Versátil, abril 2021

Amar a la bestia, la novela con la que  Nohelia Alfonso ha obtenido el premio Camilo José Cela de Narrativa, se ha convertido en un pequeño fenómeno editorial. Con apenas unas semanas en el mercado ha desbordado todas la expectativas y ya se está imprimiendo su segunda edición. La novela de esta joven autora leonesa es una historia «psicológica, oscura y llena de intriga» sobre la construcción de la identidad, la memoria y las relaciones tóxicas en la que la huella de Alicia en el país de las maravillas es evidente. Una intriga donde el olvido vertebra la acción a través de la historia de tres generaciones de mujeres en la cuenca minera leonesa. Cada una de ellas ama a su particular bestia.

El título pone en evidencia una contradicción, que a menudo está en la base de todas las relaciones abusivas o tóxicas y en el origen del maltrato psicológico, según la autora, «darle amor a alguien incapaz de devolver otra cosa que no sea daño, no sirve para nada más que para hacernos sufrir, para perdernos a nosotros mismos, para olvidar quiénes somos. La forma en que amamos y la forma en que aprendemos a amar nos construye, nos identifica. Si lo que hemos aprendido a querer es algo dañino, es posible que sigamos amando el daño incluso cuando el objeto de nuestro amor ya no esté o sea otro». El título es una frase de la protagonista de Rabia, de Jordi Sierra i Fabra, una novela que marcó profundamente a Nohelia Alfonso con  quince años, tanto el libro, porque habla de una adolescente que quiere ser escritora, como la frase en sí: «Es lo que pasa por amar a la bestia: el amor puede ser puro, pero la bestia… es la bestia». Y cada una de las tres generaciones de mujeres que protagonizan la novela tienen su particular «bestia».

Nohelia Alfonso nació en una cuenca minera, en La Robla, León, y hace varios años trabaja como profesora de Lengua y Literatura en Asturias, en algunos institutos de las cuencas mineras. El futuro de su familia y de todas las personas de su entorno se vio tremendamente afectado por la desaparición de la minería, que fue arrojada «al más cruel de los olvidos, y con ella todo un patrimonio cultural que definía a los pueblos que vivieron de ella, de pronto despojados de su identidad. Esto, además de tocarme muy de cerca, reforzaba la idea poética del libro: ¿qué somos cuando olvidamos lo que hemos vivido?».

Esta profesora de Literatura milenial, aficionada al canto y al dibujo, que tiene entre sus obsesiones literarias la búsqueda de la identidad, la memoria y el olvido, está llena de presente y de futuro y, no sabemos si es algo buscado o no, pero sin duda va a trascender a través de sus novelas.