NUESTRA OPINIÓN …

No vamos a negarlo, llegar a casa y encontrarnos con un paquete siempre nos hace ilusión, ya que casi siempre lo que hay dentro es un libro, y cómo va a alegrarnos el día un libro, y más si es una de esas novelas de las que, desde hace tiempo, te van anticipando su lanzamiento y te van dando pistas sobre ella, a través de las redes.

Si piensas que en la novela negra está todo dicho que no hay nada que te pueda sorprender, está claro que todavía no has leído La novela de Rebeca, y yo sólo te puedo decir que ya estás tardando. Pero vayamos por partes.

Voy a intentar dar los menos datos posibles sobre el argumento de la novela porque con cualquier desliz se puede dar al traste con toda la magia que encierra. Sí, magia, porque eso es lo que hace Mikel Alvira con esta historia, en la que al principio, por lo menos a mí, cuesta situarse por más que lo intentas, y por cuya lectura deberemos dejarnos llevar para disfrutar verdaderamente e ir poniendo cada cosa en su sitio e ir comprendiendo lo que nos quiere contar.

Es curioso, pero en lo que llevamos de año, aunque sean completamente distintas, son varias las novelas que han caído en mis manos en las que me he encontrado como parte de la misma, de una manera u otra, el proceso literario y los crímenes (La última confidencia del escritor Hugo Mendoza, Pez en la hierba, o El mal camino, por ejemplo).

En La novela de Rebeca también ha sucedido. En este caso nos encontramos con la historia de Simón Lugar, un escritor de éxito, cincuentón, solitario, metódico, ordenado hasta la exageración, maniático, que está escribiendo una novela en la que Rebeca, una joven arquitecta, a través de su tío forense recaba información sobre una serie de asesinatos que parecen tener un asesino común, que le ayude en la elaboración de su novela, ya que aunque escribe artículos en una revista de decoración, lo que verdaderamente desea es escribir una novela.

A lo largo de la narración se irán alternando los capítulos en los que Simón es el protagonista y nos relata sus experiencias como autor, su bloqueo, lo que busca para su novela, su relación con su editora, como le urge a cumplir los plazos, a que se ciña a la novela que los lectores esperan más que lo que a él le gustaría escribir, etc., con los capítulos en los que encontraremos extractos de la novela que Simón está escribiendo; y otros capítulos dedicados a Luz y Rebeca, una mujer y una niña que conoció en un viaje a Argentina donde fue para dar unas charlas literarias, y que calaron tan hondo en Simón que se forjó una estrecha relación.

Todos estos capítulos se irán alternando escenarios y tiempos sin un orden marcado y pocas referencias a las que agarrarnos, pero que si bien al principio puede resultar complicado, como he dicho, una vez nos hacemos a esta forma de narrar estaremos irremediablemente atrapados a esta historia y a la novela que encierra. Porque pronto nos daremos cuenta de que también queremos saber que es lo que sucede en la novela que Simón está escribiendo.

Mikel Alvira tiene un estilo lleno de pensamientos, frases y reflexiones dignos de recordar, que atrapa desde las primeras páginas, ágil, que no decae en ningún momento, todo lo contrario, la intriga va creciendo y lo mejor de todo es un final que no puedes imaginarte. En la última página, en las últimas líneas, Mikel Alvira da el golpe de definitivo y deja al lector noqueado y, aunque toda la novela merece la pena, si no fuese así, sólo por ese final sería suficiente haber llegado hasta ahí.

FICHA DEL LIBRO 

FRAGMENTO



 

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