NUESTRA OPINIÓN …

Es cierto que aunque me resista un poco, sólo un poco, cuando una novela me llama la atención, convencerme de que tengo que leerla no es muy difícil, y El Ministerio de la Verdad de Carlos Augusto Casas ha sido un claro ejemplo. Una recomendación personal hizo que la poca resistencia que ponía cayera como un castillo de naipes.

Es el año 2030. Una periodista se va a reunir con una fuente para confirmar una información que ha llegado a sus manos y que parece que hay muchos interesados en que no salga a la luz, pero lo que encuentra en esa cita no es lo que buscaba sino la muerte.

Julia es una joven que está terminando su carrera de periodismo y consigue una plaza de becaria en El observador Digital. Las relaciones con su padre, un antiguo periodista que tuvo que dejar la profesión y no pasa por sus mejores momentos desde que murió la madre de Julia, no son buenas y ya sabe que la idea de su nueva ocupación no va a ser precisamente de su agrado.

Lo que Julia no presagiaba es que la inesperada muerte de su padre, que las autoridades se empeñan en calificar de suicidio y que ella está convencida de que ha sido un asesinato, va a llevarla a una investigación que nunca hubiera imaginado y también descubrirá quien era ese padre del que ella realmente desconocía muchas cosas.

Carlos Augusto Casas en El Ministerio de la verdad, nos traslada a un mundo habitado por una sociedad siempre con prisas, con los ojos continuamente puestos en las pantallas de los móviles y las tablets, donde las franquicias se han hecho con todo local en el que lo que se encontraba era único y diferente para convertirlo en productos calcados unos de otros dentro de la misma marca, y así evitar que el consumidor sienta la inquietud de tener que tomar decisiones, en la que no haya que evaluar que es mejor o peor. Las ciudades han perdido su personalidad, en las que todo es monótono, previsible y aburrido.

Una sociedad en la que a los que viven en ella no parece haberles importado cambiar la libertad por la seguridad, que no quiere tener demasiados problemas a la hora de elegir, o simplemente no quiere tener elegir, que tiene suficiente con sus móviles y consumir entretenimiento. Una sociedad a la que, si lo pensamos con detenimiento, no es tan difícil que nos veamos abocados nosotros si no somos capaces de hacer algo.

Pero no solo eso, además los poderosos, gobierno o círculos de poder, lo controlan todo, lo que se hace y lo que no. En cualquier lugar puede haber una cámara, desde cualquier sitio te pueden estar vigilando, siempre te pueden estar escuchando, también desde tu ordenador, tu tablet o tu móvil. La falta de libertad es importante y además cada vez son más cosas las que están prohibidas. Aunque también dependiendo de tu escala social puede que sea en mayor o menor medida.

La población está cada vez más aborregada, ya no son las personas las que buscan las noticias, son los algoritmos los que hacen que las noticias busquen al destinatario más proclive a sus intereses, y así, además, generar más publicidad y por lo tanto mayores ingresos. El interés periodístico y la veracidad de las mismas ya es otra cosa ¿Quién las va a comprobar, si lo único que se consume es la información rápida a la que llegamos a través del móvil y es lo que queremos leer?

El ministerio de la verdad es, también, un homenaje a los libros y en especial a 1984, los otros protagonistas de la historia. Se nota el amor del autor por los libros que en la novela se muestran casi como objetos de culto, que están vivos mientras alguien los cuida o los lee (cuanto me gusta esta idea), en un mundo en el que todo el mundo se deshace de ellos porque ocupan mucho espacio, y que la gente no lee porque prefiere el entretenimiento rápido consumido en móviles, tablets u ordenadores.

El ministerio de la verdad nos presenta una trama con grandes dosis de crítica social y nos describe un futuro que no deja de provocar inquietud en el lector que ve en la trama ciertos comportamientos que, por descabellado que pueda parecernos, no es tan difícil que se den si no existen los controles adecuados.

Si quieres una novela de lectura ágil, con ritmo y diálogos que aportan mucha fluidez a la lectura, misterio, intriga, que te mantenga pegado a sus páginas pero en la que además encontrar espacio para la reflexión, no lo dudes, en El Ministerio de la Verdad encontrarás lo que buscas.

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