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El asesino anda suelto

Editorial Comanegra, septiembre 2021

El asesino anda suelto. Diez casos sin resolver (1940-1958), de Paco Villar, un libro presenta los casos más macabros de la crónica negra barcelonesa de medidos de siglo a partir de archivos policiales inéditos. Unas crónicas históricas fascinantes que se extienden todos los barrios de Barcelona, así como por personajes reales de cualquier extracto social.

A finales de los años 80, y a raíz de la investigación que Paco Villar realizó para su libro Historia y Leyenda del Barrio Chino durante casi dos años en los archivos del Tribunal Superior de Justícia de Catalunya, pudo consultar numerosas causas criminales. Entre esta multitud de sumarios, fue seleccionando unos misteriosos casos sin resolver acaecidos durante el franquismo y que hoy recoge El asesino anda suelto; casos que muy difícilmente podrían haber salido a la luz de no haberse hecho una inmersión de este calibre, lo que confiere a este libro los epítetos de histórico y único.

El asesino anda suelto. Diez casos sin resolver (Barcelona, 1940-1958), «es parte de esa historia de Barcelona de la que nadie habla ni escribe, que permanece muchas veces oculta».  Diez crónicas que nos acercan, escrupulosa y prolijamente, a la muerte violenta de personajes de tan distinta ralea como es la de Juan Pastallé, 45 años, jefe de Explotación de la Compañía de Riegos y Fuerzas del Ebro, hallado muerto en su vivienda de la calle Rosselló n.º 118 por disparos de arma de fuego; o José Calabuig Carbonell, conocido como Pepe La Valenciana, 37 años, «homosexual en una época en la que serlo se consideraba una enfermedad, además de una inmoralidad, una aberración y un vicio repugnante. Despectivamente, los llamaban «invertidos», para no usar palabras más vulgares e insultantes, pero esta calificación, por decirlo así, no era propia del franquismo, sino que venía de mucho antes». Trabajaba como cocinero en el Hotel Granvía y gozaba de la total confianza de sus jefes. Para sus ratos libres, compró un local, convertido en un picadero, en la calle Obradors en el barrio de Ciutat Vella, y fue asesinado a hachazos. A los investigados y procesados después de todas las pesquisas, no se les podía imputar más que un delito de escándalo público. Quedaron en libertad.

En «Juego de espías: ¿crimen o suicidio?», destaca la muerte agónica de una presunta espía internacional, la baronesa Agnes von Fries. ¿Fue realmente una espía alemana infiltrada a la que en los círculos del Hotel Ritz de Barcelona la conocían como la parachutista, pues sabía adherirse a cualquier grupo que se formase en los lugares de reunión de moda, como la Parrilla del Ritz, Parellada, Bagatela, Rigat, Polo…»? Lo que sí es cierto es que, en este caso, tanto jueces como fiscales dilataron la investigación del caso, precisamente por los contactos que estableció en Barcelona y Madrid. La hallaron muerta en la vivienda sita en el número 291 de la calle Diputació, propiedad que Jorge Parladé e Ybarra, IV conde de Aguiar, le cedió unos tres meses, aproximadamente, mientras él se embarcaba en algunos de los trayectos que iba a hacer en vapor transatlántico Cabo de Hornos por su trabajo en la naviera Ybarra ¿Fueron amantes? ¿Tuvo él algo que ver con su muerte?

La Barcelona de 1940-1958. Las descripciones que nos proporciona Paco Villar de la ciudad de aquella época, constituyen un auténtico legado histórico, como leemos en el caso del asesinato de la prostituta Antonia Santamaría, La Laura, hallada el 3 de enero de 1958 en el mueblé Habitaciones Emilia (sito en el número 19 de la calle Conde de Asalto) estrangulada y robada.

«A finales de la década de 1950, el Barrio Chino barcelonés se encontraba en plena fase de transformación. La prostitución continuaba siendo su industria más prolífica, pero las llegadas periódicas de los marines estadounidenses a partir de 1951 y el cierre de burdeles en 1956 habían provocado un cambio en su escenografía. Su situación geográfica también había variado y algunas calles que antes no estaban incluidas popularmente dentro de sus límites, como la calle Conde del Asalto (Nou de la Rambla), en este periodo sí que lo estaban. La existencia de este Barrio Chino era más bien monótona, sin sobresaltos destacables, con una Policía franquista que parecía controlarlo todo. Solo de vez en cuando, algún hecho excepcional, como un asesinato misterioso, lo devolvía al primer plano de la opinión pública.»

Paco Villar es uno de los principales autores de la historia olvidada de la ciudad, que ya nos deslumbró con sus estudios sobre los bajos fondos y el ambiente nocturno en la posguerra, se zambulle ahora de pleno de la crónica negra barcelonesa. En Comanegra ha publicado La Criolla: la puerta dorada del Barrio Chino.

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