960) pasó su infancia en un barrio de Colonia y estudió Física y Filosofía en la Universidad de Tübingen. Más tarde trabajó como astrofísico en la Universidad Técnica de Berlín y en la Universidad de Gottingen, actividad que compaginó con sus primeros pasos en la escritura. En 1990 publicó su primera novela, y desde 1995 está asentado en Berlín como autor y dramaturgo. En 2019 recibió el prestigioso premio Alfred Döblin.