NUESTRA OPINIÓN …

Después de leer Carmen la Rebelde tenía claro que volvería a encontrarme con Pilar Eyre literariamente hablando, por eso no tardé mucho en decidirme cuando supe que Un perfecto caballero estaba ya en las librerías.

Un perfecto caballero nos narra la historia de Mauricio Casasnovas, un joven heredero de una empresa textil que en el año 39 entra a su ciudad junto a las tropas vencedoras.

La vida de lujo que le rodea, el florecimiento del negocio textil que ha heredado de su padre y una mujer ideal parece que hacen imposible que Mauricio no sea feliz. Pero la vida no siempre es fácil.

En una de sus visitas por la fábrica Mauricio se enamorará perdidamente de una obrera, y desoyendo los consejos de su padre al respecto, dará rienda suelta a su amor.

El amor que Mauricio siente por Amparo es un amor avasallador, apasionado, enfermizo, que le hace tomar decisiones de las que se arrepentirá, que le causarán dolor y una carga de la que no podrá desprenderse hasta el final de sus días.

Pero, aunque esta historia de amor forma parte sustancial de la novela, no es ni mucho menos lo más importante ni lo único que ocupa las páginas de Un perfecto caballero.

Pilar Eyre echa mano de sus recuerdos, de anécdotas y la historia de su familia para, a través de la trama de esta novela, dibujar un retrato fiel de la Barcelona de la posguerra, la de los años 40, 50 y principios de los 60, una Barcelona de luces y sombras. Un relato en el que se dan la mano la Barcelona más burguesa con la Barcelona obrera.

Esa Barcelona burguesa enriquecida con el Régimen, la del Liceo, el Club de Golf, las cenas de gala con presencia de los que en aquellos momentos eran alguien en la ciudad, con las señoras vestidas por grandes modistos, engalanadas con las mejores joyas, y los caballeros con chaqué «que después mandaban a limpiar a una tintorería de Londres». Unas reuniones que los hombres terminan en «fiestas» al margen de sus mujeres en algún hotel con timbas de cartas, desenfreno y las selectas prostitutas de La Carola.

Por otro lado, estaba la obrera formada en su mayoría por hombres y mujeres que llegaban desde otros lugares de España en busca de un trabajo en la floreciente industria textil, que hacían cola a las puertas de una fábrica para conseguir un puesto de trabajo y que habitaban en cuevas o dormían en el mismo suelo de la fábrica porque no tenían donde vivir.

Un perfecto caballero es una novela poblada por personajes muy conocidos de aquella sociedad burguesa como Samaranch, Carulla, Carlos Sentís, el actor Alberto Closas, o el mismo padre de la autora, que se mezclan con personajes ficticios sin que en momento alguno podamos hacer distinción entre unos u otros.

Me ha gustado la forma en la que Pilar Eyre nos presenta a los personajes de esta novela siempre bien construidos, con aristas, con secretos, como le pasa al protagonista. Mauricio es un hombre guapo, empresario de éxito, perteneciente al bando de los vencedores de la guerra, que lo tiene todo para ser feliz y que sin embargo lleva en su interior una gran herida de esas que no se curan nunca, como les sucede a muchos de los que vivieron la guerra; un hombre que también tiene cosas de las que avergonzarse.

Y si el personaje de Mauricio es potente tampoco se quedan atrás los dos personajes femeninos que marcan su vida, unas mujeres que poco a poco y a su manera se van haciendo dueñas de la historia que nos narra Pilar Eyre.

Y llegados a este punto tengo que hablar del final, esas últimas páginas que nos narran un final inesperado que me ha emocionado, que por un lado no podía dejar de leer y, por otro, los sentimientos que se me iban dificultando seguir, tenía un nudo que casi me impedía respirar, uno de esos finales que hacen una novela grande.

FICHA DEL LIBRO

FRAGMENTO

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