NUESTRA OPINIÓN …

En El castillo, de la mano de Luis Zueco, nos vamos a trasladar a Loarre, un territorio fronterizo con la tierra llana ocupada por los musulmanes, y con una envidiable situación estratégica, clave no sólo para plantar cara a los infieles que pudieran intentar conquistar más territorio, sino también para aspirar a una reconquista del territorio por ellos ocupado.

Loarre, un lugar donde Sancho III El Mayor tuvo claro que podía ser esencial para la expansión del Reino de Aragón y donde era primordial situar una construcción desde la que llevarla a cabo, y nosotros vamos a ser testigos desde sus inicios hasta su conclusión, de los trabajos de construcción de un castillo que en principio no iba a ser la gran obra en la que se convirtió. Un castillo que veremos crecer junto a Fortún, el protagonista de esta novela.

El castillo es la historia de una poderosa edificación en torno al cual gira toda la novela, convirtiéndose en un personaje más de la misma. Es el retrato de una época, de como eran sus gentes, sus gobernantes, como se vivía y se intentaba sobrevivir; de un tiempo de cambios. La creación del Reino de Aragón, el final del rito litúrgico de la Iglesia de Toledo y su sustitución por el nuevo rito que imponía la Iglesia de Roma, un cambio también en la arquitectura, donde unas construcciones oscuras y poco elevadas van a ir dando paso a otras con mucha más luminosidad y altura.

A través de un narrador omnisciente Luis Zueco nos va narrar la historia de Fortún, un adolescente que llega con su padre a Loarre al reclamo de las voces que dicen que allí se va a construir un castillo. Su padre, un voluntarioso carpintero trata de hacerse un hueco pero le cuesta que Fortún muestre un mínimo interés por los trabajos que tratan de encomendarle, que no le atraen lo más mínimo.

De pronto algo hará que Fortún muestre verdadero interés por lo que allí se está haciendo, por la construcción del castillo, por las estructuras que la conforman y por la manera de levantarlas. Ese castillo y la manera de convertirlo en una verdadera fortaleza, que sirva como una máquina de guerra y que proteja a todos los que viven a su alrededor, se convertirán en su sueño, un sueño que se hará realidad.

Utilizando personajes y hechos reales y ficticios Luis Zueco crea una gran novela, en la que se entremezclan unos y otros de manera natural. Además de darnos muchos detalles sobre la construcción del castillo, incluye otros ingredientes que hacen muy amena la lectura como historias de amor, aventuras, viajes, leyendas populares, historia, el apego a ritos ancestrales que conviven con la religión, traiciones, batallas, etc.

Pese a las más de 700 páginas que tiene El castillo no se hace una lectura lenta, ni pesada, aunque en algún momento para mi gusto pierde un poco el ritmo con la introducción de tantos detalles arquitectónicos, y aunque se nota la gran labor de documentación y conocimientos del autor sobre el tema, no abruma con ellos al lector en ningún momento de la lectura.

He hecho mención a las batallas que están narradas en la novela, no os asustéis, sólo un par de ellas y tampoco se extiende más de lo necesario. Me ha gustado como están relatadas, y a mí particularmente, me ha parecido muy interesante su forma de contarlas y mostrarnos el castillo como una máquina de guerra, su poder defensivo, cómo utilizar cada una de sus partes en cada momento, cómo atacar desde cada una de ellas y cómo se construyó para que su asalto fuese imposible y cómo se va poniendo en marcha durante la batalla, toda la maquinaria.

Tengo que recocer al autor la facilidad con la que te transporta a los lugares y la época en la que sucede la novela. Sin excederse en las descripciones es tal el retrato que consigue de los lugares y las situaciones que en muchas ocasiones me parecía estar en plena construcción del castillo, en medio de la contienda, estar en un harén, estar en los lugares que recorre Fortún, entrar en la abadía del castillo y en su cripta o ser uno más de los habitantes que conformaban la aldea a los pies del castillo.

Luis Zueco crea unos personajes bien perfilados, con pasiones, secretos, defectos y virtudes y diferentes entre sí, en los que reconoceremos una evolución, como no podía ser de otra forma por el amplio período de abarca, a lo largo de la novela, entre los que Fortún es un claro exponente, aunque tengo que reconocer que me desconcertó un poco el súbito cambio operado por él en la primera parte de la novela que pasa rápidamente y sin transición de ser un adolescente que no muestra interés por nada y que parece que vive en otro mundo, a tener una disposición constante por aprender latín y conocer todos los secretos de la construcción y ayudar en todo momento.

En conclusión, El castillo es una novela bien escrita y construida, con un estilo muy cuidado, que os animo a leer, en la que de pronto nos veremos transportarnos a la época y los lugares donde transcurre, que seguramente nos aportará un conocimiento sobre aspectos que desconocíamos, y todo ello de manera ágil y amena. Y lo mejor de todo, nos dejará con unas ganas tremendas de ir hasta Loarre y conocer este castillo.

FICHA DEL LIBRO
FRAGMENTO

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