NUESTRA OPINIÓN …

Hace más de un año, en un encuentro que tuvimos con César Pérez Gellida con motivo de la publicación de Khïmera, ya nos anunció que ya había una nueva novela con el inspector Ramiro Sancho y que ya estaba entregada en la editorial, poco más nos dijo. Hasta en alguno de los ejemplares de la nueva novela ya se introdujo publicidad en la que ya podíamos conocer algún dato más.
Que la espera se nos iba a hacer larga ya lo sabíamos, pero ha merecido la pena.
Cuando terminé Sarna con gusto me propuse intentar enseguida plasmar mi opinión y así poder transmitir con toda su intensidad las impresiones que me había producido, pero cuando quise hacerlo me di cuenta que era imposible. Tenía que dejar reposar todas esas sensaciones que todavía sentía en carne viva, ya que un día después de haber acabado su lectura todavía estaba rondando por mi cabeza, se resistía a abandonarme (¿o quizás era yo quien se negaba?), y en especial el escenario del desenlace y todo lo que en él transcurría. No me lo podía sacar de encima.

Que con «Versos, canciones y trocitos de carne» César Pérez Gellida nos había dejado con ganas de más aventuras de Ramiro Sancho es decir poco. Todos los que habíamos leído su trilogía teníamos ganas de volver a encontrarnos con este inspector pelirrojo que tan buenos ratos de lectura nos había propiciado. El listón había quedado muy alto pero no nos cabía duda de que César no dejaría de sorprendernos. Sí, no os dejo más tiempo con la intriga, se ha vuelto a superar.

En la primera entrega de la nueva trilogía, Refranes, canciones y restos de sangre (¡¡que buen nombre para lo que presentimos nos espera!!) Ramiro Sancho se reincorpora a su puesto tras la sanción impuesta, pero su vuelta no va a ser precisamente un camino de rosas, ese mismo día se tendrá que enfrentar al secuestro de la hija de un concejal del Ayuntamiento y nieta de un importante empresario de la zona.

Un secuestro que el escritor nos va a mostrar desde todas las diferentes perspectivas: la del secuestrador, la de la víctima, la de la familia, y la investigación y asistencia policial a la familia para intentar poner fin al secuestro con los mejores resultados, si es posible.

Vamos a estar inmersos en un secuestro desde todos los planos y vamos a poder sentir el miedo y la rabia de la víctima, y cómo su mente trata de poner en marcha mecanismos para evadirse en la medida de lo posible, de la situación en la que está; la incertidumbre por la que pasa la familia, la ansiedad y todos los esfuerzos que realiza para lograr que su hija vuelva a casa; y, por la parte policial, cómo se lleva a cabo todo el proceso de negociación e investigación.

Pero además del secuestro que en esta entrega queda totalmente concluido, César va a iniciar una trama secundaria que nos pondrá los pelos de punta en más de una ocasión. Eso sí, no va a hacer falta que se extienda mucho para que nos imaginemos lo que no dice y para que vaticinemos el hilo iniciado aquí de las siguientes entregas: la tensión, la crudeza, el dolor, y el «disfrute», en lo que a los lectores respecta, van a estar asegurados.

Está claro que no se puede escribir una novela como ésta sin un gran trabajo de investigación, pero no es menos cierto que tampoco es fácil un resultado tan sumamente bueno sin una mente como la de César Pérez Gellida capaz de crear una trama como la que vamos a poder disfrutar en esta novela.

Desde un ángulo distinto al de su anterior trilogía, el escritor nos vuelve a mostrar la maldad, lo peor que cabe en el ser humano, su lado más oscuro y perverso, más cruel y en esta novela lo vamos a encontrar sin filtros, sin miramientos, con toda su crudeza, brutalidad y dolor.

En Sarna con Gusto además de con Ramiro Sancho nos vamos a reencontrar con viejos conocidos de otras entregas. A todos los que hemos leído la anterior trilogía, Versos, canciones y trocitos de carne, no nos va a sorprender la categoría de los personajes que ya conocemos, pero los nuevos no les van a ir a la zaga. Que decir de Ramiro Sancho, de Ólafur Olafsson, Erika y compañía, a los que se añaden en esta entrega Servando Garay (Chimuelo), Aiztol Etxevarria (Chupao), Gorka Aritmendi, Margarita, Fajardo, etc., sin olvidarnos de la calidad de los secundarios y de algunos personajes que inician aquí su andadura y que, intuimos, van a tener mucho que decir.

En Sarna con gusto nos vamos a encontrar con esa forma tan personal de escribir que caracteriza a César, y a la que algunos han puesto nombre. Un estilo y un lenguaje muy cuidado, directo, crudo y duro en el que juega con el lector, le provoca y le pone trampas a ver si está atento y coge el guante; va dejando pistas, hace guiños, da pinceladas que nos hacen sonreír, protagoniza cameos, planta semillas. La música y los refranes (como no podía ser de otra forma) están presentes, con frecuencia soltaremos algún exabrupto a lo Ramiro Sancho ante lo que leemos, y en ningún caso nos deja indiferentes. Esto sin olvidarnos que al autor no le tiembla el pulso a la hora de cometer un crimen.

Y por si todo lo anterior fuera poco crea una trama bien construida, con constantes sorpresas en las que sin habernos recuperado de una volverá a dejarnos con la boca abierta con la siguiente, con capítulos cortos y continuos cambios de escenario, una excelente ambientación, y una tensión perfectamente dosificada que nos tendrá pegados a las páginas de esta novela sin remisión.

En cuanto al final …, nada más voy a decir de lo señalado al principio. Si quieres conocerlo tendrás que leer Sarna con gusto, porque no te vas a arrepentir.

A los que ya hemos leído esta primera entrega de la trilogía, sólo nos cabe volver a ansiar la siguiente y esperar con todas nuestras ganas que no tarde demasiado.

No César, no puedes dejarnos en este sin vivir mucho tiempo.

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FRAGMENTO



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